La fe nos lleva sin temor

CONÓCENOS

Sabemos que la fe viene por el oír y especialmente se fortalece al buscar al Señor y conocer Sus promesas. Dios siempre ha buscado hombres y mujeres valientes, que crean y conquisten aquello que les corresponde. Por eso la Biblia habla de Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y tantos otros[1]. Lo importante es ver que todos esos hombres tienen algo en común, no es la posición, la riqueza o la educación, el factor común es la fe. Ellos le creían a Dios sin importar la dimensión del reto. Nuestro Señor espera que pongamos en práctica nuestra fe. Él te dio fe para caminar y correr, así que no uses “la silla de ruedas espiritual” por pereza.

Pablo fue un gran evangelista que formó a varios discípulos. Uno de ellos fue Timoteo, quien evidentemente enfrentó un tiempo difícil, porque Pablo le pidió que no se avergonzara de su fe, sino que la avivara. Al leer en la Biblia lo que le escribe, parece que le dijera: “Confío en que la fe que tienes no es fingida, que no sea solo del diente al labio, porque veo que apagaste el regalo del Espíritu Santo, y como que un espíritu de cobardía vino a ti. Explícame, ¿cómo tu abuela y tu madre, siendo ancianas, no se avergüenzan del Evangelio?[2]. ¿Qué te produce miedo? ¿Desde cuándo caminas con un espíritu de cobardía? Ya es hora de que levantes el fuego de Dios en tu interior”. Cuando un espíritu de temor se apodera de ti, incluso los dones y regalos del Señor pueden apagarse. Pedro dudó porque tuvo miedo, por eso se hundió, así que el miedo es capaz de paralizarnos y hacernos retroceder. Guatemala ha caído bajo un espíritu de temor, pero declaremos proféticamente que nuestro país seguirá siendo bendecido con trabajo, comercio y nuevas empresas. No caigamos en la trampa del miedo; cuando permites que el agua se cuele aunque sea por gotas, cualquier lugar se inundas, así que nada de goteras de miedo, porque Dios nos ha dado espíritu de poder, amor y dominio propio. No te asustes con el petate del muerto, no salgas corriendo, enfrenta tus temores. No tengas más fe en tus recursos que en tu Padre, porque Él nunca te ha abandonado.

Al leer la historia de Gedeón, podemos ver que los madianitas atacaban a los israelitas desde que ellos estaban sembrando, y devastaban la tierra. Cuando Israel comenzaba a sembrar, los madianitas acampaban allí, esperando la cosecha. Pero eso no te sucederá porque está escrito que el ángel de Jehová acampa alrededor de quienes le temen, así que el único que acampará en tu casa es el ángel de Dios. Agarra a esos espíritus de madianitas y diles: “Se largan de aquí. El único que tiene derecho legítimo de acampar en mi casa es Jehová”. Ve a tu casa, entra en cada habitación y di: “Se larga todo espíritu inmundo que quiera acampar aquí”.  Debemos pelear la batalla espiritual para no empobrecer en ningún sentido.

En la historia de Gedeón vemos que todo fue progresivo. Lo primero fue que el pueblo clamó y Dios envió Palabra; luego envió a un ángel que hablara con quien pelearía en contra de los invasores. Lo mismo sucederá en tu vida. Busca la voluntad de Dios en Su Palabra, ahí encuentras la medicina, la instrucción y la esperanza para conquistar. No hay problema imposible de solucionar si le crees. Él ya solucionó la cuestión más importante, nos lavó con la sangre del Cordero, cambió nuestro destino eterno, ¿habrá algo que no pueda hacer? ¡Claro que no! En medio de una dificultad, recuerda que Dios resolvió el problema más grande, la salvación, así que podrá ayudarte en todo lo demás. El Espíritu Santo da testimonio a tu espíritu de que eres hijo de Dios y también da testimonio de que ¡Él no te ha dejado, que no te ha desamparado, y no lo hará jamás! Escrito está que Dios permanece fiel porque aunque fuéramos infieles, Él no sabe ser infiel, hizo un pacto contigo y no sabe traicionar. Antes de dudar y sentir miedo, recuerda de dónde te ha sacado y de lo que te ha librado. Dios envía a Su siervo, al profeta o pastor para darte Palabra y luego, envía a Su ángel. Si crees, Su Palabra se cumplirá.

