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Percepciones de Jesús

Percepciones de Jesús

26 de enero de 2020

Tiempo de lectura: 6 minutos

Cuando el fundamento de nuestras percepciones es incorrecto, las verdades que rigen nuestra vida pueden llegar a engañarnos. En mi niñez pensaba que mi perro Otelo era el único que me amaba. Mi percepción era errónea pero eso era lo que yo creía cuando estaba pasando momentos difíciles con mi familia. Jesús en la cruz percibió que Dios lo había abandonado, esa era su percepción basada en la aflicción que estaba atravesando. Nuestros sentidos nos pueden engañar en momentos de dificultad, por eso es más seguro confiar en su Palabra.

Las emociones crean ciertas convicciones que nos llevan a lugares en donde Dios no quiere que estemos. Las emociones negativas que estaba atravesando Elías le cambiaron su perspectiva de la situación. La angustia de ser perseguido le hizo creer que su vida iba a terminar. Hasta que volvió a escuchar la voz de Dios pudo tener la perspectiva correcta de lo que realmente estaba sucediendo.[1] No solo no iba a morir, sino que aún tenía que ungir a su sucesor y a un rey para el pueblo de Israel.

Al final Elías no estaba solo como él pensaba cuando se escondió en la cueva,[2] pero así se sentía por aflicción que estaba atravesando. ¿Cuántas veces hemos vivido malos momentos por tener malas percepciones? Imagínate cuanto tiempo perdió Elías preocupado porque Jezabel quería acabar con su vida, sin saber que él nunca iba a morir. Hay problemas que nos imaginamos que nunca nos van a suceder. No nos dejemos guiar por las emociones negativas, aprendamos a confiar en los planes de Dios para nosotros.

Elías era un hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras.[3] Esto nos debe dar esperanza que nuestra oración también es eficaz. Desde la perspectiva de Dios todos nosotros somos justos. No nos debería asombrar que Elías lograra detener la lluvia, nos debería asombrar que no se detuvo a pensar en sus limitaciones. Elías no se enfocó en él para hacer grandes milagros, puso su mirada en Dios únicamente.

La aflicción de Juan en la cárcel le cambió la percepción que tenía de Jesús. Incluso llego a dudar si Él era el mesías o debía esperar a otro.[4] Existen circunstancias adversas que nos hacen dudar pero es en ese momento en donde debemos usar nuestra fe. El miedo provocó que los discípulos vieran a Jesús como un fantasma.[5] Una percepción sin el fundamento correcto puede causarnos graves problemas. No permitamos que nuestro dolor cambie la buena percepción que tenemos del Señor.

En medio del dolor que produce el luto, Jesús paso de ser un amigo cercano para convertirse en alguien que abandona en el momento que más lo necesitan.[6] En medio del dolor nos vemos tentados en pensar mal de Dios. La tristeza nos puede nublar la perspectiva; pero incluso en la adversidad debemos seguir creyendo firmemente que Jesús es: el pan de vida, la luz verdadera, nuestro salvador, dueño del universo, fundamento de la creación, Rey de reyes y Señor de señores. Nuestra percepción correcta de quien es Él determinará el rumbo de nuestra vida.

La percepción que tenía Jesús de Pedro no cambio a pesar del error que cometió negándolo.[7] La impresión que tenía de Judas tampoco cambio a pesar de que lo traicionó.[8] Lo que Dios piensa de nosotros no varía a pesar de nuestros errores. Podemos estar confiados en que el Señor siempre tiene una buena percepción de nosotros. No somos determinados por nuestros errores, pecados o faltas, somos determinados por lo que el Señor cree de nosotros.

