¡Feliz día, mamá!

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Nuestra familia, especialmente nuestra mamá, es un regalo de Dios que debemos agradecer y cuidar. Papá y mamá nos ofrecen consejos, nos enseñan a vivir, por eso, la Palabra dice que escuchemos la instrucción de nuestro padre y no despreciemos la dirección de nuestra madre[1]. De hecho, las madres son expertas en timing, saben discernir los tiempos correctos, por eso, es la mejor para aconsejar. Cuando ella te diga algo como: “Ya es tiempo de…” Escúchala, porque sabe lo que dice. Cuando yo era novio de Sonia, mi esposa, mi mamá me dijo: “Ya tardaste mucho con esa jovencita con la que estás saliendo. ¿La vas a cortar o te vas a casar?” Esa era una llamada de alerta sobre el tiempo correcto y ¡tomé la decisión!

María, la madre de Jesús, fue quien marcó el tiempo para que Él iniciara Su ministerio, cuando propició el milagro de las bodas de Caná, donde convirtió el agua en vino. Las madres guían a sus hijos cuando les ha llegado la hora de avanzar, de iniciar o terminar algo. A los 13-14 años, mi premio por las mejores notas al final de año fue trabajar como ayudante de mecánico. Y lo más divertido era que no me pagaban. Cuando le pregunté a mi mamá por qué, me dijo que primero aprendería a trabajar por la dignidad de hacerlo y luego por dinero. Después, a mis 15 años, me regaló un viaje a la isla de San Andrés, en Colombia, pero no fue solo viaje de paseo, ya que me dio dinero para comprar cosas que luego vendíamos. A mí me tocaba ofrecer, vender y cobrar. Mi madre me enseñó a trabajar por la pasión de emprender. Escuchemos la dirección y consejo de nuestra madre, una de las más hermosas bendiciones que Dios nos pudo dar.

Debemos obedecer y honrar a nuestros padres, porque es justo y porque hacerlo nos trae consecuencias positivas[2], lo que significa que no hacerlo, trae consecuencias negativas. Obediencia y honra son dos acciones diferentes, aunque podrían complementarse. Puedes obedecer y no honrar, y viceversa. La obediencia es escuchar y actuar conforme a una directriz, mientras la honra es una iniciativa que incluso se traduce en proveer y sustentar. Nuestros padres merecen que los obedezcamos y los honremos.

Cuando mi madre acariciaba mi cabeza sobre su regazo, yo le decía que viviría conmigo y mi familia, ya que deseaba honrarla por todo su esfuerzo. Gracias a Dios lo logré porque Sonia ha sido una esposa cariñosa y prudente que me apoya para bendecir a mi mamá. La familia es el capital más hermoso que Dios nos ha dado, apreciémoslo y bendigámoslo. ¡Celebremos a las madres en su día!


[1] Proverbios 1:8: Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre;

[2] Efesios 6:1: Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres, porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa.

 

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