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No nos metas en tentación

No nos metas en tentación

11 de octubre de 2020

Tiempo de lectura: 5 minutos

Seguimos en la serie de enseñanzas titulada “La arquitectura de la oración” y para cerrar un poco el tema anterior —“Perdona nuestras ofensas”—, quisiera recordarles que cuando Pedro le preguntó a Jesús cuántas veces tenía que perdonar, Él le respondió: “Hasta siete veces siete”[1] ¿Quién puede ofender a una persona 490 veces? Muchas veces ni siquiera tendremos la oportunidad de interactuar tanto con una persona. El perdón conlleva liberación y sanidad del alma para ofendidos y perdonados. Se requiere humildad para pedir perdón, pero también para otorgarlo.

Entonces, cuando ya hemos pedido perdón, ahora corresponde pedirle al Señor que nos aleje de la tentación. Sin embargo, debemos entender que una tentación no solo está relacionada con la lujuria o ese tipo de pecados de la carne.

Jesús fue tentado más de una vez y de distintas maneras. Una de ellas, la más conocida, fue cuando el diablo lo tentó en el desierto;[2] otra, cuando los fariseos lo tentaron para que condenara a la mujer adúltera,[3] pero Él no cedió y más bien los convenció de lo contrario.[4] Aun en medio del sufrimiento llegó a ser tentado para no cumplir la voluntad del Padre.[5] Esto nos demuestra que vencer la tentación es, a fin de cuentas, una decisión personal. Jesús reconocía que la carne es débil y por eso exhortaba a sus discípulos a orar para contrarrestarla.[6] Mientras más alimentemos nuestro espíritu con oración, mejor lograremos enfrentar las tentaciones.

Es fácil que en medio de la adversidad seamos tentados a rebelarnos y negar a Dios, pero en esos casos es nuestra fe la que será puesta a prueba. He aquí por qué la oración y el servicio a Dios es tan importante. Cuando Jesús fue tentado en el desierto aludió esta verdad para que el diablo se alejara de una vez por todas.[7] No toda prueba es una tentación, pero toda tentación es una prueba que debemos vencer.[8]

Si bien es cierto que la oración del Padre Nuestro dice “y no nos metas en tentación” y que el Espíritu fue quien envió a Jesús al desierto para que fuera tentado,[9] esto no quiere decir que las tentaciones nos sean enviadas por el Padre porque de Él solo podemos recibir lo bueno.[10] En pocas palabras, no le podemos echar la culpa a Dios de nuestros malos deseos.[11]

Que la humanidad pase por tentaciones no es nada nuevo, tampoco las excusas que usamos cuando caemos en ellas. En el Génesis leemos que Adán culpa a Eva y ella a la serpiente.[12] El sentido común nos dicta que quien obró mal no fue Dios por darle mujer a Adán.

Sin embargo, Jesús puede socorrer a quienes han pasado por tentación.[13] [14] Aun cuando Él también fue tentado nos podemos acercar confiados a Su trono de gracia.[15] Él no está para condenarnos, sino para ayudarnos[16] porque es fiel.[17]

Así también debemos ser nosotros con quienes han caído: ayudarlos, no juzgarnos ni condenarlos. Todos llegaremos a ser tentados tarde o temprano,[18] pero debemos ayudarnos entre nosotros a superarlo. Por eso dale gracias a Dios por perdonar tus pecados y pídele que no te deje caer en la tentación y también a ser empático con quien ya haya caído antes. Él es maravilloso, por eso lo adoramos y lo bendecimos.


[1] Mateo 18:21-22: Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.

[2] Mateo 4:1-3: Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.

[3] Juan 8:3-6: 3 Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo.

[4] Juan 8:7-11: Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio. Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más.

[5] Hebreos 2:18 (NBLA): Pues por cuanto Él mismo fue tentado en el sufrimiento, es poderoso para socorrer a los que son tentados.

[6] Mateo 26:41: Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil.

[7] Mateo 4:10-11: Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás. El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.

[8] Santiago 1:12: Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman.

[9] Mateo 4:1: Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.

[10] Santiago 1:13-17: Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Quiere decir que casi toda tentación tiene su fundamento en nosotros mismos. Que es tentado y seducido de su propia concupiscencia. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.

[11] Santiago 1:13-14 (DHH): Cuando alguno se sienta tentado a hacer lo malo, no piense que es tentado por Dios, porque Dios ni siente la tentación de hacer lo malo, ni tienta a nadie para que lo haga. Al contrario, uno es tentado por sus propios malos deseos, que lo atraen y lo seducen. 

[12] Génesis 3:9-13: Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí. ¿Desde cuándo Adán tenía miedo? Nota algo: este es un sentimiento, una emoción que no estaba destinada a Adán en su diseño original. Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí. Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.

[13] Hebreos 2:17-18: Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo. Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados.

[14] Hebreos 2:18 (DHH): Y como él mismo sufrió y fue puesto a prueba, ahora puede ayudar a los que también son puestos a prueba.

[15] Hebreos 4:15-16: Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.

[16] Hebreos 4:15-16 (TLA): El diablo le puso a Jesús las mismas trampas que nos pone a nosotros para hacernos pecar, sólo que Jesús nunca pecó. Por eso, él puede entender que nos resulta difícil obedecer a Dios. Así que, cuando tengamos alguna necesidad, acerquémonos con confianza al trono de Dios. Él nos ayudará, porque es bueno y nos ama.

[17] 1 Corintios 10:12-13: Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar.

[18] Gálatas 6:1: Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.

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