Mi fe provoca entradas triunfales

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Cuando nací, los médicos notificaron a mi papá que era muy probable que yo padeciera de leucemia. Él, sin contárselo a mi mamá, oró sin parar durante todo un fin de semana. El lunes siguiente nuevamente me hicieron exámenes y los resultados concluyeron que estaba sano, que el peligro había desaparecido. Con su oración, mi papá provocó a Jesús para que entrara triunfalmente en mí y venciera cualquier enfermedad.

Uno de los episodios más memorables de la vida de Jesús relatados en la Biblia ocurrió cuando, montado sobre un burro, entró a Jerusalén y fue recibido como rey.[1] Lo que pocos saben es que fue la obediencia de dos discípulos, al ir a por el burro, la que hizo posible esa entrada triunfal.[2] Nuestra fe provoca entradas triunfales de Cristo en nuestra vida.

A veces nos preguntamos por qué el Señor no aparece en el hospital donde está internada nuestro padre o un amigo; por qué no se aparece ante nuestros hijos cuando se están desviando de Sus caminos, por qué no entra triunfalmente en la vida de quienes amamos cuando están necesitados, sin embargo, lo que olvidamos es que Él necesita de hombres y mujeres de fe que sean capaces de provocar esos milagros. Somos nosotros quienes, con nuestra fe, provocamos Su entrada triunfal. No solo esperemos a que él interceda por nosotros, ¡provoquémoslo nosotros mismos! Seamos personas obedientes que siguen Sus instrucciones.

Además, Jesús necesita de personas capaces de resolver complicaciones. En la vida constantemente deberemos superar retos. Recordemos cuando Dios envió a Moisés ante el faraón, ¿qué sucedió? ¡Endureció el corazón del gobernante egipcio![3] Nuestra fe siempre será probada de una u otra forma, así que, si sientes que el Señor te reta, alégrate en tus pruebas porque la manera en que las enfrentes será lo que provoque Su entrada triunfal.

Por último, Jesús también espera que de nosotros nazca avanzar una milla extra y dar más de lo que nos pide. No olvidemos que también necesitaremos que Él entre donde ya hay otras soluciones a la vista; ahí donde los médicos diagnostican que la cura a una enfermedad está en un tratamiento costoso o donde el medio para tener una casa propia depende de que puedas conseguir un mejor trabajo que el que ya tienes. Aunque muchas veces veamos la solución, debemos ser conscientes de que Jesús debe entrar triunfalmente para que pueda cumplirse. ¡Él es la verdadera solución! Por tanto, si alguien te dice que no hay cura para una enfermedad o que es difícil que tu hijo regrese a los caminos del Señor, ¡no te conformes con esas palabras!, y en cambio, activa tu fe y provoca esa entrada triunfal de Cristo.


[1] Marcos 11:1-10 (NTV): Mientras Jesús y los discípulos se acercaban a Jerusalén, llegaron a las ciudades de Betfagé y Betania, en el monte de los Olivos. Jesús mandó a dos de ellos que se adelantaran.  «Vayan a la aldea que está allí —les dijo—. En cuanto entren, verán un burrito atado, que nadie ha montado jamás. Desátenlo y tráiganlo aquí. Si alguien les pregunta: “¿Qué están haciendo?” simplemente digan: “El Señor lo necesita y él lo devolverá pronto”». Los dos discípulos salieron y encontraron el burrito en la calle, atado frente a la puerta principal. Mientras lo desataban, algunos que estaban allí les preguntaron: «¿Qué están haciendo, por qué desatan ese burrito?». Ellos contestaron lo que Jesús había dicho y se les dio permiso para llevarlo. Así que llevaron el burrito a Jesús y pusieron sus prendas encima y él se sentó allí. Muchos de la multitud tendían sus prendas sobre el camino delante de él y otros extendían ramas frondosas que habían cortado en los campos. Jesús estaba en el centro de la procesión, y la gente que lo rodeaba gritaba: «¡Alaben a Dios! ¡Bendiciones al que viene en el nombre del Señor! ¡Bendiciones al reino que viene, el reino de nuestro antepasado David! ¡Alaben a Dios en el cielo más alto!». Así Jesús llegó a Jerusalén y entró en el templo. Después de mirar todo detenidamente a su alrededor, salió porque ya era tarde. Después regresó a Betania con los doce discípulos.

[2] Marcos 11:2-4 (NTV): «Vayan a la aldea que está allí —les dijo—. En cuanto entren, verán un burrito atado, que nadie ha montado jamás. Desátenlo y tráiganlo aquí. Si alguien les pregunta: “¿Qué están haciendo?” simplemente digan: “El Señor lo necesita y él lo devolverá pronto”». Los dos discípulos salieron y encontraron el burrito en la calle, atado frente a la puerta principal.

[3] Éxodo 4:21: Y dijo Jehová a Moisés: Cuando hayas vuelto a Egipto, mira que hagas delante de Faraón todas las maravillas que he puesto en tu mano; pero yo endureceré su corazón, de modo que no dejará ir al pueblo.

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