La mano que provee

CONÓCENOS

Conocemos a Dios como nuestro Creador, y cuando Jesús vino, nos lo presentó como nuestro Padre. Descubrirlo de esa forma nos hace comprender muchas cosas. Por ejemplo, por qué Jesús nos manda a pedir y a confiar en que Él nos proveerá.

Cuando no comprendemos que Dios es nuestro Padre, nos resulta difícil entender Su deseo de vernos prósperos, no solo en cuestiones económicas, sino en todo lo que hagamos.

Los padres de familia nos preocupamos por nuestros hijos, ¿cierto? Les proveemos lo mejor que podemos, los cuidamos, atendemos e incluso somos capaces de privarnos de lo que sea por darles a ellos. Si nosotros siendo humanos actuamos de esa forma, ¿cómo es posible que creamos que Dios no será aún mejor proveedor que nosotros?

Somos hijos de Dios y obra de Sus manos,[1] todo cuanto recibimos viene de ellas,[2] que nos colman de bendición.[3] Sería ilógico que nuestro Padre pueda alimentar a los animales y no a Sus hijos.[4] Para Él, proveer es tan importante que se llega a calificar como peor que incrédulo a quien no provee para su casa.[5] ¡Así de valiosa es la provisión para Dios! ¿Crees que te abandonaría en medio de tu necesidad? ¡Claro que no!

Jesús nos enseñó a orar: lo primero es adorar, luego pedir alimento y después pedir perdón por los errores que hayamos cometido.[6] Ese es el orden porque Dios primero es Padre y luego juez. Nadie castiga a Su hijo quitándole la comida, mucho menos Dios. Tu hijo podría ser el mayor perdedor de materias en el colegio y como castigo seguramente le quitarías la bicicleta, el carro o el teléfono celular, ¡pero nunca le quitarías el pan!

Cuando aún no había aceptado a Jesús como mi Señor y Salvador, la primera vez que me eché los tragos ―tenía como 14 o 15 años― amanecí con resaca al día siguiente y mi propia madre, con todo y que la había defraudado, me hizo un caldo de huevos. “¿Te sentís bien?”, me preguntó. “No, me siento mal”, le dije. “¡Entonces no te emborraches!” Como padre o madre nunca dejarás de desearle el bienestar a un hijo y estoy seguro de que, aunque este estuviera en la cárcel, llegarías a verlo y le llevarías comida; Dios, nuestro Padre, hace lo mismo por nosotros. Confía en que nunca te faltará Su provisión aun cuando te falte trabajo.

Ahora bien, Dios nos dio seis días para trabajar y uno para descansar porque en un solo día es capaz de dar provisión para dos días[7] o más. No salgas a buscar provisión el día que debes recibir visión de parte de tu Padre. Es importante que tomemos un día de descanso, dedicado a Él, confiando en que proveerá el doble en otros días. Y no solo lo hace, sino que de diferentes formas. Lo hizo con Elías cuando le mandó a beber agua del arroyo y luego lo mandó a casa de una viuda[8] aun cuando las condiciones estaban para que fuera él quien le diera provisión a la mujer y no al revés. A veces Dios utiliza a alguien que está más necesitado para bendecir a otro, acaso porque tiene más fe.

No sabemos qué hacer con las cantidades, si tenemos poco lo menospreciamos, si tenemos mucho lo desperdiciamos. ¿Qué debemos hacer? Siempre dar gracias y compartir. Porque Dios bendice y multiplica lo que sea que tengas y compartes.

En vez de quejarte del salario que tienes, bendícelo. Si estás pasando por un momento de escasez, bendice lo poco que tienes. Si no tienes trabajo, no significa que Dios no pueda proveerte. Demuéstrale que confías en que puede enviarte bendición a través de quien menos piensas: cuervos, arroyos o viudas. No te aferres a los recursos sino a Él, dueño de todo, y declara que te proveerá porque si alimenta a las aves también te alimentará a ti.

Además, atrévete a ser como esa viuda que obedeció el mandato de compartir lo poco que tenía. De esa manera bendices tus recursos y la provisión sobreabundante llegará. Nuestro Padre nos proveerá, alimentará y bendecirá. ¡Confía en Su amor!


[1] Isaías 64:8: Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros barro, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros.

[2] Salmos 104:21-28: Los leoncillos rugen tras la presa, y para buscar de Dios su comida. Sale el sol, se recogen, y se echan en sus cuevas. Sale el hombre a su labor, y a su labranza hasta la tarde. ¡Cuán innumerables son tus obras, oh Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios. He allí el grande y anchuroso mar, en donde se mueven seres innumerables, seres pequeños y grandes. Allí andan las naves; allí este leviatán que hiciste para que jugase en él. Todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo. Les das, recogen; abres tu mano, se sacian de bien.

[3] Salmos 145:14-16: Sostiene Jehová a todos los que caen, y levanta a todos los oprimidos. Los ojos de todos esperan en ti, y tú les das su comida a su tiempo. Abres tu mano, y colmas de bendición a todo ser viviente.

[4] Mateo 6:26: Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?

[5] 1 Timoteo 5:8: Porque si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo.

[6] Mateo 6:9-12: Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores.

[7] Éxodo 16:26:30: Seis días lo recogeréis; mas el séptimo día es día de reposo; en él no se hallará. Y aconteció que algunos del pueblo salieron en el séptimo día a recoger, y no hallaron. Y Jehová dijo a Moisés: ¿Hasta cuándo no querréis guardar mis mandamientos y mis leyes? Mirad que Jehová os dio el día de reposo, y por eso en el sexto día os da pan para dos días. Estese, pues, cada uno en su lugar, y nadie salga de él en el séptimo día. Así el pueblo reposó el séptimo día.

[8] 1 Reyes 17:8-11: Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo: levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente. Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba. Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano.

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