A Jesús no lo molesto la traición de Judas, ni la negación de Pedro pero la ofrenda mal entregada al Señor, eso sí lo molesto, al punto de volcar las mesas.[9] Las Escrituras nos demuestran lo importante que son las ofrendas ante los ojos de Dios.[10] Es tan importante lo que ofrecemos, que cuando muramos, Jesús nos va a dar un cuerpo glorificado porque Él no le va a entregar al Señor lo cojo, lo ciego o lo enfermo. Él le va a ofrecer lo mejor a su Padre. Busquemos alinear nuestras percepciones a su Palabra y nuestras convicciones se fortalecerán. Con nuestras creencias bien cimentadas en nuestro corazón, lograremos alcanzar el propósito de Dios para nuestra vida.


[1] 1 Reyes 19:9-13: Y allí se metió en una cueva, donde pasó la noche. Y vino a él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? El respondió: He sentido un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu pacto, han derribado tus altares, y han matado a espada a tus profetas; y sólo yo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. El le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová; pero Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto; pero Jehová no estaba en el terremoto. Y tras el terremoto un fuego; pero Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y se puso a la puerta de la cueva. Y he aquí vino a él una voz, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?

[2] 1 Reyes 19:18: Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron.

[3] Santiago 5:16-17: Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho. Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses.

[4] Mateo 11:2-6: Y al oír Juan, en la cárcel, los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos, para preguntarle: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? Respondiendo Jesús, les dijo: Id, y haced saber a Juan las cosas que oís y veis. Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos son limpiados, los sordos oyen, los muertos son resucitados, y a los pobres es anunciado el evangelio; y bienaventurado es el que no halle tropiezo en mí.

[5] Marcos 6:48-50: Y viéndoles remar con gran fatiga, porque el viento les era contrario, cerca de la cuarta vigilia de la noche vino a ellos andando sobre el mar, y quería adelantárseles. Viéndole ellos andar sobre el mar, pensaron que era un fantasma, y gritaron; porque todos le veían, y se turbaron. Pero en seguida habló con ellos, y les dijo: !!Tened ánimo; yo soy, no temáis!

[6] Juan 11:21: Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto.

[7] Lucas 22:31-34: Dijo también el Señor: Simón, Simón, he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. El le dijo: Señor, dispuesto estoy a ir contigo no sólo a la cárcel, sino también a la muerte. Y él le dijo: Pedro, te digo que el gallo no cantará hoy antes que tú niegues tres veces que me conoces.

[8] Lucas 22:47-48: Mientras él aún hablaba, se presentó una turba; y el que se llamaba Judas, uno de los doce, iba al frente de ellos; y se acercó hasta Jesús para besarle. Entonces Jesús le dijo: Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del Hombre?

[9] Mateo 21:12-16: Y entró Jesús en el templo de Dios, y echó fuera a todos los que vendían y compraban en el templo, y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; y les dijo: Escrito está: Mi casa, casa de oración será llamada; más vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Y vinieron a él en el templo ciegos y cojos, y los sanó. Pero los principales sacerdotes y los escribas, viendo las maravillas que hacía, y a los muchachos aclamando en el templo y diciendo: !!Hosanna al Hijo de David! se indignaron, y le dijeron: ¿Oyes lo que éstos dicen? Y Jesús les dijo: Sí; ¿nunca leísteis: De la boca de los niños y de los que maman Perfeccionaste la alabanza? 

[10] Malaquias 1:6-8: El hijo honra al padre, y el siervo a su señor. Si, pues, soy yo padre, ¿dónde está mi honra? y si soy señor, ¿dónde está mi temor? dice Jehová de los ejércitos a vosotros, oh sacerdotes, que menospreciáis mi nombre. Y decís: ¿En qué hemos menospreciado tu nombre? En que ofrecéis sobre mi altar pan inmundo. Y dijisteis: ¿En qué te hemos deshonrado? En que pensáis que la mesa de Jehová es despreciable. Y cuando ofrecéis el animal ciego para el sacrificio, ¿no es malo? Asimismo cuando ofrecéis el cojo o el enfermo, ¿no es malo? Preséntalo, pues, a tu príncipe; ¿acaso se agradará de ti, o le serás acepto? dice Jehová de los ejércitos.

 

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