No es por vista

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“No es por vista” es un libro que me tomó 30 años escribir. No por falta de inspiración, sino porque sentía la responsabilidad de tener evidencias de lo que afirmaba sobre vivir por fe. Este no es un libro que habla de mis sueños cumplidos y ni siquiera de mi fidelidad a Dios, sino de Su fidelidad hacia nosotros cuando confiamos en Él. Tampoco se trata de un libro que hable de la fe evangélica, católica, mormona o musulmana, sino de la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve, esa fe que existió antes que cualquier dogma sobre la tierra. Antes de las religiones y aun antes de los mandamientos, todo cuanto existe ha sido posible gracias a la fe. Y con ella logramos proezas cuando nos desprendamos de la religiosidad, la culpabilidad y la debilidad.

La fe nos acompaña adonde la razón nos abandona. Por ejemplo, cuando la razón te dice que te quedan tres meses de vida, la fe te dice que tu vida será larga; cuando la razón te dice que estás en bancarrota, la fe te asegura que te volverás a levantar de la nada; por eso la fe no es para mentes inferiores. Hay personas inteligentes que se gradúan con honores de una carrera universitaria, pero eso no les impide estar convencidos de que la fe los conduce más allá de toda lógica.

El amor es como el vehículo de la fe, así que se complementan. Cuando amas a tus hijos pero no puedes pagar sus estudios o alimentarlos, necesitas más fe para poder solventar esas necesidades y aún más. Mi esposa y yo nos comprometimos en octubre de 1985 para casarnos en julio de 1986, sin embargo, terminamos casándonos en enero de ese mismo año. Si en julio no teníamos petate ni para caer muertos, ¡en enero peor aún! Nos sobraba amor, pero casarnos fue un acto de fe.

Hebreos 11 es para mí el capítulo más misterioso e intrigante de la Biblia porque no se habla de los apóstoles ―como sería de esperar tratándose del Nuevo Testamento― sino de los héroes de fe que vivieron antes de Cristo. Siempre me intrigó que en este capítulo aparecieran hombres y mujeres con virtudes y defectos, pero Dios es tan bello que confía en ellos, porque Sus planes son perfectos. Quizá tú nunca pensarías en un anciano y en una mujer estéril para ser padres de una nación, pero casos como el de Abraham y Sara nos llevan a entender por fe.[1] Si supiéramos cómo hacer algo, solo entonces creeríamos que es posible; en cambio, entender por fe nos enseña que primero debemos creer que algo es posible para luego buscar la forma de lograrlo.

A mediados del siglo XIX, en Estados Unidos, una madre recibió una carta de la escuela de su hijo. El niño le preguntó qué decía la carta y ella le respondió: “Dice que ya no es necesario que sigas en la escuela porque eres un niño muy especial, por eso, a partir de ahora te enseñaré yo misma en casa”. Así lo hizo la madre hasta que el niño creció y ella murió. Tiempo después, él encontró la carta y descubrió lo que en realidad decía: “Señora, su hijo no tiene capacidad para aprender y por eso ya no podrá continuar en esta escuela”. Aquel niño era Thomas Alva Edison, y si hoy tenemos bombillos incandescentes es gracias a la fe que aquella mujer tuvo en su propio hijo, la misma fe que también tuvieron los hermanos Wright al asegurar que el hombre podría volar, aun cuando en la iglesia los tacharon de herejes. No hay nada imposible para el que cree. Si tienes fe, no esperes a que los demás también crean para actuar. Tus defectos jamás influirán en Dios tanto como tu fe.

Ni una sola persona en la Biblia ha caminado por fe sin tomar riesgos. A veces queremos que Dios nos revele todo por adelantado antes de dar un paso de fe, cuando en realidad el proceso debería ser al revés. Veamos como ejemplo a la mayoría de parejas en la actualidad: ya no se quieren casar hasta tener una casa propia, un carro para cada uno, fondos separados, etcétera; pero quienes toman riesgos por fe no se preocupan por ese tipo de cosas, porque saben que no serán defraudados y que las dificultades pueden ser su mejor oportunidad para derrotar al Goliat que tienen enfrente y ser promovidos.

No hay promoción sin Goliat, tampoco hay tierra prometida sin desierto, ni vida eterna sin cruz del Calvario. Hay una fe para resistir el problema y otra para librarte de él, pero de cualquier modo deberás usarla, ya sea para aguantar o para salir, para sobrevivir o para alcanzar abundancia. Cree en Dios y en Sus promesas, porque Él no abandona a quienes viven por fe.


[1] Hebreos 11:3: Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.

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