Nunca faltan los vientos

Nunca faltan los vientos

Sé que todos somos capaces de reparar muchas cosas externas, pero solo Jesús puede reparar lo más importante: nuestra estructura interna, sin la cual no podemos llegar muy lejos por mucho que tengamos los mejores recursos o la mejor infraestructura a nuestra disposición. Cuando la barca y la red estén bien, es importante que el pescador también lo esté. Si Jesús se enfoca en ti y en tu bienestar, tú también debes enfocarte en Él.

Luego del milagro de la multiplicación de los panes y los peces, Jesús se dispuso a despedir a la multitud y una vez hecho esto se fue al monte a orar.[1] Luego, durante la tormenta, les pidió a los pescadores que tuvieran ánimos[2] a pesar de la fatiga. Normalmente cuando sentimos fatiga no tenemos ánimos de nada, pero la mejor forma de reponernos es buscando al Señor.

A veces los cristianos nos creemos muy fuertes, pero lo cierto es que habrá cosas que no podremos hacer con nuestras propias fuerzas y talento por muy “pilas” que seamos. Que seas cristiano no significa que no seas vulnerable o que no puedas ser infalible. Pero la fatiga no es el problema, sino las reacciones que nos provoca ya que probablemente en ese estado nuestras decisiones no sean las mejores.

Jesús tuvo intención de llegar hasta los pescadores y salvarlos de la tormenta, pero ellos lo vieron como a un fantasma[3] porque cuando estamos fatigados solemos distorsionar la manera en que vemos las cosas y donde Dios manda salvación, vemos perdición; donde manda ayuda, vemos estorbo; donde manda una oportunidad, vemos problemas y donde abre puertas, vemos rechazo. Nuestra percepción nos engaña.

Si tu humor está mal y percibes todo de forma negativa es porque estás agotado por dentro y necesitas reposo en el Señor, ser reparado por el descanso que solo Él puede dar. Sé que los mejores años de tu vida no han comenzado, pero esos mejores años necesitan a una persona descansada y restaurada. Las oportunidades serán tan grandes que no vale la pena perdértelas culpa del agotamiento.

La mayoría de los deportes requieren de anticipación visual. Por ejemplo, cuando un futbolista debe enviar un pase, en un instante debe calcular distancia, velocidad, peso del balón, efecto y colocación, pero para ello debe ver a su compañero antes de tirarle la pelota. Pedro logró caminar solo cuando tuvo anticipación visual para ver a Jesús.[4] Pudo ver de reojo la tormenta, pero si elegía enfocarse en ella, se iba a hundir. De igual forma, si un futbolista no levanta la vista en su compañero a pesar de los contrincantes que llegan a cubrirlo, no sabría a dónde enviar el pase. Hay situaciones en las que deberás escoger entre ver la tormenta o ver a Jesús, y es entonces cuando debes enfocarte en la solución, no en el problema.

No solo se trata de enfocar la mirada, sino de hacerlo aun cuando haya una tormenta que nos distraiga, porque si eres capaz de caminar con Dios en medio de la tempestad, serás capaz de hacerlo en cualquier parte. Así que no pierdas de vista a Jesús. Si perdiste en enfoque, es tiempo de regresar la mirada. Aunque pases un tiempo difícil y te sientas agotado, no olvides que en Él puedes descansar.


[1] Marcos 6:45-46: En seguida hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a Betsaida, en la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Y después que los hubo despedido, se fue al monte a orar.

[2] Marcos 6:47-50: Y al venir la noche, la barca estaba en medio del mar, y él solo en tierra. Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar, y quería adelantárseles. Viéndole ellos andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma, y gritaron; porque todos le veían, y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!

[3] Mateo 14:26: Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo.  Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!

[4] Mateo 14:28-31: Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús. Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?

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