Imitando la actitud de Jesús

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Imitando la actitud de Jesús

Nuestro Señor y Salvador nos enseña a vivir de la forma correcta y con la actitud correcta.

 

Nuestro Padre nos ha regalado la vida y debemos aprender a disfrutarla de la forma correcta, con paz, gozo, servicio y agradecimiento. Especialmente, debemos aprender a darle la honra y la gloria como se merece, con la actitud correcta, alegres, con un corazón verdaderamente regocijado[1], porque sin Su voluntad, no existiríamos. Si antes de conocerlo, le cantábamos a todas las cosas de la carne, a la desilusión, a la traición y al placer, ¿porqué ahora que eres cristiano te da vergüenza cantar y bailar para el Señor? Yo parrandeaba de lunes a domingo, así que cuando me dijeron que danzáramos para el Señor, fui el primero en hacerlo con gozo. Si “le metíamos salsa a los tacos”, si le poníamos sabor y ritmo a la bailada en las fiestas, ¿por qué no lo haremos ahora para nuestro Padre? Debemos hacer lo correcto, de la forma correcta. Si en las fiestas te ibas hasta que tapaban la marimba, ¿por qué ahora en el servicio del domingo estás desesperado por irte? ¡Hay que cantar a Dios con alegría y servirlo con regocijo! Si te duele algo, antes de pedir sanidad, da gracias por todo lo que no te duele. ¡Demos gracias al Señor, con la mejor actitud!

 

Creo que todos quisiéramos ser como Jesús, pero sinceramente no podemos ser totalmente perfectos y tampoco podemos salvar a alguien como Él lo hizo, pero sí podemos imitar Su actitud. Imagina que Él, siendo Dios, se hizo hombre, tomó nuestra forma humana para cumplir el propósito del Padre. En eso podemos imitarlo, en despojarnos de nosotros mismos, en ser obedientes y servir a los demás[2]. Jesús sufrió nuestras enfermedades y por Su herida fuimos curados; nosotros no podemos hacer lo mismo, pero sí podemos orar con la misma actitud de amor y entrega por la sanidad de otros. No podemos llevar los pecados de alguien, pero sí podemos perdonar los pecados que se han cometido en contra nuestra. Sí podemos tener la misma actitud de amor y entrega de Jesús para hacer todo con excelencia.

 

No podemos caminar sobre el agua, pero podemos imitar la actitud de Pedro y tomar riesgos por fe y creer que tendremos provisión para lo que necesitamos. Sería muy difícil imitar a María y dar a luz al hijo de Dios, pero sí podemos imitar su actitud de obediencia y discreción. Es difícil imitar la acción concreta de quienes hicieron proezas, pero sí podemos imitar la buena actitud que los hizo alcanzar grandes objetivos.

 

Yo doy gracias a Dios porque me ha dado maestros que me han guiado sabiamente. Por ejemplo, he podido imitar a mi mamá, quien me enseñó a administrar cada centavo y ser juicioso con los recursos. Imita a la persona más cercana que tengas, que viva por fe y que haga bien las cosas, con paciencia y excelencia[3]. Fíjate en quién tiene las mejores actitudes e imítale. De hecho, Pablo dijo a los cristianos que lo imitaran a él, ya que imitaba a Cristo. Debemos mejorar cada día, poco a poco. Busca a quién imitar que practique los principios de Cristo y seguramente te irá bien.

 

En la Biblia leemos la historia del dueño de una viña que salió a contratar obreros. Con los primeros que contrató convino pagarles un denario por la jornada completa, lo cual era justo. Pero durante el día siguió contratando a otros obreros, a los que al final de la jornada les pagó el mismo denario, aunque habían trabajado menos horas[4]. La actitud de esos jornaleros contratados al final del día fue la mejor, porque ni siquiera preguntaron cuánto se les pagaría, vieron la oportunidad de trabajar y la tomaron. Imagino que dijeron: “Vamos, no hemos hecho nada en todo el día, quién quita que logremos llevar algo a casa”.  La mejor actitud es aprovechar las oportunidades, por pequeñas que parezcan, porque si somos agradecidos y aprovechamos lo poco, seguro seremos promovidos. Nadie llega a grandes logros sin la actitud de aprovechar todas las oportunidades. Cuando me preguntan si alguna vez soñé lograr un ministerio como el que tenemos, respondo que nunca, porque todo lo que somos ahora en Casa de Dios ha sido pura añadidura del Señor. Lo único que hemos hechos es enfocarnos en servirlo bien en las pequeñas y las grandes tareas que nos ha encomendado. Él es justo para bendecirnos si demostramos la actitud correcta al servirlo y servir a los demás.

 

Al volver a la historia de la viña, vemos que los jornaleros que trabajaron todo el día murmuraron en contra del dueño de la viña, ¡cuando debieron dar gracias porque les pagaron lo convenido! Lo que quisiera pagarle a los demás, era problema del dueño, a pesar de la envidia de los otros. Cuando Dios nos llama a servirle, debemos firmarle un contrato en blanco, porque Él es mucho más justo y tiene más recursos para bendecirte que cualquiera. Dios, como el dueño de la viña, siempre prueba nuestro corazón. A los primeros que contrató los probó de último, para ver si eran humildes y agradecidos; y a los últimos los probó de primero, cuando les pidió trabajar aunque ya estaba a punto de acabar la jornada. Debemos cuidarnos de ser aprobados, de que nuestras intenciones y actitudes sean las correctas, porque de ello depende nuestra bendición.

