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Ikklesia

Ikklesia

07 de septiembre de 2021

Tiempo de lectura: 3 minutos

Si Cristo se te apareciera y te preguntara quién es Él para ti,[1] ¿cuál sería tu respuesta? Simón Pedro respondió a esta pregunta por revelación divina y sobre él fundó Jesús Su Iglesia.[2] La Iglesia (cuyo nombre en el original hebreo aparece como ikklesia) a lo largo de la historia ha tenido que enfrentar fuerzas contrarias, pero siempre ha estado un paso adelante y ha sido más fuerte que cualquiera de ellas. Ikklesia significa “comunidad”, pero a su vez se trata de un término compuesto por Ik (fuera) y klesia (llamado); por eso hablar de comunión es hablar de la esencia de la iglesia: “un llamado hacia…”

Desde tiempos remotos Dios eligió comunidades como la de Abraham, a la que llamó hacia afuera: hacia su propia tierra. Ahora, en nuestra época, nuestro llamado como Iglesia va dirigido al establecimiento del reino de Dios en la Tierra. Él siempre nos llamará para que vayamos hacia adelante: cada vez que compartimos el Evangelio, damos pan a quien tiene hambre o ayudamos al necesitado estamos dando pasos agigantados hacia el establecimiento de Su reino.

Como Iglesia somos parte de una comunidad, pero lo queramos o no, una comunidad está conformada por seres humanos con virtudes, pero también con defectos. Hay quienes prefieren no acercarse a la Iglesia porque no aceptan que esté organizada por personas imperfectas. Pero si no existiera esa parte humana imperfecta, entonces ¿para qué necesitaríamos un Salvador como Cristo?

¿Cómo lo haría Jesús? ¿Cómo haría Él Iglesia? La clave está en hacer amigos. De hecho, la expresión más pura de la Iglesia de Cristo son los grupos de amistad. Así como Dios eligió a comunidades, Jesús eligió a grupos de amigos durante Su ministerio. Él dio Su amistad antes de dar vida eterna. Es por ello que resulta imposible concebir un mensaje de salvación sin la idea de hacer amigos. El Evangelio también es un llamado a la amistad que trae como resultado la redención. Pertenecer a la Iglesia de Cristo nos motiva a amar a los demás y darles esperanza cuando no la tienen.[3] Pero si no tenemos esos vínculos de amistad, ¿de quién recibirán ese mensaje esperanzador? Por eso es tan importante congregarnos.[4] Ya sea en el templo o desde nuestra casa debido a las restricciones sanitarias a causa de la pandemia por COVID-19, el Señor espera que conformemos esa comunidad por la que somos Su Iglesia.[5]

La fuerza de la iglesia siempre ha estado en las casas y en los grupos de amistad. Es ahí donde la iglesia avanza. Y si te preguntas para qué estar en un grupo de amistad, te comparto las razones que me han motivado a pertenecer a uno. Primero, porque nos motiva a permanecer en comunión con las personas y con Dios. Algo que nunca olvidaré es que fue en un grupo de amistad donde conocí a mi esposa y a mis mejores amigos: esos que me aman a pesar de mis defectos. ¡Qué bonito es pertenecer a un grupo de amistad donde todos puedan crecer juntos!

Segundo, porque nos hace parte de un vínculo fuerte. Todos merecemos un grupo de amigos que nos protejan de nuestros deseos más oscuros, del egoísmo y del orgullo que muchas veces no somos capaces de percibir en nosotros mismos. Todos necesitamos amigos que nos puedan reprender cuando sea necesario. Y tercero, porque pertenecer a un grupo de amistad nos da el crecimiento espiritual que no solo podemos recibir de forma individual, sino más bien en comunión. Entre amigos.

Amigo que me lees, ¿cuál es tu siguiente paso? Si aún no lo sabes, aquí te va una ayuda: sé parte de un grupo de amistad y de esa forma honra la esencia de la Iglesia de Cristo.


[1] Mateo 16:13-15 (NTV): Cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo, les preguntó a sus discípulos: —¿Quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? —Bueno—contestaron—, algunos dicen Juan el Bautista, otros dicen Elías, y otros dicen Jeremías o algún otro profeta. Entonces les preguntó: —Y ustedes, ¿quién dicen que soy?

[2] Mateo 16:16-18 (NTV): Simón Pedro contestó: —Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente. Jesús respondió: —Bendito eres, Simón hijo de Juan, porque mi Padre que está en el cielo te lo ha revelado. No lo aprendiste de ningún ser humano. Ahora te digo que tú eres Pedro (que significa “roca”), y sobre esta roca edificaré mi iglesia, y el poder de la muerte no la conquistará.

[3] Hebreos 10:23-24 (NTV): Mantengámonos firmes sin titubear en la esperanza que afirmamos, porque se puede confiar en que Dios cumplirá su promesa. Pensemos en maneras de motivarnos unos a otros a realizar actos de amor y buenas acciones.

[4] Hebreos 10:25 (NTV): Y no dejemos de congregarnos, como lo hacen algunos, sino animémonos unos a otros, sobre todo ahora que el día de su regreso se acerca.

[5] Hechos 2:46-47: Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos.

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