Hay algo en ti

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Es impresionante leer sobre los milagros de Jesús y más impresionante es leer los que obraron Sus discípulos, como el que hicieron Pedro y Juan con el cojo de nacimiento. Este hombre pedía limosna, pero los discípulos le dijeron que no tenían dinero, que le darían lo que ellos tenían, ¡y le dieron sanidad![1] Alrededor de nosotros hay necesidad, en la casa, en el colegio, la universidad, en el trabajo. En todo lugar hay necesidad de un abrazo, un consejo, de atención y amor. El cojo tenía mucha necesidad y pidiendo limosna pensaba que la satisfacía, pero dinero no es lo único que necesitaba. Muchas veces somos así, por supuesto que podemos decir qué es lo que pensamos necesitar, qué queremos recibir, pero Dios sabe lo que realmente necesitamos. Yo soy padre de dos hijos y te aseguro que ellos piensan que necesitan comer dulces, me piden dulces, pero yo sé que realmente necesita alimento y cuidar de sus dientes. Como cristianos, sabemos lo que el mundo necesita, a Jesús, y podemos dárselo.

Los discípulos le dijeron al paralítico que los viera y él estuvo atento. Te aseguro que alguien te está viendo; muchos ponen atención a lo que haces, esperando algo de ti, porque saben que puedes hacer la diferencia. Hace poco tiempo, nos cambiamos de casa y fui el encargado de poner las cortinas. No soy muy bueno con las herramientas, así que las puse una primera vez y se cayeron. Pasaron varios días y las cortinas seguías sin instalarse, por lo que mi esposa me veía como diciendo: “¿Cuándo lo harás?” Por una y otra razón pasaba el tiempo y mi esposa me miraba, ¡hasta que por fin las instalé y no se cayeron! Cuando existe una necesidad, las personas que saben que tienes la solución te verán, te harán sentir incómodo para que actúes. Hay quienes, incluso, inventan excusas para que les hables, como aquellas personas que llegan a tu casa a pedir una taza de azúcar. De mil formas te expresan su necesidad.

Los discípulos tenían la respuesta para el paralítico, tal vez no tenían dinero, pero sí otra respuesta, una mejor. Así eres tú, tienes la respuesta para la vida de las personas, conoces a Jesús y puedes presentárselos, tienes tu testimonio para compartir lo que el Señor ha hecho, cómo cambió tu vida. Sabemos lo que otros necesitan y tenemos la respuesta.

Frente al paralítico, Pedro sabía lo que podía compartirle. Necesitamos una iglesia que salga a buscar a quienes necesitan a Jesús. Debemos alcanzar a las personas, compartirles sobre nuestro Salvador, sostenerlas, ayudarlas, levantarlas. Muchas veces queremos que nuestros amigos le entreguen su vida a Jesús, pero no los invitamos, no les decimos: “Yo te acompaño, hagámoslo juntos”. No es suficiente acercarte y contar lo que has vivido, debes caminar con ellos, acompañarlos, ayudarlos. Alguien que viene a Guatemala a hacer obra social nos ha dicho que no sirve de nada si solo viniera a dejar cosas y se va. Esa persona se acerca a las familias, comparte con ellas, no solo satisface su necesidad de recursos materiales, sino que también establece una conexión genuina con las personas. Debemos atrevernos a caminar con quienes deseamos ayudar, acompañarlos en el proceso hasta ver su vida transformada. Jesús nos mandó hacer discípulos y nos enseñó hacerlo. ¿Cómo? Él vivió tres años con ellos, les enseñó, los acompañó, estuvo a su lado. Hay que tener paciencia para tomar a las personas de la mano y vivir el proceso de restauración con ellos. Da lo que tienes, el amor de Dios, apoyo, compañía. No basta con decir un versículo de la Biblia, hay que estar presentes en la vida de las personas, establecer una relación auténtica.

Pedro pudo dar lo que tenía: una relación con Jesús, producto de una convivencia cercana. Lo vio hacer milagros, calmar tormentas, multiplicar comida, cumplir con la ley, entrar a casa de pecadores, lo vio salvar enfermos. ¿Qué has visto tú? Hemos visto a Jesús darle la mano a una persona y sanarla, hemos visto cómo lleva a la victoria una situación que parecía perdida, hemos visto cómo rescata del peligro y de la tentación. Así que podemos dar testimonio y ser amigos, como Él lo es.

Pedro podía decir que daba lo que tenía, esa fe y amor que vio en Jesús. ¿Qué hay en ti? Así como Pedro, tienes relación con Jesús, autoridad para obrar poderosamente y tienes al Espíritu Santo. Si compartes tu experiencia, podrás hacer obras maravillosas. Jesús te da poder para amar y transformar a otros. Y también tienes al Espíritu Santo, quien te da la capacidad para hacer la obra de amor a tu alrededor. Puedes saber mucha Escritura, pero es el Espíritu Santo quien te da la habilidad para que esa Palabra sea efectiva. Comparte lo que sabes y también a quien tienes, a Jesús. Tienes la oportunidad para cambiar tu entorno. Jesús te da el poder para compartir Su amor, te hace sensible a las necesidades de los demás, te da oportunidad para acompañar a las personas hasta que puedan caminar solas junto a Él. Además, el Espíritu Santo está contigo, ya te vio, puso atención a lo que estás haciendo y te ayudará. Digamos a Jesús: “Señor, te pedimos la capacidad de amar, ayúdanos a ser pacientes y constantes para vivir el proceso de una vida nueva junto a quienes llegarán a ti”.


[1] Hechos 3:1-9: Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios.Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios.

 

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