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Propósito 2020

Propósito 2020

24 de mayo de 2020

Tiempo de lectura: 4 minutos

Sin importar la situación que estemos atravesando, debemos recordar que somos personas bendecidas. Ninguna circunstancia podrá detener el propósito de Dios en nuestra vida, si así lo creemos. Tendremos que aprender a adaptarnos a los cambios que las crisis traen, pero mantengamos firme nuestra confianza en Él.

Cada vez que la humanidad ha enfrentado situaciones adversas ha surgido lo mejor de ella. Confiemos en que así será también durante la pandemia del COVID-19.

La persecución provocó que los discípulos predicaran en Judea, Samaria[1] y en todas las naciones.[2] Hay situaciones de la vida a las que no les encontramos sentido sino hasta que llegamos al cumplimiento del propósito de Dios. Todo lo que nos sucede es necesario para que Sus planes se cumplan, incluso esas malas temporadas. ¡Para los que amamos al Señor todo nos sirve para bien!

Dios usó una tormenta para que Pablo llevara las buenas noticias del Evangelio hasta Roma.[3] Hay problemas que nos redireccionan al cumplimiento de nuestro llamado. Podemos tener el control de algunas áreas de nuestra vida, pero no de todas. En ese momento es cuando debemos aprender a confiar más en Él. Ocupémonos exclusivamente en lo que sí está en nuestras manos: las emociones, los pensamientos, la buena administración de recursos y la fe. Todo lo demás dejémoselo al Señor.

Pablo y todos los tripulantes del barco se encontraban a la deriva, no tenían el control de la nave y no sabían hacia dónde se dirigían a causa de la tempestad. Habían perdido toda esperanza de salvarse.[4] Por más que especulemos, jamás tendremos la certeza de lo que va a suceder. Confiemos en que el Señor nos guiará en tiempos de confusión e incertidumbre.

No podemos vivir en el “hubiera”, tenemos que estar conscientes de lo que está sucediendo, no de lo que podría haber sucedido. Hay circunstancias que no podemos cambiar e insistir en cambiarlas no tiene sentido. Esas incomodidades de la vida provocadas por los problemas han forjado el carácter dentro de nosotros. Lo que necesitamos en medio de la adversidad es tener buen ánimo y fe. Confiemos en que Dios es más grande que cualquier circunstancia y encontraremos paz en medio de los problemas.[5]

Antes de escuchar la voz del Señor, Pablo pensaba que el viaje iba a ser un gran problema en donde todos iban a perder la vida.[6] Pero recobró la esperanza después de escuchar a Dios decirle que no tuviera miedo y que todo iba a estar bien. Escuchar al Señor es lo que determina nuestro ánimo y la perspectiva con la que vemos las circunstancias, incluso las más adversas. Lo que necesitamos en medio de los problemas es una palabra de fe, esperanza y ánimo.

El destino de Pablo era llegar al emperador romano con el propósito de testificar del Señor, la ruta hacia ese destino no la pudo determinar ni el capitán, ni los tripulantes y ni siquiera él, solamente Dios. Él sabe a dónde vamos y cuál es la mejor ruta para llegar. Si nos dio Su promesa de que vamos a estar bien, cobremos ánimo y vivamos confiados.[7]

Los comentarios que hacemos dentro de nuestra casa acerca del futuro llenan de duda o de fe a toda nuestra familia. Aprendamos a hablar con fe en medio de la crisis para poder ver días mejores.[8] Lo que vivamos mañana será determinado por la forma en que hablemos hoy. Por más fuerte que parezca la tormenta, confiemos en que Dios nos sacará adelante.


[1] Hechos 8:1: Y Saulo consentía en su muerte. En aquel día hubo una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén; y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles.

[2] Hechos 8:4: Pero los que fueron esparcidos iban por todas partes anunciando el evangelio.

[3] Hechos 27::13-19: Y soplando una brisa del sur, pareciéndoles que ya tenían lo que deseaban, levaron anclas e iban costeando Creta. Pero no mucho después dio contra la nave un viento huracanado llamado Euroclidón. Y siendo arrebatada la nave, y no pudiendo poner proa al viento, nos abandonamos a él y nos dejamos llevar. Y habiendo corrido a sotavento de una pequeña isla llamada Clauda, con dificultad pudimos recoger el esquife. Y una vez subido a bordo, usaron de refuerzos para ceñir la nave; y teniendo temor de dar en la Sirte, arriaron las velas y quedaron a la deriva. Pero siendo combatidos por una furiosa tempestad, al siguiente día empezaron a alijar, y al tercer día con nuestras propias manos arrojamos los aparejos de la nave.

[4] Hechos 27:20-22: Y no apareciendo ni sol ni estrellas por muchos días, y acosados por una tempestad no pequeña, ya habíamos perdido toda esperanza de salvarnos. Entonces Pablo, como hacía ya mucho que no comíamos, puesto en pie en medio de ellos, dijo: Habría sido por cierto conveniente, oh varones, haberme oído, y no zarpar de Creta tan sólo para recibir este perjuicio y pérdida. Pero ahora os exhorto a tener buen ánimo, pues no habrá ninguna pérdida de vida entre vosotros, sino solamente de la nave.

[5] Hechos 27:23-25: Porque esta noche ha estado conmigo el ángel del Dios de quien soy y a quien sirvo, diciendo: Pablo, no temas; es necesario que comparezcas ante César; y he aquí, Dios te ha concedido todos los que navegan contigo. Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como se me ha dicho.

[6] Hechos 27:10: Diciéndoles: Varones, veo que la navegación va a ser con perjuicio y mucha pérdida, no sólo del cargamento y de la nave, sino también de nuestras personas.

[7] Hechos 27:33-38: Cuando comenzó a amanecer, Pablo exhortaba a todos que comiesen, diciendo: Este es el decimocuarto día que veláis y permanecéis en ayunas, sin comer nada. Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud; pues ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá. Y habiendo dicho esto, tomó el pan y dio gracias a Dios en presencia de todos, y partiéndolo, comenzó a comer. Entonces todos, teniendo ya mejor ánimo, comieron también. Y éramos todas las personas en la nave doscientas setenta y seis. Y ya satisfechos, aligeraron la nave, echando el trigo al mar.

[8] Santiago 3:5: Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, !!cuán grande bosque enciende un pequeño fuego!

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