El hombre que liberó a Israel de los madianitas, Gedeón, estaba escondido, tenía miedo, así como nosotros tenemos miedo respecto a nuestra familia y economía. Es como si el  ángel del Señor estuviera ahí sentado a tu lado, mientras tú estás muerto de miedo. Tú decides si ves a los madianitas o al ángel y confías en que te ayudará. Dios te dice que seas esforzado y valiente, te pide que confíes, que no te ha sacado de la esclavitud del pecado para desampararte.

Si ves, en esta historia, primero fue el profeta, luego el ángel y después se le apareció Dios mismo a Gedeón para darle instrucciones y alentarlo[3]. Así es contigo, cuentas con la Palabra, con la presencia angelical y con Dios. ¿Qué pasaría si se presenta delante de ti? ¿Escuchará solo tus quejas como sucedió con Gedeón? No importa si eres el más pequeño de tu familia, lo que importa es que Dios ya tiene un plan para tu vida, para que derrotes a tus enemigos. Él no conversará sobre tus complejos, te dará la instrucción para conquistar Sus promesas.

Dice la Palabra que los madianitas eran innumerables, pero parecían como uno solo. Dios está por hacer que esos cientos de problemas se vean como uno solo fácil de resolver. Tu deuda de miles de dólares se verá pequeña porque la pagarás sin problemas. Ve, dice el Señor, obedece, el resto lo hace Él. Es momento de tomar acción; tu empresa no quebrará, tu negocio no cerrará, deja el pesimismo y el miedo. Debes tener fe para luchar por tus sueños. Algunos, temerosos del futuro, deciden irse indocumentados a los Estados Unidos, tienen fe para vender su tierra y pagar un coyote que los lleve, tienen fe para no morir en el camino, pero lo mejor sería aplicar esa misma fe para quedarse y producir en su tierra. ¡Mejor usa la fe para quedarte!

Luego de convencerse de su asignación, Gedeón le pidió a Dios que lo esperara, porque iría por una ofrenda[4]. Seguro era lo último que tenía, tal vez escondido para evitar que se lo quitaran los madianitas. ¿Tienes escondidos tus talentos por miedo? ¿Le temes a la quiebra, al desempleo? Nada es digno de temor, solo Dios. El temor es una especie de adoración a lo negativo. No escondas lo que tienes, invierte tus talentos, tu tiempo, tus recursos. No temas, Dios está contigo. Guatemala es tierra de hombres y mujeres valientes. Cree en lo bueno, porque sucederá aquello que crees. Ten fe en que te multiplicarás. Si algo sucede, tómalo como un tiempo de renovación, ¡pero no vivas con miedo! Las decisiones fundamentadas en el temor son equivocadas. Así que frente a la duda, ora, alaba y da gracias al Señor para que te ayude a tomar decisiones. Esos son los principios del reino de Dios. No operes bajo los principios del reino de los hombres.

El Espíritu de Dios está sobre ti para darte valor y que luches por lo que Él desea darte. Dios es el Creador, mientras todo el mundo era perseguido por plagas, Dios tenía a Su pueblo en Gozén, protegido, ¡y te protegerá a ti también! Pero no le gusta ver a Sus hijos temerosos y con pensamientos negativos. Lo peor que te puede pasar es que mueras y ¡Él ya nos rescató de la muerte para disfrutar de la vida eterna! Nuestro Señor busca valientes que le crean. Yo he visto de cerca el miedo intentando acampar en mi casa, pero le creí a Dios, el Señor de mi vida. Guatemala saldrá adelante y seremos nosotros quienes la levantaremos con el favor de nuestro Padre.

