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La dádiva de Jesús

La dádiva de Jesús

23 de febrero de 2020

Tiempo de lectura: 4 minutos

Para cumplir nuestros sueños debemos aprender a hacer sacrificios. Dios siente el deseo de prosperarnos y para hacerlo tuvo que entregar a su hijo en la cruz.[1] Nuestro Padre quiere proveernos y, si alineamos nuestra vida a sus mandamientos, experimentaremos sus bendiciones.

Seremos bendecidos en dondequiera que estemos porque el Señor está con nosotros.[2] El problema no es experimentar adversidad, sino olvidar quién nos acompaña.[3] Su presencia estará con nosotros y al reconocer su compañía no habrá escasez que pueda hacer tambalear nuestras convicciones. Cuando Dios jura es porque ofrece algo importante. Él no nos puede fallar con lo que prometió porque no es parte de su naturaleza.[4] Al Señor le duele vernos esclavizados por la deuda. Si no administramos bien nuestros recursos esto puede definir nuestro estilo de vida. No podemos permitir que nuestra economía determine nuestra paz y estabilidad. Dios es el único que debería tener esa facultad en nosotros.[5]

El Señor prosperaba todo lo que José hacía. Si algo era puesto en sus manos, esto inevitablemente mejoraba. Una de las razones por las cuales le asignaban tareas para administrar era por su confiabilidad.[6] Las personas que inspiran confianza tienen la capacidad de apreciar y agradecer cada oportunidad que se les presenta. Si no reconocemos lo que tenemos, no lo podremos administrar bien.

El trabajo es la oportunidad de demostrar nuestros valores y de evidenciar la presencia de Dios en nuestra vida. Las pequeñas tareas que realizamos son el camino hacia el cumplimiento de nuestro propósito. David cuidó ovejas, luchó contra leones y osos, llevó la comida a sus hermanos, se enfrentó a gigantes y reinó un pueblo. Todas las instrucciones que el Señor le daba, él las obedecía y de esta manera cumplió con su llamado. ¿Qué instrucción nos está dando Dios en este momento?

Trabajar sin producir nos causa frustración, tristeza y afán. Debemos confiar en que una Palabra del Señor es suficiente para transformar nuestra realidad. Pedro trató de pescar utilizando sus fuerzas y no logró nada. Cuando tiró la red confiando en la Palabra de Dios el resultado fue una pesca milagrosa.[7] Lo que determina nuestros resultados es en dónde tenemos puesta nuestra confianza.

Pedro creyó que el milagro del pago del impuesto a través de la boca de un pez era posible porque ya había experimentado la pesca milagrosa.[8] El mismo que nos proveyó en el pasado nos proveerá en el presente y en el futuro. Cuando el Señor quiere bendecirnos no tiene límites en cuanto a formas para hacerlo, Él es clave para nuestra productividad. Acudamos a nuestro Padre antes de acudir a cualquier otra persona porque quiere vernos prosperar en todo.


[1] 2 Corintios 8:9: Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.

[2] Deuteronomio 28:1-6: Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de la tierra. Y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te alcanzarán, si oyeres la voz de Jehová tu Dios. Bendito serás tú en la ciudad, y bendito tú en el campo. Bendito el fruto de tu vientre, el fruto de tu tierra, el fruto de tus bestias, la cría de tus vacas y los rebaños de tus ovejas. Benditas serán tu canasta y tu artesa de amasar. Bendito serás en tu entrar, y bendito en tu salir.

[3] Deuteronomio 28:7-8: Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti. Jehová te enviará su bendición sobre tus graneros, y sobre todo aquello en que pusieres tu mano; y te bendecirá en la tierra que Jehová tu Dios te da.

[4] Deuteronomio 28:9-11: Te confirmará Jehová por pueblo santo suyo, como te lo ha jurado, cuando guardares los mandamientos de Jehová tu Dios, y anduvieres en sus caminos. Y verán todos los pueblos de la tierra que el nombre de Jehová es invocado sobre ti, y te temerán. Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, en el país que Jehová juró a tus padres que te había de dar.

[5] Deuteronomio 28:12-14: Te abrirá Jehová su buen tesoro, el cielo, para enviar la lluvia a tu tierra en su tiempo, y para bendecir toda obra de tus manos. Y prestarás a muchas naciones, y tú no pedirás prestado. Te pondrá Jehová por cabeza, y no por cola; y estarás encima solamente, y no estarás debajo, si obedecieres los mandamientos de Jehová tu Dios, que yo te ordeno hoy, para que los guardes y cumplas, y si no te apartares de todas las palabras que yo te mando hoy, ni a diestra ni a siniestra, para ir tras dioses ajenos y servirles.

[6] Génesis 39:2-5: Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio. Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano. Así halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía. Y aconteció que desde cuando le dio el encargo de su casa y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José, y la bendición de Jehová estaba sobre todo lo que tenía, así en casa como en el campo.

[7] Lucas 5:2-5: Mas Jehová estaba con José, y fue varón próspero; y estaba en la casa de su amo el egipcio. Y vio su amo que Jehová estaba con él, y que todo lo que él hacía, Jehová lo hacía prosperar en su mano. Así halló José gracia en sus ojos, y le servía; y él le hizo mayordomo de su casa y entregó en su poder todo lo que tenía. Y aconteció que desde cuando le dio el encargo de su casa y de todo lo que tenía, Jehová bendijo la casa del egipcio a causa de José, y la bendición de Jehová estaba sobre todo lo que tenía, así en casa como en el campo.

[8] Mateo 17:24-27: Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? Él dijo: Sí. Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños?  Pedro le respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos. Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero;[a] tómalo, y dáselo por mí y por ti.

 

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