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La Palabra y los espinos

La Palabra y los espinos

21 de mayo de 2024

Tiempo de lectura: 4 minutos

En el contexto de la parábola del sembrador la gente le pregunta a Jesús por qué su método de enseñanza consiste en la narración de breves historias cargadas de muchos significados, ejemplos y comparaciones. Su respuesta fue que este tipo de parábola enseña a reflejar el reino de los cielos.[1] Cuando somos restaurados por el evangelio de Cristo, aceptamos todo lo que tiene que ver con los planes de Dios para nuestra vida.

Ahora, nuestro papel no es irnos de inmediato al cielo, nuestra responsabilidad es traer el cielo a la tierra. Por esa razón, Jesús se dedicó a explicar cómo funcionan estas lecciones aplicadas al reino de Dios con estas parábolas.[2] Es necesario comprender cuáles son los enemigos contra la Palabra de Jesús y el engaño de las riquezas identificado como los espinos en la parábola.[3] 

En primer lugar, el engaño del esfuerzo, pues este debe ser una respuesta a la Palabra de Dios. Todo el trabajo de una noche fue infructuoso, pero la obediencia a la Palabra de Jesús hizo la diferencia. Pedro dijo: en tu Palabra echaré la red y sucedió la pesca milagrosa.[4] La calidad de nuestro esfuerzo está sujeta a la Palabra de Dios y a la dependencia de nuestro Padre celestial como proveedor. En segundo lugar, debemos recordar que el reino de los cielos se mueve en base a la generosidad, no es la riqueza retenida, sino la riqueza repartida lo que cuenta en el reino de Dios.[5]

Cuando tengamos la revelación del reino de los cielos en nuestro corazón, entonces va a ser muy fácil liberarnos del engaño de las riquezas. Jesús enfatizó que debemos cuidarnos del engaño de la avaricia, el engaño de la posesión es comprender que la vida no consiste en la cantidad de bienes acumulados, sino en los bienes repartidos.[6] Por consiguiente, la revelación es que el Espíritu Santo puede darnos un espíritu generoso, porque la riqueza no es un estanque, es un río.

El tercer enemigo es el engaño del servicio porque el afán es enemigo de la Palabra de Dios.[7] La mejor manera de abordarlo es poner en primer lugar la fe siguiendo el consejo: todo aquello por lo que me afané, no lo conseguí, pero todo aquello por lo que creí, lo he conseguido. Por tanto, tu vida no está para servirle a las riquezas, las riquezas están para servirte en todos los ámbitos de la existencia. El engaño del ego no acepta la humildad de comprender la escasez y la abundancia, porque todo lo puedo en Cristo que me fortalece.

Finalmente, recordemos que el esfuerzo no produce buenos resultados porque en el reino de los cielos dependemos de la Palabra de Dios y cuando venga la sobreabundancia a tu vida, tienes que decidir sujetar tu vida a la fe en la Palabra que viene de Jesús.


[1]Mateo 13:1-9 (RVR1960):  Ese mismo día salió Jesús de la casa y se sentó a la orilla del mar. Y se congregaron junto a Él grandes multitudes, por lo que subió a una barca y se sentó; y toda la multitud estaba de pie en la playa. Y les habló muchas cosas en parábolas, diciendo: He aquí, el sembrador salió a sembrar; y al sembrar, parte de la semilla cayó junto al camino, y vinieron las aves y se la comieron. Otra parte cayó en pedregales donde no tenía mucha tierra; y enseguida brotó porque no tenía profundidad de tierra; 6pero cuando salió el sol, se quemó; y porque no tenía raíz, se secó. Otra parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron y la ahogaron. Y otra parte cayó en tierra buena y dio fruto, algunas semillas a ciento por uno, otras a sesenta y otras a treinta. El que tiene oídos, que oiga.

[2]Mateo 13:18-19 (RVR1960): Vosotros, pues, escuchad la parábola del sembrador. A todo el que oye la palabra del reino y no la entiende, el maligno viene y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es aquel en quien se sembró la semilla junto al camino.

[3]Mateo 6:24 (RVR1960): Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecer al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.

[4]Lucas 5:1-7 (RVR1960): Y aconteció que mientras la multitud se agolpaba sobre Él para oír la palabra de Dios, estando Jesús junto al lago de Genesaret, vio dos barcas que estaban a la orilla del lago, pero los pescadores habían bajado de ellas y lavaban las redes. Subiendo a una de las barcas, que era de Simón, pidió que se separara de tierra un poco; y sentándose, enseñaba a las multitudes desde la barca. Cuando terminó de hablar, dijo a Simón: Sal a la parte más profunda y echad vuestras redes para pescar. 5Respondiendo Simón, dijo: Maestro, hemos estado trabajando toda la noche y no hemos pescado nada, pero porque tú lo pides, echaré las redes. Y cuando lo hicieron, encerraron una gran cantidad de peces, de modo que sus redes se rompían; entonces hicieron señas a sus compañeros que estaban en la otra barca para que vinieran a ayudarlos. Y vinieron y llenaron ambas barcas, de tal manera que se hundían.

[5]Proverbios 11:24-25 (RVR1960): Hay quienes reparten, y les es añadido más; y hay quienes retienen más de lo que es justo, pero vienen a pobreza. El alma generosa será prosperada; y el que saciare, él también será saciado.

[6]Lucas 12:13 (RVR1960): Le dijo uno de la multitud: Maestro, di a mi hermano que parta conmigo la herencia. Mas él le dijo: Hombre, ¿quién me ha puesto sobre vosotros como juez o partidor? Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee. También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.

[7]Lucas 11:5-8 (RVR1960): Les dijo también: ¿Quién de vosotros que tenga un amigo, va a él a medianoche y le dice: Amigo, préstame tres panes, porque un amigo mío ha venido a mí de viaje, y no tengo qué ponerle delante; y aquel, respondiendo desde adentro, le dice: No me molestes; la puerta ya está cerrada, y mis niños están conmigo en cama; ¿no puedo levantarme, y dártelos? Os digo, que aunque no se levante a dárselos por ser su amigo, sin embargo, por su importunidad se levantará y le dará todo lo que necesite.

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