Los decretos del Señor son eternos y se cumplen

CONÓCENOS

Todo lo que te acontece, si ha venido a dañarte, robarte y detenerte, es pasajero. Pero lo que Dios ha decretado sobre tu vida es bueno y eterno. Ese decreto divino no lo cambia la enfermedad, la situación familiar, la economía, porque lo que Dios ha dicho se cumplirá, le guste o no a los demás. La Palabra de Dios nunca vuelve vacía, la profecía del Señor sobre tu vida se cumplirá. Entiende, por más espiritual que seas, por más llamado y unción que tengas, los tiempos difíciles vendrán. Habrá momentos en los que literalmente desearás morirte, no tendrás fuerzas, te sentirás derrotado, en el suelo, como Jacob, pero Él nunca te abandona, conoce tu corazón, entiende tus temores y te ayuda a superarlos. El infierno está trabajando para detenerte, pero el cielo entero está trabajando para que se cumplan tus profecías de bendición, los decretos de bien del Señor sobre tu vida. ¡El cielo siempre gana!

Hay cinco cosas que debes recordar, debes tatuarlas en tu corazón para alcanzar tus victorias. No puedes abortar tu misión, Dios no permitirá que tires la toalla. Tu visión es demasiado importante para que la abandones. Dios te escogió por gracia y favor, entonces aquello que llamas defecto, Él lo llama proceso, un paso nada más. ¿Crees que Él no sabía que ibas a tropezar, que ibas a desfallecer sin fuerzas? ¡Claro que lo sabía!, por eso le recuerda cinco cosas al patriarca Jacob[1]. La primera cosa que le recuerda es que nació para una misión.  Naciste por Dios, a través de Dios y para Dios. antes de que tuvieras esposa, trabajo, Dios era tu Padre y te apartó para Él por el resto de la eternidad. Desde el vientre de tu madre te formó, te amó y cuidó. Él ya había puesto dones, Palabra, unción, poder y visión en ti. Antes de que nacieras, te tenía en memoria. Cada vez que venga un alto en tu misión, recuerda que naciste para Dios. Tienes todo lo necesario para cumplir la visión que Dios tiene para ti. No eres muy gordo o flaco, blanco o negro, eres lo que eres para llevar a cabo una misión eterna, que es solo tuya. Lo que tú necesitas, ya Dios lo puso dentro de ti. Lo que otros ven difícil, parece fácil porque tienes talentos especiales. No cantas como Ruth Mixter, no bailas como Michael Jackson, no boxeas como Tyson, pero tienes habilidades únicas. Tú solo pon esos talentos a Su servicio y el resto lo hace Él. Las puertas se abrirán sin que tú las empujes porque estarás donde debes estar, cumpliendo tu llamado.

La segunda cosa que Dios le recuerda al patriarca es que nació con un propósito específico. No te irás de esta tierra sin finalizar tu carrera. Cuántos miles están esperando por ti, porque te decidas a hacer lo que debes hacer, compartir bendición y Palabra. Una sola persona a quien compartas el Evangelio puede cambiar el destino de una nación.

La tercera cosa que le recuerda es que tiene gran valor para Él. Dios ama a todos, pero ama especialmente a cada uno. El valor de la gente se incrementa cuando se hace disponible al Señor. Somos de alta estima, el que ama la misión del cielo, es amado por el cielo. En tus momentos más difíciles, debes recordar que Dios te valora al extremo[2]. El enemigo quiere poner en tu mente que no vales nada para que abandones tu misión. El complejo de langosta delante de gigantes debe acabar. No importa nada cuando estás tomado de la mano del Poderoso; no hay nadie más grande que tú cuando estás al lado de tu Señor. Tu valor se incrementa en la medida que estás junto a tu Padre. Estimado eres delante de los ojos de Dios.

La cuarta cosa que le recuerda al profeta es que está protegido. Dios pone en nuestro sentir, en los momentos difíciles, que no hay arma forjada en nuestra contra. La sombra de Jehová está sobre nosotros, quien habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente. Por más que el enemigo te diga que te destruirá, que te eliminará, no podrá hacerlo. No camines en temor, no importa lo que el enemigo intente. Perro que ladra no muerde. Estás guardado en las manos del Señor. La pelea ya está arreglada, la victoria es tuya, Jesús ya ganó, el enemigo no puede vencerte.

La quinta cosa que el Señor le recuerda al patriarca Jacob es que estaba bajo promesas de victoria, porque le dice que en él se gloriaría. Fue Dios quien lo dijo y te lo dice a ti, ¡no hay demonio, circunstancia adversa, problema o fracaso que pueda cancelar esa promesa en tu vida! ¡Hay una promesa de victoria sobre ti! Habrá momentos cuando ese decreto parezca una mentira, porque las circunstancias no se alinean a eso. Ha prometido prosperarte, abrirte puertas, fructificarte, pero todo eso parece mentira, sin embargo, lo que a veces llamamos problemas, Dios lo llama procesos de victoria. De todas las cualidades de Jesús, de todos Sus nombres, Él escoge dos que avalan Su Palabra: Fiel y Verdadero. Lo que Dios te ha dicho, lo que te ha hablado, lo que te ha decretado se cumplirá, sin duda. Hay promesas sobre tu vida hechas desde el vientre de tu madre que no podrán ser quebrantadas por nada. No te olvides de que esa promesa de Dios, ese decreto, lo que habló, incluso cuando no tenías entendimiento, es eterno e inquebrantable, y tiene más poder que cualquier cosa que el enemigo diga. A diario, el enemigo te grita, te abusa con palabras de cancelación, trata de destacar las circunstancias por encima de las promesas de Dios, pero toma solo un susurro del Espíritu para recordarte: “Yo te prometí y Yo cumpliré”. Ríndete ante esa verdad, entrégate a Su poder y amor. Él renovará tus fuerzas, tu vida, familia, matrimonio, ministerio, emprendimiento. Pídele que transforme toda debilidad en fortaleza, toda enfermedad en sanidad, toda frustración en esperanza. De la cabeza a los pies, recibe nueva fuerza y gozo para cumplir tu misión.

Toda semilla produce de acuerdo a su género. Quizás has perdido tu norte, el compás, pero Dios provoca tu recuperación. Ahora te repite: “No te dejaré hasta que haya hecho todo lo que he dicho sobre tu vida”. El Señor no te lleva al Getsemaní para matarte, sino para que Su gloria se manifieste en tu vida. No glorifiques el dolor y las tribulaciones, sino que aprende a ver la gloria de Dios a través de ellas. Lo que no te mata, te hace más fuerte. Dios te ha sellado con fuego, te ha sellado con Su fuerza y poder para Su gloria.


[1] Isaías 49:1-6: Oídme, costas, y escuchad, pueblos lejanos. Jehová me llamó desde el vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria. Y puso mi boca como espada aguda, me cubrió con la sombra de su mano; y me puso por saeta bruñida, me guardó en su aljaba; y me dijo: Mi siervo eres, oh Israel, porque en ti me gloriaré. Pero yo dije: Por demás he trabajado, en vano y sin provecho he consumido mis fuerzas; pero mi causa está delante de Jehová, y mi recompensa con mi Dios. Ahora pues, dice Jehová, el que me formó desde el vientre para ser su siervo, para hacer volver a él a Jacob y para congregarle a Israel (porque estimado seré en los ojos de Jehová, y el Dios mío será mi fuerza); dice: Poco es para mí que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel; también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra.

[2] Jeremías 1:5: Antes que te formase en el vientre te conocí, y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones.

 

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