Las tres P’s segunda parte

CONÓCENOS

 

Jesús vino a darnos vida en abundancia, por lo que también nos enseñó a vivir. Cuando Dios nos bendice, también nos enseña a administrar dicha bendición. Por ejemplo, si te da esposa, sería peligroso que no te enseñara a cuidarla y ser feliz con ella. Su Palabra nos enseña a vivir, solo falta que nos interesemos por leerla y aprender. Especialmente hay tres cuestiones importantes que determinan nuestros buenos resultados; me gusta llamarles las tres P’s: positivismo, presente y proceso.

 

Para vivir bien, debemos ser positivos, enfocarnos más en lo bueno que en lo malo, porque la tendencia es al contrario, concentrarnos en lo malo y pasar por alto lo bueno. ¿Por qué le ponemos más atención a la parte de nuestro cuerpo que nos duele cuando el resto funciona bien? ¿Por qué nos lamentamos de lo que nos falta, cuando hay mucho que agradecer? El Señor nos dice que cada día tiene su afán, pero también habla de lo que será añadido. De hecho, nos da la clave para que tengamos todas las cosas: buscar primeramente Su reino y Su justicia. Entonces, ¿por qué nos afanamos? Si aprendiéramos a ver lo bueno y no solo criticar o lamentarnos por lo malo, generaríamos un nuevo estilo de vida, más feliz.

 

El apóstol Pablo dice que sabía contentarse que toda situación. Lo mismo podemos decir quienes hemos pasado trabajo para salir adelante, ya que sabemos lo que puede suceder, y hemos aprendido a estar felices en las buenas y en las malas. Aprendamos a vivir siempre contentos, siempre esforzados, y siempre siendo nuestro mejor aliado. ¡Nadie puede ser tu mejor amigo más que tú mismo! Anímate porque no te puedes abandonar, debes vivir contigo por el resto de tu vida, y mejor si es en buenos términos.

 

La segunda P es el presente, enfocarse en el hoy y concentrarse en lo que de verdad importa. En otras palabras, vivir el presente y estar presente. Ayer ya pasó, mañana no ha comenzado, por eso la Palabra nos dice que le bastemos a cada día su afán. No significa que no planifiquemos, sino que la anticipación por lo que viene no desenfoque nuestro esfuerzo en lo que debemos hacer en el momento que vivimos, ya que si algo perjudica la ejecución de una tarea es tener al mente en lo que se debe hacer después.

 

Dios te dice lo mismo que le dijo a Josué: “Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida, como estuve con los hombres de los que habla la Biblia, así estaré contigo”. Él siempre estará, Él permanece, el tiempo es Suyo, el pasado, el presente y el futuro de tu vida están en Sus manos. Confía en Su amor hoy, esfuérzate, y mañana, si tienes el privilegio de abrir tus ojos, de nuevo confía y esfuérzate.

 

No esperes que otros peleen tus batallas, enfrenta tus retos. David lo dijo cuando enfrentó a Goliat. Un día peleó en contra de leones y osos, pero llegó el momento de enfrentar al gigante y al enfocarse en ese nuevo reto, pudo vencerlo. Haz lo mismo, pelea la batalla del día, enfréntala con fe, concéntrate, no hay nada peor que una persona que siempre parece estar en las nubes, divagando afanado por el pasado o por el futuro. Entonces, vive desfasado, siempre lamentándose por lo que pudo hacer y no hizo por esa falta de concentración.

 

Procura estar presente donde es necesario, especialmente en el hogar, con la familia, porque ellos son un presente, un regalo del cielo. Debemos decir: “Este es el día que hizo el Señor, me alegraré y me gozaré”. Estar presente y atender a nuestros seres queridos es importante, ya que las relaciones se arruinan cuando no se les presta atención. Hazle saber a tus hijos qué día estás solo para ellos, atiéndelos, asegúrate de que sepan que pueden contar contigo.

 

En la Biblia leemos el ejemplo de Salomón, a quien el Señor bendijo con sabiduría y también con riquezas porque buscó primeramente el reino de Dios y Su justicia, y todo le fue añadido con abundancia. Pero, al final de sus días, Salomón se lamentaba porque no estaba seguro de haber educado a un heredero que pudiera continuar con lo que él había construido con la ayuda de Dios.  ¡Qué terrible! Este rey veía como vanidad, como vano, haber trabajado tanto y no saber si quien le sucedería podría continuar con su legado. Que no te pase lo mismo, claro que es bueno esforzarse por producir una herencia para tus hijos, pero lo más importante es asegurarte de producir buenos herederos, y eso solamente se logra con atención y presencia continua. No puedes educar a tus hijos por control remoto; para ayudarlos a crecer y madurar, debes estar presente. Sabemos de muchos hijos de multimillonarios que literalmente se han fumado o bebido la fortuna que heredaron, porque no tuvieron un padre que les enseñara a valorar y dar continuidad al esfuerzo. Si te matas trabajando, también debes preocuparte por dedicarle tiempo a tus hijos, de lo contrario, al final todo será vanidad. Diles, como tu Padre te dice: “Mi presencia siempre irá contigo, estaré contigo todos los días hasta el fin del mundo”.

