Memoria imborrable

Memoria imborrable

Cuando usamos nuestro teléfono para tomar muchas fotos es muy probable que nos quedemos sin memoria de almacenamiento, por lo que tendremos que borrar algunas. La forma en que Dios usa su memoria es interesante porque Él es capaz de recordarlo todo, sin embargo no lo hace. ¿Cómo es posible? Sencillo. Él te recuerda a ti y tus buenas obras, pero olvida tus errores.

Regocijémos porque nuestro nombre está escrito en los cielos.[1] Y también está escrito en la memoria de Dios,[2] pero hay un tercer “dispositivo de almacenamiento” que Él tiene: sus manos.[3] No es lo mismo escribir con tinta que esculpir. El Señor dejó que en sus manos se esculpieran los nombres de Andrea, José, Ricardo, Anita, Carlos y todos nosotros, por eso nada ni nadie nos podrá arrebatar de ellas. Él no se olvida de nosotros y esa es su forma de recordárnoslo. No importa quién se acuerde de ti y quién no, lo importante es que Dios jamás se olvida de nosotros porque su memoria es eterna e imborrable; pero nosotros ¿nos olvidaremos de lo justo que Él ha sido?[4] No nos olvidemos que ha sido Él quien nos ha dado todo.

Ahora bien, no importa lo que hagamos, bien o mal: tarde o temprano nadie nos recordará.[5] Ni a las mejores personas que han existido en el mundo las van a recordar. ¿Cuántos de nosotros podemos decir cómo se llaman nuestros bisabuelos? Aun siendo de nuestra propia sangre podemos olvidar sus nombres o quiénes fueron. Por eso, desear tanto reconocimiento es vanidad, porque de todas formas seremos olvidados y eso también implica nuestras buenas obras.[6] Generaciones pasan y todos pasarán, pero, aunque pases al olvido en la tierra, tu nombre seguirá escrito en las manos de Dios para toda la eternidad.

Porque tal vez alguno vea tu tumba, lea tu nombre en una lápida y no sepa quién eres y se olvide de ti, pero Dios es eterno y su memoria debería ser suficiente. Por más que recibas premios, títulos o galardones, llegará el día en que habrá que engavetarlos. Por eso esforcémonos más en servir a nuestro Padre y aunque te juzguen por eso sigue sirviendo, porque solo la gratitud conserva una buena memoria y solo la buena memoria mantiene la gratitud. El Señor, además de ser eterno, no es injusto para olvidar nuestra obra:[7] por pequeña o grande, siempre estará en su memoria. Él no olvida sus pactos.[8] Si nosotros lo buscamos primero, nuestros descendientes serán bendecidos. ¡Aguanta si eres el primer cristiano en la familia porque tu descendencia será bendecida a través de ti![9]

Dios oye, defiende, ayuda, sostiene, recuerda, acepta, da y cumple su Palabra: ocho verbos en los primeros cuatro versículos del salmo 20[10] que nos aseguran que estamos en sus manos. ¿Sabías que hace memoria de todas nuestras ofrendas y las recuerda aun cuando nosotros mismos las hayamos olvidado? Y es porque Él olvida lo malo y recuerda lo bueno (y lo escribe).[11] David, Sansón, Barac y otros hombres y mujeres del Antiguo Testamento cometieron errores, pero a partir del Nuevo Testamento solo son recordadas sus buenas acciones,[12] sus pecados ya habían sido perdonados.

Nuestro Padre no recuerda nuestras faltas ni nuestros fracasos, sino nuestras victorias, y eso es lo que deja escrito. Por eso jamás hagas una oración hablando mal de alguien. Si una persona te ofende y el Señor hace justicia, no te alegres de su castigo sino del cumplimiento de su Palabra.

¡Cómo no amar a Dios, si su amor es tan grande que no recuerda nuestras faltas! Trae a la memoria todas sus promesas, eso le agrada porque lo honras al pensar en ellas. No te martirices con tus recuerdos ni martirices a los demás recordándoles faltas de su pasado, porque si ni el Señor lo hace, no tenemos por qué hacerlo nosotros. ¡Dios es tan bueno! Siente su amor y deja que haga cambios en ti, que te cambie estructuras mentales, que podamos tener una mente más parecida a la suya y ojos como los suyos para ver a las personas. Jesús no iba a derramar su sangre para recordar nuestros pecados después, ¡no tiene sentido! Nuestro Padre es Dios de pactos que recuerda y cumple su Palabra. Dale gracias porque tus pecados fueron borrados, tu culpa fue quitada, la sangre del Cordero te limpió y tu nombre está escrito en los cielos.


[1] Lucas 10:20: Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos.

[2] Malaquías 3:16: Entonces los que temían a Jehová hablaron cada uno a su compañero; y Jehová escuchó y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre.

[3] Isaías 49:14-16: Pero Sion dijo: Me dejó Jehová, y el Señor se olvidó de mí. ¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros.

[4] Salmos 88:11-12: ¿Será contada en el sepulcro tu misericordia, o tu verdad en el Abadón? ¿Serán reconocidas en las tinieblas tus maravillas, y tu justicia en la tierra del olvido?

[5] Eclesiastés 9:4-5: Aún hay esperanza para todo aquel que está entre los vivos; porque mejor es perro vivo que león muerto. Porque los que viven saben que han de morir; pero los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido.

[6] Eclesiastés 8:10-11: Asimismo he visto a los inicuos sepultados con honra; mas los que frecuentaban el lugar santo fueron luego puestos en olvido en la ciudad donde habían actuado con rectitud. Esto también es vanidad. Por cuanto no se ejecuta luego sentencia sobre la mala obra, el corazón de los hijos de los hombres está en ellos dispuesto para hacer el mal.

[7] Hebreos 6:10:  Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre, habiendo servido a los santos y sirviéndoles aún.

[8] Jeremías 50:5: Preguntarán por el camino de Sion, hacia donde volverán sus rostros, diciendo: Venid, y juntémonos a Jehová con pacto eterno que jamás se ponga en olvido.

[9] Hebreos 6:13-14: Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo, diciendo: De cierto te bendeciré con abundancia y te multiplicaré grandemente.

[10] Salmos 20:1-4: Jehová te oiga en el día de conflicto; el nombre del Dios de Jacob te defienda. Te envíe ayuda desde el santuario, y desde Sion te sostenga. Haga memoria de todas tus ofrendas, y acepte tu holocausto. Te dé conforme al deseo de tu corazón, y cumpla todo tu consejo.

[11] Isaías 43:25-28: Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados.

[12] Hebreos 11:32-38: ¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros. Las mujeres recibieron sus muertos mediante resurrección; mas otros fueron atormentados, no aceptando el rescate, a fin de obtener mejor resurrección. Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá cubiertos de pieles de ovejas y de cabras, pobres, angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno; errando por los desiertos, por los montes, por las cuevas y por las cavernas de la tierra.

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