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¿En qué momento la cobardía se disfraza de prudencia?

¿En qué momento la cobardía se disfraza de prudencia?

04 de julio de 2021

Tiempo de lectura: 4 minutos

El año pasado uno de nuestros mejores amigos perdió un familiar a causa del COVID-19. Me estuve debatiendo entre si acompañarlo o no en el funeral y mi corazón vivió la batalla entre la prudencia y la fe. Hasta que Dios me habló y me hizo la pregunta: ¿En qué momento tu prudencia se disfrazó de cobardía? ¿En qué momento se volvió imprudente dejar tu trabajo porque Dios ha puesto en tu corazón el deseo de emprender? ¿En qué momento se volvió imprudente hacer una promesa de fe con tus ahorros?

Y esta es una batalla que tenemos todos los días: prudencia versus fe, valentía versus imprudencia. Pablo le habló desde la cárcel a Timoteo para recordarle que Dios no les había dado espíritu de cobardía, sino de poder, amor y dominio propio.[1] No estoy demeritando la prudencia, pero sí creo que Dios desea que además de prudentes también seamos sabios.[2]

Imaginemos que somos un comité de prudencia que debe emitir un juicio sobre tres casos específicos. El primero es el de una mujer viuda con un hijo. Hay sequía y hambre, y ella solo tiene harina para amasar un último pan. Entonces viene delante de nosotros y nos dice que un hombre que dice ser de Dios le está pidiendo esa última ración de pan. ¿Es prudente dárselo al hombre? ¿Qué le diríamos como comité de prudencia?

Segundo caso: ante nosotros aparece un rey en guerra contra los filisteos. La regla consiste en que un hombre se debe enfrentar a otro. Los filisteos tienen a un hombre que sobrepasa en altura y músculos a todos los suyos y el rey no tiene quién batalle contra él. Sin embargo, hay un muchacho adolescente sin armadura, con una honda y con piedras que asegura que puede matar al gigante. Si nosotros fuéramos el rey, ¿qué haríamos? ¿Lo enviaríamos a él?

Tercer caso: hay un hombre en sus noventa años que siempre ha querido tener hijos con su esposa, pero no pueden porque han batallado contra la infertilidad. Después de varios años al fin pudieron tener un hijo, pero el hombre escuchó una voz del cielo diciéndole que debía sacrificarlo. Entonces nos pregunta qué debería hacer. ¿Obedecer la voz y sacrificar a su hijo?

Yo, Juan Diego, le diría a la viuda que no entregue su único alimento, al muchacho le diría que si se enfrenta a un gigante va a morir y al anciano le diría que le diga a la voz del cielo que no. El problema, sin embargo, es que mi juicio les prohibiría tener la fe que los llevaría a un nuevo nivel.

Por eso te daré tres filtros que te ayudarán a tener un equilibrio saludable entre fe y prudencia. El primer filtro: escucha la voz de Dios.[3][4] Si Dios me pidiera a mi hijo yo respondería “Heme aquí” porque no hay nada imprudente en seguir Su voz.

Segundo filtro: conoce el carácter de Cristo. Para saber si es prudencia y fe o imprudencia y cobardía, hazte la siguiente pregunta: ¿Qué haría Jesús? ¿Cómo actuaría Él ante x o y situación? Que David se pusiera delante del enemigo para traer la victoria para su pueblo, ¿no refleja el carácter de Cristo? La Biblia, de pasta a pasta, refleja al Hijo de Dios. ¿Te has puesto a ti primero antes que a Dios en tu corazón? ¿Has puesto tus prioridades antes que las Suyas?[5] Eso significa que estás dándole poder al diablo. Sin embargo, siempre podrás enfrentarlo como lo hizo Jesús.[6]

El tercer filtro es Su mandamiento de amarnos unos con otros.[7] Por eso me fascina la visión de nuestra iglesia: porque nos motiva a dar la vida por nuestros amigos. Todos podremos vivir una vida de fe si practicamos la oración, la lectura de la Palabra de Dios y el servicio. En esas tres disciplinas reflejamos a Cristo en nosotros y eliminamos la tensión entre cobardía, prudencia, fe e insensatez.


[1] 2 Timoteo 1:6-8: Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios.

[2] Proverbios 1:1-7: Los proverbios de Salomón, hijo de David, rey de Israel. Para entender sabiduría y doctrina, para conocer razones prudentes, para recibir el consejo de prudencia, justicia, juicio y equidad; para dar sagacidad a los simples, y a los jóvenes inteligencia y cordura. Oirá el sabio, y aumentará el saber, y el entendido adquirirá consejo, para entender proverbio y declaración, palabras de sabios, y sus dichos profundos. El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza.

[3] Génesis 22:1-3: Aconteció después de estas cosas, que probó Dios a Abraham, y le dijo: Abraham. Y él respondió: Heme aquí.  Y dijo: Toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas, y vete a tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré. Y Abraham se levantó muy de mañana, y enalbardó su asno, y tomó consigo dos siervos suyos, y a Isaac su hijo; y cortó leña para el holocausto, y se levantó, y fue al lugar que Dios le dijo.

[4] 1 Reyes 17:8-10: Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo: Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente. Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba.

[5] Ezequiel 28:1-3: Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, di al príncipe de Tiro: Así ha dicho Jehová el Señor: Por cuanto se enalteció tu corazón, y dijiste: Yo soy un dios, en el trono de Dios estoy sentado en medio de los mares (siendo tú hombre y no Dios), y has puesto tu corazón como corazón de Dios; he aquí que tú eres más sabio que Daniel; no hay secreto que te sea oculto.

[6] Mateo 16:21-23: Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día. Entonces Pedro, tomándolo aparte, comenzó a reconvenirle, diciendo: Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca. Pero él, volviéndose, dijo a Pedro: ¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres.

[7] Juan 15:12: Este es mi mandamiento: Que os améis unos a otros, como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.

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