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Palabras de vida y no de muerte

Palabras de vida y no de muerte

29 de marzo de 2020

Tiempo de lectura: 4 minutos

En este momento hay más de dos mil millones de publicaciones acerca del coronavirus a través de los diferentes medios de comunicación. Es importante que cuidemos cómo escuchamos la información que llega a nosotros porque esto podría ser la causa de nuestros temores.

La gente piensa que esta pandemia del coronavirus es lo peor que le ha pasado a la humanidad, pero no es cierto. Hemos experimentado pandemias como la peste negra y la gripe española, las cuales cobraron millones de vidas; sin embargo, nada de esto pudo quitarnos el ímpetu para volver a levantarnos. Una tragedia puede sacar lo mejor o lo peor de nosotros. Es momento de actuar motivados por la paz que Dios nos ha dado y no por el miedo que provoca la adversidad.

¿Cómo estamos escuchando todo lo que se dice acerca del coronavirus? Debemos usar el filtro de la fe y la esperanza para que la información que llegue a nosotros no nos desestabilice emocionalmente. Siempre aparecerá alguien fatalista en medio de cualquier crisis, pero para contrarrestar esto debemos tener claras nuestras convicciones. Lo que hoy escuchamos y la forma en que hablamos determinará nuestro futuro.[1] ¡Confiemos en las promesas de Dios!

Sus promesas permanecen hasta el día de hoy, pero ¿nuestra fe en ellas también permanece en medio de la adversidad? Debemos oír con fe las palabras del Señor para que produzcan bendición en nuestra vida.[2]

Alineemos las convicciones de nuestro corazón a las palabras que salen de nuestra boca; esto nos permitirá hablar con fe. En medio de los problemas debemos procurar que todo lo que digamos sea de bendición y esperanza. ¡En nuestra boca hay poder![3]

No negamos la aflicción, pero en medio de ella confiamos en Dios.[4] No ponemos nuestra mirada en lo que nos preocupa, la dirigimos hacia quien puede rescatarnos. Aunque estemos atemorizados, oraremos con fe a nuestro Padre.

El Señor le dio una orden a Elías y al mismo tiempo le dio órdenes a los cuervos para que lo alimentaran. Los cuervos obedecieron a Dios más que a su propia naturaleza carnívora.[5] ¿Es posible que una criatura de Señor sea más obediente que nosotros, sus hijos?

Cuidemos cómo hablamos porque en esta historia se cumplió la palabra de Dios, la del profeta y también la de la viuda. Todo lo bueno y malo que hablamos se cumple.[6] Declaremos que en nuestra vida cumplirán las promesas del Señor. ¡Que la adversidad no afecte nuestras palabras y convicciones!

El miedo económico lo debemos atacar teniendo confianza en el Señor, nuestro proveedor. El error en medio de la adversidad sería reaccionar de acuerdo con lo que sentimos y no a lo que creemos. En nuestra casa no faltará la provisión mientras confiemos en nuestro Padre. Si Él alimenta a las aves, ¿cómo no lo hará con nosotros, sus hijos? Seamos agradecidos[7] y confiados porque Él sigue estando en control.


[1] Lucas 8:18: Mirad, pues, cómo oís; porque a todo el que tiene, se le dará; y a todo el que no tiene, aun lo que piensa tener se le quitará.

[2] Hebreos 4:1-2: Temamos, pues, no sea que permaneciendo aún la promesa de entrar en su reposo, alguno de vosotros parezca no haberlo alcanzado. Porque también a nosotros se nos ha anunciado la buena nueva como a ellos; pero no les aprovechó el oír la palabra, por no ir acompañada de fe en los que la oyeron.

[3] Marcos 11:20-24:  Y pasando por la mañana, vieron que la higuera se había secado desde las raíces. Entonces Pedro, acordándose, le dijo: Maestro, mira, la higuera que maldijiste se ha secado. Respondiendo Jesús, les dijo: Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá.

[4] Salmos 116:10: Creí; por tanto hablé, Estando afligido en gran manera.

[5] 1 Reyes 17:1-7: Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra. Y vino a él palabra de Jehová, diciendo: Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán. Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer. Y él fue e hizo conforme a la palabra de Jehová; pues se fue y vivió junto al arroyo de Querit, que está frente al Jordán. Y los cuervos le traían pan y carne por la mañana, y pan y carne por la tarde; y bebía del arroyo. Pasados algunos días, se secó el arroyo, porque no había llovido sobre la tierra.

[6] 1 Reyes 17:8-17: Vino luego a él palabra de Jehová, diciendo: Levántate, vete a Sarepta de Sidón, y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente. Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba. Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano. Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir. Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho; pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y para tu hijo. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá, hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la tierra. Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y ella, y su casa, muchos días. Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había dicho por Elías. Después de estas cosas aconteció que cayó enfermo el hijo del ama de la casa; y la enfermedad fue tan grave que no quedó en él aliento.

[7] Lucas 21:1-4: Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas. Vio también a una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas. Y dijo: En verdad os digo, que esta viuda pobre echó más que todos. Porque todos aquéllos echaron para las ofrendas de Dios de lo que les sobra; mas ésta, de su pobreza echó todo el sustento que tenía.

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