Hijos y herederos

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Hijos y herederos

Como hijos de Dios, heredamos el derecho de la sanidad y de la salvación.

Somos criaturas de Dios, sin embargo, al momento de recibir a Jesús como Señor y Salvador, nos adopta como hijos. Con Jesús sucedió al contrario, porque es Hijo de Dios, pero al nacer de María, José lo adoptó como hijo. Por lo tanto, Jesús también sabe qué significa ser hijo adoptado.

La adopción en la Biblia es una bendición, aunque en la tierra no tanto, ya que incluso hacemos bromas al respecto, pero en la Palabra leemos que Jesús, el Verbo hecho carne, nos dio potestad de ser hijos de Dios[1], lo que borra la adopción para convertirnos en hijos legítimos, es decir que tenemos todos los derechos, somos herederos de Dios y coherederos con Cristo Jesús, nuestro hermano. ¡Qué gran honor!

Sonia y yo tenemos tres hijos, y el Señor proféticamente nos dijo que venía un cuarto hijo. No comprendíamos cómo sería eso, pero la profecía se cumplió con mi sobrina, a quien adoptamos como hija. Así que  Andreíta tiene todos los derechos de mis otros hijos: Cashito, Juan Diego y Ana. Lo mismo sucede contigo, ahora que eres hijo, tienes derechos legítimos y la salud es uno de esos derechos otorgados por Dios, por lo que hoy quedas sano de todo azote de enfermedad, perdonado de tus pecados y libre de toda miseria. Además, tenemos potestad porque fuimos inscritos en el libro de la vida como hijos, entonces podemos decir al enemigo: “Te largas, esta enfermedad no es mía, los tumores, la artritis, el cáncer no son para mí, porque Dios me da sanidad y salvación.”

Demos gracias al Señor por Su amor y anhelo de bendecirnos en todo. Sabemos que los milagros no se pueden comprar ni vender, pero sí agradecer. Antes de quejarte por el brazo que te duele, ¿le has dado gracias a Dios por el brazo que no te duele? ¡Ser agradecido es una batalla, porque generalmente nos concentramos en lo malo! Pero antes de pedir por el hijo enfermo, demos gracias por los hijos sanos. Esa actitud de honra agrada al Señor. Recordemos que Jesús sanó a diez leprosos, pero solamente uno regresó a dar gracias, y fue el único que además de recibir sanidad recibió salvación. Gózate con los milagros que el Señor obra y obrará en tu vida. Dile: “Jesús, muchas gracias por Tus maravillas, hoy recibo mi bendición, te adoro, te honro y te bendigo.”

 


[1] Juan 1:10 dice: En el mundo estaba, y el mundo por él fue hecho; pero el mundo no le conoció. A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios. Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad.

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