Hay momentos… y momentos

CONÓCENOS

 

 

Danilo Montero, un amigo y compositor de música cristiana, escribió una canción que dice: “hay momentos que no deberían terminar, hay segundos que tendrían que ser eternidad”. Todos hemos vivido momento agradables que quisiéramos perpetuar.  Yo desearía vivir de nuevo el nacimiento mis hijos. A pesar que el parto de la pequeña fue difícil, nada se compara con la dicha de tomar y abrazar a un hijo recién nacido. Seguramente cada uno podría enumerar bellos momentos de su vida. Sin embargo, no todos son agradables.  Recibir a mi hija fue hermoso, aunque el proceso no tanto. Sonia sufrió mucho, tuvieron que operarla de emergencia porque Gabriela venía con el cordón umbilical enrollado en el cuello y ambas podían morir.

Todos los casados somos viudos y viudas en potencia. Es agradable recordar el día que nos enamoramos, el primer beso y la luna de miel. Pero nadie quiere pensar en  la separación y la muerte. Hay momentos de tristeza, enfermedad y malas noticias que no podemos evadir.  Entonces, lo recomendable es aprender a vivirlos  y superarlos con la ayuda y fortaleza que  Dios nos da.

Vive el momento

Eclesiastés 3:1-8 nos dice: Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.

Esto es una gran verdad. Todo tiene su tiempo. Si no vivimos lo que nos toca en determinado momento, sea bueno o malo, no logramos avanzar.  La Palabra lo dice claramente. Queremos vivir tiempos de paz, pero también hay tiempos de guerra. Pidamos al Señor porque los tiempos difíciles pasen pronto para poder disfrutar de los buenos momentos.  Aprende a vivir tu tiempo. No importa si el momento es de risa o llanto, hay que vivirlo intensamente.

Nos pasa con la muerte. Evitamos enfrentarla porque no la vemos como parte de la vida. Hay un momento para dar la bienvenida a un nuevo ser, y también hay un momento para despedir a una persona amada, porque estamos seguros que también tendremos un momento para reencontrarnos en la vida eterna.

Hay tiempo para ganar y también para perder. En el deporte siempre se vive la victoria y la derrota simultáneamente.  Mientras uno recibe el trofeo y las felicitaciones, otro está sufriendo el fracaso. Los momentos malos se sienten eternos, aunque duren menos que los buenos.

Cuando mi esposa me dice que tiene una mala noticia, lo primero que hago es escucharla y sentirla, luego tomo decisiones.  La mente se turba con la emoción, por eso hay que vivir el momento para después poder pensar con claridad. De lo contrario, parece que no se encuentran salidas y nos ahogamos en un vaso de agua. Hay una frase muy sabia que dice: “Si de noche lloras por no ver el sol, el llanto te impedirá ver las estrellas”. No lo dudes, también hay noches hermosas que debemos disfrutar.

Declara bendición

En el libro de Rut 1:20-21 leemos: Y ella les respondía: No me llaméis Noemí, sino llamadme Mara; porque en grande amargura me ha puesto el Todopoderoso. Yo me fui llena, pero Jehová me ha vuelto con las manos vacías. ¿Por qué me llamaréis Noemí, ya que Jehová ha dado testimonio contra mí, y el Todopoderoso me ha afligido?

Noemí era una viuda que  pasaba por un terrible momento. Tenía dos nueras. Una era Orfa que la abandonó para buscar nuevo esposo. La otra era Rut que decidió quedarse a su lado y  apoyarla. Cuando Noemí declaró su situación, lo hizo basándose en lo que sentía.  Su aflicción era tan grande que incluso quería cambiarse de nombre. Pedía que le llamaran “amarga” aunque su nombre significaba “placentera”.

Constantemente nos sucede igual. Frente a un mal momento, nos dejamos llevar por la emoción y no pensamos correctamente. Por eso, lo mejor es primero sentir con intensidad para luego,  darnos tiempo de meditar y declarar con sabiduría.

Job 1:20-22 relata: Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.

Él también estaba pasando por un mal momento. Se quedó sin nada.  Pasó de ser el más rico, a ser el más pobre y enfermo. Sin embargo, no declaró contra el Señor. Observa la diferencia, Noemí se sintió despojada y afligida por Dios;  Job, por el contrario, reconoció con humildad su origen desnudo y bendijo a quien le proveía todo lo necesario. Aunque en su buena intención, se equivocó, porque no fue Dios  sino el diablo quien le quitó.

No permitas que tus sentimientos te traicionen. Si un mal momento te hace sentir triste, confundido y enojado, vive tus emociones pero no cometas pecado, ni contra Dios, ni contra tus semejantes. Guarda tu boca porque luego tendrás que pedir perdón por las cosas que digas.

Declara lo que sabes: “todo ayuda a bien a quienes aman al Señor”.  Afronta los malos momentos  con fe, proclama tu nombre sin temor, da gracias por lo que vives y adora  al Señor porque todo obra a bien si confías en Él.

Cuando debo enfrentar situaciones difíciles, primero vivo el momento, lloro y me desahogo sin afectar a nadie.  Luego medito, busco calma y pido sabiduría para tomar buenas decisiones. Después hago una correcta declaración de fe y finalmente hablo con Dios para escuchar consejo. Acércate al Señor y adórale en todo momento, agradécele por lo que obra en ti.

Decide seguir adelante

Filipenses 3: 13 nos dice: Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante.

Recuerda que para abrir un nuevo capítulo debes cerrar primero el anterior. Deja atrás el pasado y muévete hacia adelante. No te detengas, si ya viviste el momento que te tocaba, prepárate para disfrutar de los que aún no has vivido.

En Lucas 15: 17-18 el Señor nos dice: Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!  Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti.

Imita la actitud y declaración del hijo pródigo. Levántate y toma dirección hacia tu Padre, porque Él siempre te mostrará caminos de bendición y justicia. Asegúrate que todas tus decisiones te orienten al frente. No retrocedas, recuerda que  “para atrás ni para tomar impulso”.  Repítelo cuantas veces sea necesario: “Me levantaré e iré a mi padre, me levantaré e iré hacia adelante”.

Todo lo que viviste en el 2008 ya pasó. Ahora debes ver con optimismo el 2009 que inicia, y aprender a vivir el tiempo que corresponde.

Además, prepárate para el momento inevitable de pasar por la muerte hacia la vida eterna. Recibe a Jesús en tu corazón. Proclámale como Señor y Salvador para que te ayude a vivir cada momento, te levante y permita avanzar siempre hacia adelante.

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