Rechaza el espíritu de miedo y abraza el espíritu de poder, amor y dominio propio para escuchar al Señor. ¡No más temor! Si Dios está contigo, nada te faltará. Quien se mete contigo, se mete con Él. Los recursos llegarán más rápido de lo que pensabas, pero el Señor quiere que te olvides del miedo. Juan Manuel Fangio, campeón de fórmula 1, decía que la clave de su éxito en las carreras era que aceleraba cuando todos frenaban porque había algún riesgo en la pista. Si igual, podía morir, lo mejor era aprovechar para tomar la ventaja. ¡Ahora no es tiempo de frenar, es tiempo de avanzar, de acelerar sin miedo! El pie debe estar en el acelerador, no somos de los que retroceden.

Di con fe: “No voy a frenar, voy a acelerar, Dios está conmigo, tendré la Palabra del profeta, la compañía del ángel y la guía del Señor. Todos mis problemas serán como uno solo que se resolverá. Tomo autoridad sobre todo espíritu de temor; declaro que me llenaré de inspiración y fe; declaro sobre mi casa manto de valor, alegría, gozo y nuevas fuerzas en el nombre poderoso de Jesús. Hoy recibo esa nueva versión amplificada de fe, derroto todo espíritu que quiera detenerme, avanzo, no retrocedo, me esfuerzo, seré prosperado en todo lo que haga y emprenda. Amén.”


[1] Hebreos 11:32-34: ¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros.

[2] 2 Timoteo 1:3-8: Doy gracias a Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar me acuerdo de ti en mis oraciones noche y día; deseando verte, al acordarme de tus lágrimas, para llenarme de gozo; trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también. Por lo cual te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti por la imposición de mis manos. Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio. Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios.

[3] Jueces 6:3-17: Pues sucedía que cuando Israel había sembrado, subían los madianitas y amalecitas y los hijos del oriente contra ellos; subían y los atacaban. Y acampando contra ellos destruían los frutos de la tierra, hasta llegar a Gaza; y no dejaban qué comer en Israel, ni ovejas, ni bueyes, ni asnos. Porque subían ellos y sus ganados, y venían con sus tiendas en grande multitud como langostas; ellos y sus camellos eran innumerables; así venían a la tierra para devastarla. De este modo empobrecía Israel en gran manera por causa de Madián; y los hijos de Israel clamaron a Jehová. Y cuando los hijos de Israel clamaron a Jehová, a causa de los madianitas, Jehová envió a los hijos de Israel un varón profeta, el cual les dijo: Así ha dicho Jehová Dios de Israel: Yo os hice salir de Egipto, y os saqué de la casa de servidumbre. Os libré de mano de los egipcios, y de mano de todos los que os afligieron, a los cuales eché de delante de vosotros, y os di su tierra; y os dije: Yo soy Jehová vuestro Dios; no temáis a los dioses de los amorreos, en cuya tierra habitáis; pero no habéis obedecido a mi voz. Y vino el ángel de Jehová, y se sentó debajo de la encina que está en Ofra, la cual era de Joás abiezerita; y su hijo Gedeón estaba sacudiendo el trigo en el lagar, para esconderlo de los madianitas. Y el ángel de Jehová se le apareció, y le dijo: Jehová está contigo, varón esforzado y valiente. Y Gedeón le respondió: Ah, señor mío, si Jehová está con nosotros, ¿por qué nos ha sobrevenido todo esto? ¿Y dónde están todas sus maravillas, que nuestros padres nos han contado, diciendo: ¿No nos sacó Jehová de Egipto? Y ahora Jehová nos ha desamparado, y nos ha entregado en mano de los madianitas. Y mirándole Jehová, le dijo: Ve con esta tu fuerza, y salvarás a Israel de la mano de los madianitas. ¿No te envío yo? Entonces le respondió: Ah, señor mío, ¿con qué salvaré yo a Israel? He aquí que mi familia es pobre en Manasés, y yo el menor en la casa de mi padre. Jehová le dijo: Ciertamente yo estaré contigo, y derrotarás a los madianitas como a un solo hombre. Y él respondió: Yo te ruego que si he hallado gracia delante de ti, me des señal de que tú has hablado conmigo.

 

[4] Jueces 6:18: Te ruego que no te vayas de aquí hasta que vuelva a ti, y saque mi ofrenda y la ponga delante de ti. Y él respondió: Yo esperaré hasta que vuelvas.

 

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