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Elevando nuestra confianza

Elevando nuestra confianza

27 de junio de 2021

Tiempo de lectura: 4 minutos

Fe es “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”.[1] Este pasaje no habla de la fe en Dios, sino de la fe como tal. Otra cosa sería en qué y en quién tenemos fe, pero para tener fe en Dios o en quien sea, primero debemos vivir por fe. Las Escrituras dicen que todo lo que puede verse fue creado a partir de lo invisible.[2] Esto me hace pensar que para ver lo invisible necesitamos los ojos de la fe.

Sin embargo, cuando decimos que no creemos ni confiamos en nadie excepto en Dios también podríamos estar equivocados. No podemos amar al Señor que no vemos sin amar a las personas que sí vemos. Como cristianos solemos cometer este error muchas veces y tener fe también es tener confianza en Él, en nosotros y en lo que nos rodea. Este es un proceso que puede llevar años hasta llegar a sentir por otros la misma confianza que queremos inspirar.

Recientemente les hablé de la confianza de David, ahora quiero hablarles de Elías, a quien también pudieron tachar de soberbio,[3] sin embargo, debía tener la confianza para verse a sí mismo profeta. Como hombres y mujeres que llevan el mensaje de Dios también debemos estar confiados. Las decisiones que tomas por miedo no serán premiadas; al principio te pueden salir bien, pero al final no.

Dios tuvo que provocar en Moisés un sentido de autoconfianza y de esa forma se presentó delante de Faraón como David lo hizo delante de Goliat y Elías delante de los Baales. De igual modo, cuando te presentes ante cualquier adversidad hazlo con una confianza plena. Y esto no es algo que se logre de la noche a la mañana ni confesándolo una sola vez, ni solo cuando estás en problemas. La fe se lleva adentro de uno mismo y surge de tanto declararla, confesarla, ejercerla y probarla. A Moisés, con todo y su tartamudez, lo envió Dios.[4] Y ¿quién te envía a ti? ¡El mismo Dios que envió a Moisés! Entonces qué importan tus debilidades si el Señor está contigo. Si pudo Moisés, puedes tú también. ¡Todos podemos!

Jesús es el mejor ejemplo de autoconfianza, a niveles de “Derriben este templo y yo lo levantaré de nuevo en tres días”[5] e incluso a más imposibles: refiriéndose a la resurrección, al templo del cuerpo.[6] Por si fuera poco, aseguró ser el pan de vida y no pocos fueron los que pensaron: “¿Y este qué se cree?” Pero por si esto no fuera suficiente, confesó ser la resurrección, el camino, la verdad y la vida, y que nadie llega al Padre si no es por Él.[7] Te aseguro que ahora ninguno de nosotros quisiera la unción de Cristo ni hubiera creído en Él si Él mismo no hubiera tenido esos niveles de confianza.

La gente ganadora y triunfadora piensa de forma muy particular: cuando va ganando cree que seguirá ganando, y cuando va perdiendo cree que se recuperará hasta ganar. Para ello tuvieron que haber construido ese carácter durante toda su vida. No disfraces tu inseguridad de humildad ni llames arrogancia a lo que es parte de tu confianza. Aprende a pelear tus propias batallas y a confiar en que eres capaz de ganarlas. El problema de muchos cristianos es hablar mucho, practicar poco y huir de los procesos que exigen autoconfianza. Hay que crecer en confianza para salir adelante.

Y no dudes que hablarán de ti a causa de tu fe. Ya sea que de frente te digan que admiran tu valentía o de espaldas piensen que estás loco, darás de qué hablar. Sé humilde, pero sin olvidar quién eres en Cristo. Quizá seas de los que estudian mucho para saber quién es Dios y está bien, pero ten presente que no puedes llegar a conocer quién es Él sin saber quién eres tú.

No importa que no seas David, Elías o Jesús porque tu Dios es el mismo que tuvieron ellos. Si confías en Él verás resultados positivos. Confía cuando vayas ganando y también cuando estés perdiendo porque de esa manera formarás tu carácter. ¿Crees en Dios? Entonces cree en ti también porque eres Su creación. Así que no dudes más: sal a pelear y ganar tus batallas.


[1] Hebreos 11:1: Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.

[2] Hebreos 11:3: Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.

[3] 1 Reyes 17:1: Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra.

[4] Éxodo 3:14: Y respondió Dios a Moisés: YO SOY EL QUE SOY. Y dijo: Así dirás a los hijos de Israel: YO SOY me envió a vosotros.

[5] Juan 2:19-20: Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.  Dijeron luego los judíos: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú en tres días lo levantarás?

[6] Juan 2:21-22: Mas él hablaba del templo de su cuerpo. Por tanto, cuando resucitó de entre los muertos, sus discípulos se acordaron que había dicho esto; y creyeron la Escritura y la palabra que Jesús había dicho.

[7] Juan 14:6: Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.

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