El principio de lo primero

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El mensaje más importante que yo podría compartirte, como creyente en Cristo, es acerca de un principio que me ha ayudado mucho más que cualquier otro, el principio de lo primero.

Si colocas a Dios en primer lugar en tu vida, todo lo demás —sin falta— también se alineará para bien. Al contrario, si no te propones colocar a Dios en primera instancia, nada se alineará. Éxodo cita que el pueblo de Israel debía consagrar a Dios todo primogénito[1]. Además, explica detalles acerca de qué hacer para redimir a los primogénitos[2]. Tanta era la importancia que le daban a dicha cuestión. A partir de esto, cabe resaltar tres aspectos importantes:

El primero consiste en que el primogénito siempre debe ser sacrificado o redimido. Dios ofrece como ejemplo el cordero y el asno. El cordero es un animal puro, mientras que el asno no. Por tanto, el principio consiste en que el primogénito de un animal puro debe ser sacrificado, pero si es de un animal impuro, debe ser redimido con el sacrificio de un animal puro.

Jesucristo, el primogénito de Dios y primogénito de muchos hermanos, nació puro, mientras que todos los demás nacimos impuros, con naturaleza pecaminosa, a causa del pecado de Adán. Esto es fácil de comprobar con responderse una sola pregunta: ¿le tuvimos que enseñar a nuestros hijos a ser malcriados? Está claro que no, y es porque todos, sin excepción, nacimos impuros. Jesucristo, el único hombre puro, tuvo que ser sacrificado para redimirnos.

Dios siempre reitera que el primer fruto, la primera cría, siempre le pertenece. Y desde luego, se requiere de mucha fe para entregar lo primero que se recibe. Dios nunca dice: “Espera a que tu oveja produzca diez corderos para que me entregues uno”.

Cuando Dios prometió la Tierra Prometida al pueblo de Israel, nunca dijo que le entregasen las diez ciudades que conquistarían, sino que le entregasen Jericó, la primera ciudad. A partir de ella, todas las demás serían redimidas. Sin embargo, cuando se quedaron con parte de la primera, los israelitas fueron derrotados en la segunda cuidad y no progresaron mientras no devolvieran a Dios lo que le pertenecía.

Esto se aplica fácilmente al diezmo. Dios no dice: “Paga todas tus cuentas y luego entrégame lo que te queda”. Él pide el primer 10% porque, además, se requiere de fe para dar el primero. Este es un principio en todas las Escrituras, Dios nunca le dijo a Abraham: “Ten muchos hijos y luego sacrifica uno de ellos”, sino que le pidió el primero frente a todos los demás. Asimismo, Dios no esperó vernos enderezados para darnos a Jesucristo, Su primer y único Hijo. Estoy convencido de que este principio va a transformar tu vida, dado que el diezmo representa la única área donde Dios te pide que le pruebes: “Ofrece el diezmo al alfolí y derramaré tanta bendición, que no la podrás contener”.

El segundo aspecto consiste en que las primicias siempre deben ofrecerse al Señor[3]. Esto hace clara referencia a lo primero que produzca la tierra. Nótese, además, que la Palabra habla de “traer” y no de “dar”, y la razón es simple: nadie puede dar lo que no le pertenece, y el diezmo le pertenece a Dios.

¿Por qué Dios rechazó la ofrenda de Caín pero no la de Abel? La respuesta puede hallarse en este mismo principio acerca de las primicias. Para comprenderlo, debemos notar que la ofrenda de Abel fue primicia y la de Caín no[4]. Dios no aceptó la ofrenda de Caín porque no podía hacerlo, Él solo puede aceptar las primicias.