 

En otro ejemplo sobre correctas actitudes, vemos a la madre de los hijos de Zebedeo acercándose a Jesús para pedirle una posición privilegiada para ellos, pero esa posición no dependía de las acciones de estos discípulos, sino de la voluntad del Padre[5]. Ellos podían estar con Jesús y vivir las mismas situaciones, pero la posición que pedían solo podía darla el Padre celestial. Así sucede ahora, por más que te esfuerces, si lo haces por lograr una posición, puede que te decepciones porque lo haces con la motivación incorrecta. Debemos servir y ser esforzados porque sabemos que es lo correcto, porque forma nuestro carácter y agrada a Dios, de quien depende la recompensa que quiera darnos. No hagas lo correcto con la motivación incorrecta, no tengas dobles intenciones o cartas bajo la manga, porque nada es secreto para el Señor. No nos esforcemos solo por buscar una posición o una recompensa, seamos agradecidos porque tenemos la oportunidad de ser útiles y sirvamos con la actitud correcta. Los grandes libertadores como Mandela y Martin Luther King Jr., no lucharon y se esforzaron con el objetivo de que se escribiera su biografía, ellos buscaban beneficiar a miles de personas y lo demás fue añadidura. Jesús no quería salvarnos para ser exaltado, al contrario, dejó Su lugar de privilegio para salvarnos, pero Dios es justo y lo exaltó por Su obediencia y excelencia.

 

Que tu afán de hacer lo correcto no sea obtener posiciones, privilegios o recursos, porque el Señor es quien tiene cuidado de ti y te exaltará cuando sea el momento justo[6]. No comas ansias, trabaja con buena actitud, imita a los que imitan a Jesús y esfuérzate sin intereses escondidos. Haz todo por los motivos correctos, descansa en el Señor, porque solo Él tiene la autoridad para dar el crecimiento y la multiplicación. Dile: “Muchas gracias por este día, entra en mi corazón, lávame con Tu sangre. Recibo Tu Espíritu, pongo en Tus manos todo lo que soy y hago, abrazo Tu paz porque sé que tienes cuidado de mí”.

 


[1] Salmo 100:1-5 dice: Cantad alegres a Dios, habitantes de toda la tierra. Servid a Jehová con alegría. Venid ante su presencia con regocijo. Reconoced que Jehová es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo suyo somos, y ovejas de su prado. Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con alabanza; alabadle, bendecid su nombre. Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones.

[2] Filipenses 2:5-9 enseña: Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre.

 

[3] Hebreos 6:12 dice: A fin de que no os hagáis perezosos, sino imitadores de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas.

 

[4] Mateo 20:1-16 relata: Porque el reino de los cielos es semejante a un hombre, padre de familia, que salió por la mañana a contratar obreros para su viña. Y habiendo convenido con los obreros en un denario al día, los envió a su viña. Saliendo cerca de la hora tercera del día, vio a otros que estaban en la plaza desocupados; y les dijo: Id también vosotros a mi viña, y os daré lo que sea justo. Y ellos fueron. Salió otra vez cerca de las horas sexta y novena, e hizo lo mismo. Y saliendo cerca de la hora undécima, halló a otros que estaban desocupados; y les dijo: ¿Por qué estáis aquí todo el día desocupados? Le dijeron: Porque nadie nos ha contratado. El les dijo: Id también vosotros a la viña, y recibiréis lo que sea justo. Cuando llegó la noche, el señor de la viña dijo a su mayordomo: Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando desde los postreros hasta los primeros. Y al venir los que habían ido cerca de la hora undécima, recibieron cada uno un denario. Al venir también los primeros, pensaron que habían de recibir más; pero también ellos recibieron cada uno un denario. Y al recibirlo, murmuraban contra el padre de familia, diciendo: Estos postreros han trabajado una sola hora, y los has hecho iguales a nosotros, que hemos soportado la carga y el calor del día. Él, respondiendo, dijo a uno de ellos: Amigo, no te hago agravio; ¿no conviniste conmigo en un denario? Toma lo que es tuyo, y vete; pero quiero dar a este postrero, como a ti. ¿No me es lícito hacer lo que quiero con lo mío? ¿O tienes tú envidia, porque yo soy bueno? Así, los primeros serán postreros, y los postreros, primeros; porque muchos son llamados, mas pocos escogidos.

 

[5] Mateo 20:20-23 comparte: Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo. El le dijo: ¿Qué quieres? Ella le dijo: Ordena que en tu reino se sienten estos dos hijos míos, el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda. Entonces Jesús respondiendo, dijo: No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber del vaso que yo he de beber, y ser bautizados con el bautismo con que yo soy bautizado? Y ellos le dijeron: Podemos. El les dijo: A la verdad, de mi vaso beberéis, y con el bautismo con que yo soy bautizado, seréis bautizados; pero el sentaros a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino a aquellos para quienes está preparado por mi Padre.

 

[6] 1 Pedro 5:6-9 asegura: Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros. Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar; al cual resistid firmes en la fe, sabiendo que los mismos padecimientos se van cumpliendo en vuestros hermanos en todo el mundo.

 

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