Las resistencias

CONÓCENOS

 

 

Recuerda que hay tres resistencias espirituales: al Espíritu Santo, a Satanás y a las ofensas. De las tres, la más delicada es resistirse a perdonar las ofensas porque aunque acojas al Espíritu Santo y rechaces al maligno, si tienes rencor en tu corazón no puedes recibir lo que Dios tiene para ti.

El dador de bendición

Resiste al mal, nunca al bien. El Espíritu Santo es quien ejecuta lo bueno en nuestras vidas. Los cristianos creemos en el misterio de la Trinidad: el amor del Padre, la gracia del Hijo y la comunión del Espíritu Santo. Los tres son uno y  funcionan como un equipo. El Hijo paga por lo que el Padre planifica para que se cumpla a través del Espíritu Santo.  Es como construir un edificio. El Padre lo diseña, el Hijo hace el cheque con el que se compran los materiales y el Espíritu Santo lo construye. Así que no debes resistirte al Él porque es portador de las bendiciones que Dios planificó desde antes de la fundación del mundo y por las cuales el Hijo pagó.

El Señor quiere salvarnos, entonces Jesús derrama su sangre en el calvario y el Espíritu Santo nos hace nacer de nuevo como herederos de Dios y coherederos con Cristo. Otro ejemplo claro se presenta cuando estás enfermo. Dios Padre quiere darte salud,  por las llagas de Jesús recibes la posibilidad de sanidad pero es el poder del Espíritu Santo el que finalmente cura de toda enfermedad.  En el ámbito económico, El Padre quiere tu bienestar, el Hijo se hace pobre por ti y el Espíritu Santo te da las ideas para que logres la prosperidad.

Resistirte al Espíritu Santo es como tener hambre y pedir comida a domicilio que finalmente rechazas. No buscas y pagas un servicio para luego cerrarle las puertas a quien te lo lleva a tu casa. Por el contrario, al diablo debes resistirte siempre. No te canses de reprenderlo.

Perdonar para recibir perdón

La tercera resistencia, aquella que se refiere al perdón de las ofensas es la que nos impide pasar a otro nivel de bendición.

En Proverbios 18:19 leemos: El hermano ofendido es más tenaz que una ciudad fuerte, y las contiendas de los hermanos son como cerrojos de alcázar.

Una persona que se siente ofendida es terrible. El rencor endurece tu corazón y levanta obstáculos que limitan la bendición. Por eso es tan necesario buscar y otorgar el perdón.

Mateo 6:12-15 dice: Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal; porque tuyo es el reino, y el poder, y la gloria, por todos los siglos. Amén.Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas.

Este es el pasaje de la Biblia que nos enseña a hablarle a nuestro Padre. Me llena de emoción la forma tan dramática y gloriosa como termina. Una oración siempre debe terminar así, otorgándole a Dios todo el poder y la gloria.  Inmediatamente después, nos habla del perdón. Cuando perdonas te perdonan. No hay otra solución. El único que no necesita perdonar es el perfecto pero nadie lo es, así que todos debemos perdonar.  Seamos sinceros, requerimos el perdón continuamente, entonces otorguémoslo de la misma forma.

Pecados y ofensas

El nombre “Jesús” significa “salvador” y para salvarnos primero debe perdonarnos porque sólo el perdón trae la salvación. Cada vez que disculpo una ofensa me salvo de algo y evito que Dios me niegue su misericordia.

Perdona todo lo que sea necesario, sin importar si es un pecado o simplemente una ofensa.  Primero aprende a distinguirlas y no seas tan sensible. No hay nada peor que un cristiano que se ofende con cualquier situación. He escuchado a hermanos decir que ya no vienen a la iglesia porque se les pidió que despejaran algunos asientos en el auditorio o porque los servidores les indicaron donde estacionarse.  Es imposible tratar con personas que encuentran una ofensa en todo lo que les rodea. Me encanta el deporte pero no puedo formar parte de un equipo de deportistas sensibles. Es imposible jugar  fútbol sin recibir o dar una patada. No se puede jugar básquetbol sin recibir o dar un codazo. No te inventes pecados donde no hay. Maduremos para poder avanzar.

Dios tratará con aquellos que pequen contra ti, pero tú debes tratar con los que piensas y sientes que te ofenden. Si lloras cada vez que tu esposo te dice que se te salaron los frijoles es tú problema no de Dios. Forma y templa tu carácter para ser una persona capaz de afrontar las situaciones difíciles de la vida y no quebrantarse ante la primera provocación.

Perdón que otorga

Recibir perdón está en función del perdón que otorgo. Si pecan contra ti y perdonas hasta dentro de un año, todos los pecados que tú cometas durante ese tiempo se te acumulan.  Cuando finalmente perdonas, recibes perdón por todo lo que estaba guardado. Así es, no lo dudes. La humanidad será diferente cuando todos perdonemos a nuestro prójimo porque estamos convencidos de que necesitamos recibir perdón.

Nuestra capacidad de disculpar  también condiciona la comunicación que tengamos con Dios. Yo prefiero aguantar las ofensas de la gente que el silencio del Señor. No puedo vivir sin conversar con Él  y no sacrificaré nuestra comunión por la falta de perdón. Mantengo mi corazón sano y libre de rencores porque necesito sentir cerca a mi Padre.

En Marcos 11: 22-25 leemos: Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.

Puedes tener la fe para mover un monte pero si hay rencor en tu corazón el milagro no se concretará.  Sólo quien ora con un corazón limpio de ofensas verá maravillas en su vida. Puedes resistir a Satanás y huirá, puedes abrirle tu corazón al Espíritu Santo, pero para triunfar espiritual, física y materialmente debes otorgar perdón. Sólo de esa forma tendrás a Dios de tu lado, respondiendo tus oraciones.

El poder más grande que tienes es la fe en la oración. Sin embargo, para alcanzar lo que pidas por fe debes acercarte con un corazón limpio, capaz de perdonar. Dios no responde a los rencorosos.  Al guardar rencor tienes un contenedor lleno de ofensas  que Dios no te ha perdonado; además tienes un contenedor lleno de bendiciones sin recibir. Cuando finalmente perdonas, recibes perdón por tus ofensas y también las bendiciones guardadas.  Si piensas que Dios no te escucha, primero revisa si tienes algo pendiente de perdonar.  No te confundas, el ayuno y el pacto son necesarios, pero el perdón es indispensable para recibir bendición. Sin el perdón, la oración pierde poder y fuerza.

Un corazón limpio para orar

Santiago 5:13-18 comparte: ¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho. Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto.

Este pasaje es claro. El justo es aquel que perdona. Nadie puede orar con eficiencia si no ha perdonado. Elías era un humano como nosotros y sentía temor. Huyó cuando fue amenazado. Pero su oración era eficaz porque su corazón era sano y no estaba sujeto a ofensas.

No vale la pena sentirse ofendido y guardar rencor si esto te aleja de lo que hay guardado para ti. Bendigo noche y día a quienes me difaman porque perdonarlos me acerca cada vez más al Señor. Jesús vino a salvarnos a través del perdón, así que cuando perdonas te pareces a Él. Mantén tu comunión con Dios, proclama Su palabra y libera tu corazón de rencor para ser un cristiano capaz de vivir su fe a un nivel de excelencia.

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