Esto demuestra que, aunque parezca irónico, hay cosas que Dios no puede hacer porque no puede actuar de una manera contraria a su propia naturaleza. Por ejemplo, Dios no puede mentir porque Él, en sí, es la verdad. Tampoco puede cambiar porque Él es perfecto. Si Dios pudiera cambiar, eso implicaría en que también podría mejorar, algo imposible porque Él ya es la mejor versión posible de sí mismo. Dios tampoco puede fingir así como nosotros pensamos y a eso se debe su omnisciencia: Él lo sabe todo al mismo tiempo. La razón por la cual no piensa como nosotros es porque cuando nosotros lo hacemos es para tratar de descifrar algo; Dios, en cambio, no trata de descifrar nada: Él todo lo sabe.

Volviendo a Caín y Abel, la razón por la que no aceptó la ofrenda del primogénito de Adán es porque Dios jamás podría estar en segundo lugar, Él siempre debe estar primero, siempre será primero y único en todo momento.

El tercer y último aspecto consiste en que el diezmo siempre debe ir de primero porque le pertenece a Dios[5]. Literalmente, el diezmo debe ser lo primero que salga de tu mano. Muchos apartan para la casa, la comida, la gasolina o la ropa, quedándose muchas veces sin entregarle a Dios lo que le pertenece. Sin embargo, aun cuando quedara suficiente para darle a Dios lo que le corresponde, Él no lo aceptaría con agrado porque solo puede aceptar lo primero, solo es digno de recibir lo primero. No obstante, no estoy hablando de una ley, sino de un principio. Hablo de tu corazón, ahí donde Dios siempre debe estar primero.

Éxodo 13 inicia hablando acerca del primogénito. En el mismo capítulo, a partir del verso 14, se motivaba a los padres a explicar a sus hijos lo que Dios había hecho por ellos y por qué cumplían con la consagración del primogénito[6]. Un día, tu hijo te preguntará por qué siempre sacrificas al primogénito, por qué le das tanto dinero a la iglesia —a mí también me pasó—; entonces, tendrás que responderle: “Hijo, hay algo acerca de nuestra familia que tú no sabes: nosotros no siempre tuvimos esta empresa: éramos esclavos. Nosotros no disponíamos de ningún tipo de libertad, pero Dios nos liberó y nos ha dado todo lo que ahora ves a tu alrededor; por lo tanto, con deleite y gozo, ahora le damos a Dios lo primero que tenemos”. No estoy hablando de ninguna ley, estoy hablando de una cuestión de amor. Le damos a Dios la primera parte de nuestras cosechas porque lo amamos y porque merece toda honra y gloria.


[1] Éxodo 13:2:  Conságrame todo primogénito. Cualquiera que abre matriz entre los hijos de Israel, así de los hombres como de los animales, mío es.

[2] Éxodo 13: 12-13: Dedicarás a Jehová todo aquel que abriere matriz, y asimismo todo primer nacido de tus animales; los machos serán de Jehová. Mas todo primogénito de asno redimirás con un cordero; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. También redimirás al primogénito de tus hijos.

[3] Éxodo 23:19: Las primicias de los primeros frutos de tu tierra traerás a la casa de Jehová tu Dios. No guisarás el cabrito en la leche de su madre.

[4] Génesis 4:3-5:  Y aconteció andando el tiempo, que Caín trajo del fruto de la tierra una ofrenda a Jehová. Y Abel trajo también de los primogénitos de sus ovejas, de lo más gordo de ellas. Y miró Jehová con agrado a Abel y a su ofrenda; pero no miró con agrado a Caín y a la ofrenda suya. Y se ensañó Caín en gran manera, y decayó su semblante.

[5] Levítico 27:30: Y el diezmo de la tierra, así de la simiente de la tierra como del fruto de los árboles, de Jehová es; es cosa dedicada a Jehová.

[6] Éxodo 13:14-15: Y cuando mañana te pregunte tu hijo, diciendo: ¿Qué es esto?, le dirás: Jehová nos sacó con mano fuerte de Egipto, de casa de servidumbre; y endureciéndose Faraón para no dejarnos ir, Jehová hizo morir en la tierra de Egipto a todo primogénito, desde el primogénito humano hasta el primogénito de la bestia; y por esta causa yo sacrifico para Jehová todo primogénito macho, y redimo al primogénito de mis hijos.

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