En la memoria de Dios

En la memoria de Dios

Quiero hablar de un tema importante que tiene que ver con la memoria. Es bonito saber que Dios nos ama, pero saber que nos recuerda es hermoso.

Uno de mis instructores de deportes me grababa durante las prácticas para que yo pudiera ver la ejecución de mis movimientos y pudiera mejorar, pero luego me pedía que borrara los videos porque de nada me servía enfocarme en mis errores para toda la vida; la idea era conservar videos que me recordaran que podía hacerlo bien. Todos tenemos dispositivos móviles y en ellos solemos guardar fotos y videos que nos traen buenos recuerdos.

Sin embargo, cuando se trata de nuestra mente, fácilmente grabamos recuerdos que no son buenos, que condicionan nuestro el presente y alteran nuestro futuro. Mantengamos nuestro corazón libre de la contaminación de los malos recuerdos. Hay que olvidar lo malo para fructificar.

Después de trece años de aflicciones, José, hijo de Jacob, tuvo dos hijos a quienes nombró de acuerdo con el olvido de su pasado y la fructificación en medio de la aflicción.[1] Si él se hubiera hundido en el resentimiento contra sus hermanos, nunca hubiera sanado y fructificado. Resuelve los recuerdos incorrectos que aún llevas en tu corazón porque con un corazón saludable te será más fácil fructificar en medio de cualquier aflicción. Nuestra memoria debe estar saludable incluso para cuidarnos de nosotros mismos, para no olvidarnos de ser agradecidos y que todas nuestras bendiciones provienen de nuestro Padre[2] y que, por lo tanto, no se presumen, se testifican. ¡En el tiempo de nuestra aflicción, fructificaremos!

No olvidemos que la humildad y la buena memoria para recordar a quienes nos han hecho bien están directamente relacionadas. El orgullo y el olvido de lo bueno que nos brindan parecen ser parientes cercanos. La injusticia y la falta de memoria se hacen acompañar, mientras que la justicia y el buen recuerdo caminan juntos. Dios es justo y no olvida nuestras buenas acciones,[3] por eso escribe nuestro nombre, porque lo escrito permanece para que todos lo recuerden.[4] De hecho, la Palabra dice que nuestros nombres están escritos en los cielos.[5]

Pero si no bastara que nuestro nombre esté escrito en los cielos o en el libro de su memoria, el Señor también lo tiene tatuado y esculpido en sus manos.[6] [7] [8] Eso me hace pensar que cuando las muestra aparecen nuestros nombres y piensa en nosotros. Por eso Jesús dijo que nada ni nadie puede arrebatarnos de las manos de nuestro Padre.[9] Somos sus hijos y a Él pertenecemos, pero también Él es nuestro Padre y nos pertenece.

Todos pasamos por momentos difíciles donde nos sentimos solos, pero no pongas atención a quien se ha olvidado de ti y enfócate en Dios, quien tiene grabado tu nombre en sus manos y nada ni nadie puede borrarlo porque está esculpido y tatuado. Él no escribiría tu nombre en el cielo para después borrarlo ni se dejaría tallar sus manos si no te recordara. No estás solo: vives en su memoria porque te guarda en ellas. Todo lo que Él hace es para ti porque es buen Padre, pudre todo yugo de rencor y borra todo mal recuerdo del pasado.


[1] Génesis 41:50-52: Y nacieron a José dos hijos antes que viniese el primer año del hambre, los cuales le dio a luz Asenat, hija de Potifera sacerdote de On. Y llamó José el nombre del primogénito, Manasés; porque dijo: Dios me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre. Y llamó el nombre del segundo, Efraín; porque dijo: Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción.

[2] Deuteronomio 8:11-17: Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre; que te hizo caminar por un desierto grande y espantoso, lleno de serpientes ardientes, y de escorpiones, y de sed, donde no había agua, y él te sacó agua de la roca del pedernal; que te sustentó con maná en el desierto, comida que tus padres no habían conocido, afligiéndote probándote, para a la postre hacerte bien; y digas en tu corazón: Mi poder y la fuerza de mi mano me han traído esta riqueza.

[3] Hebreos 6:10: Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún.

[4] Malaquías 3:16-18: Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre. Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve. Entonces os volveréis, y discerniréis la diferencia entre el justo y el malo, entre el que sirve a Dios y el que no le sirve.

[5] Lucas 10:20: Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

[6] Isaías 49:14-16: Pero Sion dijo: Me dejó Jehová, y el Señor se olvidó de mí. ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros.

[7] Isaías 49:14-16 (NTV): Sin embargo, Jerusalén dice: «El Señor me ha abandonado; el Señor me ha olvidado» «¡Jamás! ¿Puede una madre olvidar a su niño de pecho? ¿Puede no sentir amor por el niño al que dio a luz? Pero aun si eso fuera posible, yo no los olvidaría a ustedes. Mira, he escrito tu nombre en las palmas de mis manos. En mi mente siempre está la imagen de las murallas de Jerusalén convertidas en ruinas.

[8] Isaías 49:14-16 (TLA): El pueblo de Jerusalén decía: «Dios me abandonó, mi Dios se olvidó de mí». Pero Dios respondió: «Jerusalén, ¿acaso puede una madre olvidar o dejar de amar a su hijo? Y aunque ella lo olvidara, yo no me olvidaré de ti. Yo te llevo grabada como un tatuaje en mis manos, siempre tengo presentes tus murallas.

[9] Juan 10:27-30: Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre. Yo y el Padre uno somos.

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