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Para un buen maestro, buenos alumnos

Para un buen maestro, buenos alumnos

21 de marzo de 2021

Tiempo de lectura: 4 minutos

Si bien es cierto que la misión principal de Jesús fue redimirnos de nuestros pecados, no podemos desdeñar sus valiosas enseñanzas de vida. No deberíamos conformarnos con las bendiciones de Dios, también debemos buscar sabiamente Su sabiduría.

Un padre se caracteriza por formar a sus hijos aun antes de que vayan al colegio. Antes de llevarlos al kínder él es su primer maestro. Toma la manita del niño para que no tambalee cuando está aprendiendo a escribir. Así lo es también Cristo para nosotros: un maestro. Al igual que sucedió con Nicodemo, Jesús también espera que le preguntemos[1] porque como un padre amoroso está preparado para darnos respuestas.[2]

Recuerdo que cuando estuve en el último semestre de la universidad llegó alguien a darnos una clase especial: “Cómo estudiar bien”. Lo primero que me dije fue “¡Por qué recibo este aprendizaje en el último semestre de la universidad y no antes!”. Sin embargo, reflexioné que, aunque estuviera culminando una etapa académica, mi proceso de aprendizaje no terminaba ahí. Yo seguiría siendo alumno siempre.

Jesús les narró a sus discípulos la parábola del sembrador,[3] pero más que entretenerlos, quiso asegurarse de que tuvieran el entendimiento suficiente para recibir el mensaje que Él les quería dar. Esta historia también se puede relacionar con las características de un alumno, aquel que comprende lo que su maestro le enseña y produciendo fruto al 30, al 60 o al 100 por cierto. Es decir, un alumno que sea buena tierra, que saque una buena nota y no permita el diablo se lleve la semilla. Por eso, como alumno pon todo de tu parte para aprender.

También están los alumnos que son buena tierra y reciben la Palabra con gozo, pero luego, cuando llega una aflicción, tropiezan. Un buen alumno de Jesús mantiene control de sus emociones al igual que los grandes deportistas (pienso en Roger Federer y su semblante inalterable durante cada competencia sin importar si va ganando o perdiendo).

La unción no es nada sin conocimiento. Tan importante es el conocimiento que pueblos enteros han sido destruidos por falta de él.[4] Dios no nos hará un llamado ni nos dará un oficio sin darle importancia al conocimiento que necesitamos: un elemento indispensable para cualquier líder.

El conocimiento es la acumulación de información acerca de algo; mientras que la sabiduría es la correcta aplicación de dicho conocimiento. ¡No se puede ser sabio sin conocimiento! Por eso te aseguro que el día que dejes de aprender será oficialmente el primer día de tu vejez; pero quien constantemente está aprendiendo se mantiene rejuvenecido.

¡Trabaja en tu tierra para que Jesús vea en ti a un buen alumno! Domina tus emociones para que el afán de la vida no bloquee tu proceso de aprendizaje. Te aseguro que el Señor verá con buenos ojos tu interés por ser buen alumno y adquirir conocimiento.


[1] Juan 3:1-2: Había un hombre de los fariseos que se llamaba Nicodemo, un principal entre los judíos. Este vino a Jesús de noche, y le dijo: Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.

[2] Juan 3:3-15: Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios. Nicodemo le dijo: ¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Puede acaso entrar por segunda vez en el vientre de su madre, y nacer? Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo. El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu. Respondió Nicodemo y le dijo: ¿Cómo puede hacerse esto? Respondió Jesús y le dijo: ¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? Nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo; el Hijo del Hombre, que está en el cielo. Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

[3] Mateo 13:18-23: Oíd, pues, vosotros la parábola del sembrador: Cuando alguno oye la palabra del reino y no la entiende, viene el malo, y arrebata lo que fue sembrado en su corazón. Este es el que fue sembrado junto al camino. Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza. El que fue sembrado entre espinos, éste es el que oye la palabra, pero el afán de este siglo y el engaño de las riquezas ahogan la palabra, y se hace infructuosa. Mas el que fue sembrado en buena tierra, éste es el que oye y entiende la palabra, y da fruto; y produce a ciento, a sesenta, y a treinta por uno.

[4] Oseas 4:6: Mi pueblo fue destruido, porque le faltó conocimiento. Por cuanto desechaste el conocimiento, yo te echaré del sacerdocio; y porque olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.

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