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Jesús, el carpintero

Jesús, el carpintero

11 de abril de 2021

Tiempo de lectura: 4 minutos

Trabajar es una de las acciones que más nos caracteriza como seres humanos. Cuando hablamos de Jesús solemos referirnos a Él como el Hijo de Dios o como el Salvador que resucitó, pero ¿cuántas veces pensamos en él como trabajador? ¿Qué ejemplo nos da Jesús, el carpintero?

Trabajar es algo que viene de Dios desde el principio de los tiempos. De hecho, tras crear al hombre lo primero que hizo fue asignarle una tarea que lo dignifique[1] y luego creó a la mujer para que también le fuera de ayuda idónea. Por eso está claro que Él desea que seamos productivos. El trabajo es una de las pasiones más grandes del ser humano. Tanto Dios como Jesús trabajan[2] y como padres de familia el ejemplo lo damos nosotros.

Enseñarles a trabajar es la mejor herencia que podemos darles a nuestros hijos. No dinero, ni propiedades, sino la vocación que les motive a esforzarse para conseguir todo eso por sí mismos. Cuando estudié la secundaria sacaba las mejores notas del colegio y aun así mi mamá me enviaba a trabajar de ayudante de mecánico los fines de semana… ¡y sin paga! Ella me enseñó a trabajar por vocación y por eso le estaré agradecido toda la vida. Si bien es cierto que estudiar también es importante, aprender a trabajar también lo es. En el colegio o en la universidad nos podrán enseñar ingeniería, pero la actitud para trabajar solo la podemos aprender en casa, con ejemplo de nuestros padres.

Si hasta Jesús trabajó para Su padre,[3] no dejes de inculcarles el amor al trabajo a tus hijos aun cuando no trabajen para ti. Enséñales que Jesús no dejaba las obras a medias[4] y que ellos tampoco deben hacerlo. ¡No hay satisfacción más grande para un trabajador que terminar una obra! El trabajo nos da más energía para seguir haciéndolo.[5] Por eso, aunque a veces sea agotador, aprovecha el tiempo al máximo dentro de tu horario laboral, tal como lo hizo Jesús.[6] Recuerda que al final solo somos aquello que hacemos todos los días y que nadie puede ser sin hacer. De nada sirve ser buena gente si no trabajamos, pues todo cuanto hacemos contribuye a nuestro crecimiento. Si Jesús hubiera venido al mundo solo a ser buena persona y no a obrar, ¿quiénes serían hoy sanos o salvos?[7] [8]

Jesús honró con su trabajo al padre que lo engendró y también al que lo crio. El trabajo dignifica a la familia entera. Si quieres que tus hijos sigan tu ejemplo como trabajador, entonces trabaja bien y demuéstrales que ninguna pandemia ni crisis económica te podrán vencer porque Dios está contigo. Es Él quien nos bendice con trabajo,[9] por eso dale gracias y disfruta del empleo que tienes. Y si no lo tienes y estás buscándolo, cuando lo tengas valóralo siempre como en el primer día. Claro que es normal sentirnos estresados en el trabajo, pero aunque haya días muy fatigosos, no nos cansemos de trabajar.[10]

Muchas veces he dicho que el trabajo dignifica, pero esto solo cuando hablamos de trabajo honesto, correcto e íntegro. Cuando el trabajo de tus manos ponga el plato de comida en la mesa de tus hijos[11] que sea con la tranquilidad de que fue logrado con esfuerzo y honradez, no con trucos, trampas y corrupción. Es mejor lo poco del justo que lo mucho del impío.[12] Si tu trabajo no te da las utilidades que necesitas, entonces busca otro, pero no las fuerces a base de acciones deshonestas. En este sentido, Jesús también nos enseñó a obrar correctamente: al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.[13] Pagar impuestos es como pagar la prima de continuidad de un negocio: no hay manera que te lo cierren. Además, diezma y ofrenda porque eso garantiza que los cielos estén abiertos para ti. De todo eso se trata la honestidad en el trabajo.

Para terminar, solo te motivo a que no dejes de orar y estar en comunión con Dios. Pídele que bendiga tu labor para que con esfuerzo, honestidad, integridad y la bendición Suya puedas ser prosperado en todo lo que hagas.


[1] Génesis 2:15: Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase.

[2] Juan 5:17: Y Jesús les respondió: Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.

[3] Lucas 2:49: Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?

[4] Juan 4:34: Jesús les dijo: Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra.

[5] Proverbios 24:10: Si fueres flojo en el día de trabajo, tu fuerza será reducida.

[6] Juan 9:4: Me es necesario hacer las obras del que me envió, entre tanto que el día dura; la noche viene, cuando nadie puede trabajar.

[7] Mateo 13:54-55: Y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿De dónde tiene éste esta sabiduría y estos milagros ¿No es éste el hijo del carpintero? ¿No se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas?

[8] Marcos 6:2-3: Y llegado el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos? ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él.

[9] Eclesiastés 3:9-10: ¿Qué provecho tiene el que trabaja, de aquello en que se afana? Yo he visto el trabajo que Dios ha dado a los hijos de los hombres para que se ocupen en él.

[10] 1 Tesalonicenses 2:9: Porque os acordáis, hermanos, de nuestro trabajo y fatiga; cómo trabajando de noche y de día, para no ser gravosos a ninguno de vosotros, os predicamos el evangelio de Dios.

[11] Salmos 128:1-2: Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová, que anda en sus caminos. Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado serás, y te irá bien.

[12] Salmos 37:16: Mejor es lo poco del justo, que las riquezas de muchos pecadores.

[13] Lucas 20:20-25: Y acechándole enviaron espías que se simulasen justos, a fin de sorprenderle en alguna palabra, para entregarle al poder y autoridad del gobernador. Y le preguntaron, diciendo: Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad. ¿Nos es lícito dar tributo a César, o no? Mas él, comprendiendo la astucia de ellos, les dijo: ¿Por qué me tentáis? Mostradme la moneda. ¿De quién tiene la imagen y la inscripción? Y respondiendo dijeron: De César. Entonces les dijo: Pues dad a César lo que es de César, y a Dios lo que es de Dios.

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