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La tierra de lo nuevo

La tierra de lo nuevo

18 de septiembre de 2022

Tiempo de lectura: 3 minutos

El pecado ya perdió su poder desde que Jesús murió en la cruz.[1] Cuando nacemos en Cristo estamos preparados para recibir todo lo nuevo para nuestra vida.[2] Las misericordias de Dios son nuevas cada mañana, Él es especialista en hacer todo nuevo.[3] Las dificultades que podamos estar viviendo hoy solo son el camino para llegar a un estado glorioso y bendecido en nuestra familia, en nuestro trabajo y en cualquier proyecto de vida. El Señor siempre tiene el control aun en nuestra peor tormenta. Aunque a veces te parezca que Él duerme, lo tiene todo bajo control.[4]

El Evangelio de Juan cuenta la historia de un hombre que desde hacía 38 años estaba enfermo y frustrado porque en el estanque de Betesda podía ver a muchas personas recibiendo milagros de sanidad que le eran negados a él por causa de alguna discapacidad,[5] pero Jesús lo sanó al instante.[6] Así como le pasó a él, también llegará tu tiempo. Ya no solo serás un testigo del milagro de otros, sino un testimonio vivo que contará las maravillas de Dios en tu vida.

Hay una promesa de Jesús para quienes creemos en Él: haremos cosas mayores que las que Él hizo.[7] Haremos y recibiremos mucha más abundancia que la que pedimos o entendemos.[8] ¿Le has pedido a Dios en el nombre de Jesús lo que deseas? No lo veas como una exageración: si lo hizo con Abraham,[9] ¿por qué no lo haría contigo si le crees?

Que tu fe esté preparada para lo nuevo, para lo grande, para lo que Dios ha diseñado para ti. Recuerda que Él no se queda con nada, lo tiene todo bajo control y traerá provisión para ti y para los tuyos. Él honra nuestra fe y jamás nos desampara.


[1] Romanos 6:4-7 (TLA): Al ser bautizados, morimos y somos sepultados con él; pero morimos para nacer a una vida totalmente diferente. Eso mismo pasó con Jesús, cuando Dios el Padre lo resucitó con gran poder. Si al bautizarnos participamos en la muerte de Cristo, también participaremos de su nueva vida. Una cosa es clara: antes éramos pecadores, pero cuando Cristo murió en la cruz, nosotros morimos con él. Así que el pecado ya no nos gobierna. Al morir, el pecado perdió su poder sobre nosotros.

[2] 2 Corintios 5:17: De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.

[3] Isaías 43:18-19: No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad. 

[4] Marcos 4:37-39: Pero se levantó una gran tempestad de viento, y echaba las olas en la barca, de tal manera que ya se anegaba. Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal; y le despertaron, y le dijeron: Maestro, ¿no tienes cuidado que perecemos? Y levantándose, reprendió al viento, y dijo al mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y se hizo grande bonanza. 

[5] Juan 5:2-7: Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. En estos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo.

[6] Juan 5:8-9: Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día.

[7] Juan 14:12: De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre.

[8] Efesios 3:20: Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros.

[9] Génesis 22:17: De cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos.

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