No conoces a mi Dios

No conoces a mi Dios

Alguna vez tuve el pelo rubio y no me gustó porque requiere mucho cuidado y se quiebra fácilmente, pero tengo una amiga rubia que lo quería aún más rubio, ¡casi amarillo! Pero el estilista le dijo que ya no se podía más. ¿Qué crees que le respondió mi amiga? Volteó a verlo y le dijo: “¿Que no? ¡Ja, no conoces a mi Dios!”

Yo también suelo decirle al enemigo: “No conoces a mi Dios” cuando me dice que no puedo lograr algo. Nos sentimos seguras porque sabemos quién es nuestro Padre y cuán grandioso es su poder, y lo sabemos porque Él nos ha dado entendimiento y espíritu de sabiduría y revelación.[1]

Hace muchos años, cuando mi hija que ahora tiene quince años era pequeña, casi se ahoga en la piscina de nuestra casa. Afortunadamente, mi hermana, que es paramédico —y que curiosamente, casi nunca llegaba a visitarme, pero ese día estuvo allí— le salvó la vida. Pero ¿sabes de qué estoy segura? De que fue mi Dios quien tuvo a mi hermana en casa, casualmente ese día, para que pudiera salvar a mi hija. Esto me demuestra que, desde antes de aparecer el problema, nuestro Padre ya está trabajando en su solución. Va siempre un paso delante de nosotras y de nuestras aflicciones y jamás nos abandonará.[2] Por lo tanto, cuando los problemas se avecinen, declara: “¡No conoces a mi Dios!”

El primer milagro de Jesús ocurrió en las bodas de Caná, cuando se acabó el vino. María, su madre, le pidió que solucionara el problema. Aunque Él en un principio dudó, la obedeció sin que ella tuviera que insistir. Había seis tinajas grandes de piedra, pero todos sabían que las tinajas vacías no remediaban la situación; entonces Jesús pidió que las llenaran de agua, pero todos sabían que eso tampoco servía para hacer vino. No obstante, cuando sientas que has hecho todo lo que el Señor te ha pedido, debes seguir caminando por fe, no por vista. Por eso, cuando los que servían llenaron las tinajas hasta arriba sin dudar, el agua se convirtió en vino para que todos quedaran satisfechos y Él manifestara su gloria.[3]

Prácticamente en un minuto Jesús produjo el equivalente a 900 botellas de vino. Claro, si caminar por fe fuera fácil todo mundo lo hiciera. No acredites a la casualidad los milagros que Dios hace por ti. Él es tan grande que puede resolver nuestros problemas sin siquiera levantar un dedo, pero debemos creer.

No esperemos a que haga cosas pequeñas por nosotros porque Él tiene un poder más grande del que podemos imaginar.[4] Pídele que te ayude a escuchar su voz y no dejes de alabarlo. Nuestra fe y adoración provoca milagros sobrenaturales.


[1] Efesios 1:15-18: Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones, para que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de gloria, os dé espíritu de sabiduría y de revelación en el conocimiento de él, alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos.

[2] Deuteronomio 31:8: Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides.

[3] Juan 2:1-11: Al tercer día se hicieron unas bodas en Caná de Galilea; y estaba allí la madre de Jesús. Y fueron también invitados a las bodas Jesús y sus discípulos. Y faltando el vino, la madre de Jesús le dijo: No tienen vino. Jesús le dijo: ¿Qué tienes conmigo, mujer? Aún no ha venido mi hora. Su madre dijo a los que servían: Haced todo lo que os dijere. Y estaban allí seis tinajas de piedra para agua, conforme al rito de la purificación de los judíos, en cada una de las cuales cabían dos o tres cántaros. Jesús les dijo: Llenad estas tinajas de agua. Y las llenaron hasta arriba. Entonces les dijo: Sacad ahora, y llevadlo al maestresala. Y se lo llevaron. Cuando el maestresala probó el agua hecha vino, sin saber él de dónde era, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo, y le dijo: Todo hombre sirve primero el buen vino, y cuando ya han bebido mucho, entonces el inferior; mas tú has reservado el buen vino hasta ahora. Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos creyeron en él.

[4] Salmos 147:5: Grande es el Señor nuestro, y de mucho poder; y su entendimiento es infinito.

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