 

La tercera P es el proceso. El apóstol Pablo dice que dejaba lo que quedaba atrás y se extendía adelante; sabía que no era perfecto y que no había logrado todo, pero no se detenía, avanzaba concentrado en lo que le faltaba por recorrer. En otras palabras, Pablo nos enseña que vive un proceso que debe culminar, y se esfuerza por no detenerse. Además, dice que hace una cosa a la vez. ¡Aprendamos esto! Puedes hacer muchas cosas, pero no dos al mismo tiempo.

 

Al aprender a vivir, entiendes que todo es un proceso y que debes tener paciencia para que ese proceso se complete. Ahora todo lo queremos al instante. La realidad de la comida rápida, de lo desechable, nos ha reprogramado, no le damos valor a los procesos. Mi mamá decía: “Paciencia piojo que la noche es larga… para todo hay tiempo”. Generalmente por impacientes nos metemos en problemas, así que luego se debe tener paciencia para salir de estos.

 

Muchas veces el afán viene porque deseamos alcanzar rápidamente la perfección, cumplir nuestros sueños en corto tiempo, y disfrutar de los frutos, pero no vemos que ese mismo afán por lo bueno nos aleja de la vida plena que Dios diseñó para nosotros. No trates de ser perfecto, no te frustres cuando cometas errores, aprende a levantarte y a confiar en que el Señor te sustentará, porque Él inició la buena obra y la perfeccionará, esa es Su promesa. Anhelamos la vida eterna, pero primero debemos aprender a vivir en la tierra. Por algo el Señor nos ha puesto en el mundo, porque tenemos propósitos que cumplir con paciencia. Dios sabe de nuestra debilidad y no nos condena, al contrario, nos consuela y nos recibe con los brazos abiertos. Piensa que siete veces cae el justo y se vuelve a levantar, así que si ya caíste catorce veces, ¡serás doblemente justo! Dile a tu Padre: “Ayúdame en el proceso, estoy en Tus manos y sé muy bien que perfeccionarás Tu obra. ¡Gracias por Tu amor sin límites!”

Versículos de Referencia:

1. Mateo 6:33-34 dice: Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.

2. Josué 1:5 enseña: Nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé.

3. 1 Samuel 17:34-37 comparte: David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente. Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo.

4. Eclesiastés 2:4-11 explica: Engrandecí mis obras, edifiqué para mí casas, planté para mí viñas; me hice huertos y jardines, y planté en ellos árboles de todo fruto. Me hice estanques de aguas, para regar de ellos el bosque donde crecían los árboles. Compré siervos y siervas, y tuve siervos nacidos en casa; también tuve posesión grande de vacas y de ovejas, más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén. Me amontoné también plata y oro, y tesoros preciados de reyes y de provincias; me hice de cantores y cantoras, de los deleites de los hijos de los hombres, y de toda clase de instrumentos de música. Y fui engrandecido y aumentado más que todos los que fueron antes de mí en Jerusalén; a más de esto, conservé conmigo mi sabiduría. No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena. Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.

5. Eclesiastés 2:18-19 dice: Asimismo aborrecí todo mi trabajo que había hecho debajo del sol, el cual tendré que dejar a otro que vendrá después de mí. Y ¿quién sabe si será sabio o necio el que se enseñoreará de todo mi trabajo en que yo me afané y en que ocupé debajo del sol mi sabiduría? Esto también es vanidad.

6. Filipenses 3:12-13 (TLA) enseña: Con esto no quiero decir que yo haya logrado ya hacer todo lo que les he dicho, ni tampoco que ya sea yo perfecto. Pero sí puedo decir que sigo adelante, luchando por alcanzar esa meta, pues para eso me salvó Jesucristo. Hermanos, yo sé muy bien que todavía no he alcanzado la meta; pero he decidido no fijarme en lo que ya he recorrido, sino que ahora me concentro en lo que me falta por recorrer.

 

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