Jesús desea sanarte

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Cuando Jesús sanó al leproso, vemos que este hombre no dudaba del poder de nuestro Señor para limpiarlo, sino que, de alguna forma, no se sentía merecedor del milagro, por lo que se postró y le pidió: “Si quieres…”[1] ¡Claro que quería, así como también quiere sanarte! No dudes de Su poder ni de Su amor. ¿Cómo podríamos dudar del amor de Dios si fue capaz de entregarse para morir por nosotros? No se trataba solo de salvarnos, sino de redimir nuestra deuda, de pagar por lo que nos correspondía pagar a nosotros. Por eso, los cristianos no creemos que los judíos o romanos mataron a Jesús, porque la voluntad era que muriera sacrificialmente como un cordero; nadie le quitó la vida, Él la dio por amor, así como desea darte todo lo demás que pudiera hacerte falta. Jesús tocó al leproso y la enfermedad desapareció al instante. Tu milagro sucederá, créelo. ¿Piensas que Jesús se dejaría latigar y crucificar para ahora decir que no quiere que seas sano? Es como si trabajaras sin descanso y luego tu familia piense que no quieres darles de comer o darles bienestar. Dios quiere, siempre ha querido y siempre querrá verte sano. ¡No dudes!

Hace un tiempo, me hicieron una invitación para un crucero donde ministrábamos. En una de las paradas, me dijeron que habían organizado una reunión especial de unción. Yo me sentía algo apurado porque muchas personas se me acercaban y no podía apartarme un tiempo para orar. Cuando al fin me escabullí un ratito, Dios me dijo: “Yo regresaré en un abrir y cerrar de ojos. Si puede hacerlo, ¿qué no puedo hacer en un parpadeo? Sal y dile a todos que cierren los ojos. Cuando los abran, verán milagros”. Esa tarde, el Espíritu Santo se derramó poderosamente y vimos prodigios, literalmente en un abrir y cerrar de ojos, porque todo es posible para el que cree de corazón.

Cuando pienso en el milagro que obtuvo la mujer con flujo de sangre, estoy seguro de que esos doce años fueron un martirio y que ella necesitó mucha fortaleza para soportarlo. Entonces, analizo que es posible tener fe para aguantar la enfermedad y fe para sanar. Jesús quiere que desarrolles una fe para superar cualquier padecimiento, no para soportarlo. No sabemos si la mujer buscó a Jesús inmediatamente al enterarse de que obraba milagros o si tardó en decidirse a tomar el riesgo, porque acercarse y tocar a un varón en sus condiciones era castigado. ¡Que tus dudas no te limiten! Dios anhela tu sanidad y que estés bien en todo sentido, no quiere que seas fuerte para soportar la adversidad, sino que fortalezcas tu fe para creer por tu milagro.

Tú tienes potestad sobre el enemigo que desea verte derrotado. Así como aquellos setenta, que Jesús envió, regresaron sorprendidos por lo que fueron capaces de lograr en el nombre de Dios[2], tú tienes el poder para sanar, liberar y bendecir. El diablo nos tiene miedo porque estamos cubiertos con la sangre del Cordero. Tenemos potestad y fuerza, que en el original griego significa tener capacidad de ejecutar cosas sobrenaturales y poder para ejecutar maravillas. Tu potestad está por encima de hechiceros, curanderos y brujos, así que no tengas miedo y obra con ese poder que el Señor te ha dado. Tenemos la importante asignación echar fuera demonios, sanar enfermos, liberar cautivos y anunciar el Reino de Dios. Hagámoslo y regocijémonos porque nuestro nombre está escrito en el Libro de la Vida como hijos y enviados de Dios. ¡Arrebata tu milagro y ora por quienes anhelan recibir el suyo, en el nombre de Jesús!


[1] Mateo 8:1-3: Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente. Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció.

[2] Lucas 10:17: Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre. Y les dijo: Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. He aquí os doy potestad de hollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará. Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

 

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