Vino nuevo

Vino nuevo

Jesús les dijo a los fariseos que el vino nuevo debe echarse en odres nuevos para que puedan conservarse ambos: vino y odre.[1] El vino viejo representa nuestras obras, y el nuevo, la gracia y el poder del Espíritu Santo. Los fariseos, al aferrase a normas, paradigmas y leyes no pudieron recibir lo nuevo de parte de Dios. Por eso olvida tu pasado, disfrutar tu presente y mantén tu vista en lo que viene. Esa es la clave para experimentar lo que el Señor tiene preparado para ti.

Elaborar vino conlleva un proceso. El primer paso consiste en que el agricultor escoja las mejores uvas. Hay personas que piensan que no califican para tener una vida bendecida porque no sienten que hayan sido escogidas por Dios, pero lo cierto es que Él nos hace parte de sus planes desde que estamos en el vientre de nuestra madre.

En el segundo paso el agricultor separa las uvas de los racimos y procede a lavarlas y limpiarlas. Solo las uvas que han experimentado un proceso de limpieza pueden ser usadas para la elaboración de vino. Dios no solo nos escogió, sino que nos limpió quitando las raíces de dolor, tristeza y amargura de nuestro corazón.

Una vez que la uva ha sido escogida y limpiada, para sacarle el jugo hay que presionarla. Este es el tercer paso en el proceso de producción de vino. La presión en nuestra vida viene a través de las pruebas: si no somos presionados, Dios podrá sacar el potencial que hay dentro de nosotros. El agricultor presiona la uva, pero nunca aplasta la semilla porque de lo contrario el vino se volvería amargo. Dios no usa los problemas para amargarnos sino para transformarnos.

Las mejores uvas son las que no se amargan con este proceso, sino que se mantienen dulces. ¿El proceso te está amargando? La adversidad puede formarte o deformarte, pero todo depende de tu actitud. Recuerda que todas las cosas ayudan a bien a quienes aman a Dios. En vez de amargarte, quejarte o murmurar mejor dale gracias al Señor porque es a través de los problemas que Él forma tu carácter.

Luego de extraer el jugo empieza el proceso de maceración. En esta etapa la uva debe reposar para cobrar color, sabor y aroma. Es en esta fase en donde el jugo se transforma en vino. La maceración en esencia es un tiempo de espera. A veces tenemos fe para pasar por la presión, pero no para pasar por la maceración. Debemos entender que todo lo bueno toma tiempo. José esperó trece años desde que el Señor le dio el sueño hasta que gobernó Egipto. David esperó diecisiete años desde que lo ungieron hasta que llego a ser rey de Israel. Abraham esperó veinticinco años desde la promesa hasta que tuvo su primer hijo. Jesús esperó treinta años para hacer su primer milagro.

Si estas en un proceso de espera, vas por buen camino. Confía en que los planes de Dios se cumplirán y en que los procesos son necesarios, así que atraviésalos con la mejor actitud.


[1] Lucas 5:37-38 (RVC): Ni tampoco se echa vino nuevo en odres viejos, porque el vino nuevo hará que se revienten los odres; entonces el vino se derramará, y los odres se echarán a perder. El vino nuevo debe echarse en odres nuevos. Así, tanto el vino como los odres se conservan.

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