Que tu futuro afecte tu presente

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Lo que hacemos hoy repercutirá en los próximos cinco, diez o veinte años. ¿Estudiar o no en la universidad? ¿Renunciar o no a nuestro trabajo? ¿Emprender o no un negocio? Cada una de nuestras decisiones tiene consecuencias. Nuestro presente afecta nuestro futuro y, aunque suene confuso, nuestro futuro también afecta nuestro presente. Voy a explicarte de qué forma.

Un primer punto importante es tomar en cuenta que Dios nos ama y es nuestro Creador, formador, y Redentor. Recordemos que redimió, renombró y formó a Jacob.[1] Si Él nos creó, también permitámosle que nos forme. En nuestra vida somos formados de diferentes formas a través del conocimiento y de la experiencia. Si estudiaste para ser ingeniero civil, tu carácter se formará solo sobre la marcha, construyendo obras. Podrías haber estudiado leyes y conocerlas todas, pero la experiencia que llega al enfrentar y resolver un caso construye tu trayectoria como abogado. De igual modo, Dios usa las Escrituras para formarnos: las leemos, las aprendemos y las confesamos, pero solo nuestras situaciones de vida nos permitirán ponerlas en práctica. Después de determinadas experiencias no volvemos a ser los mismos, pero no solo se aprende de los sucesos malos. ¿Quién dice que levantar un trofeo o portar una medalla no forma nuestro carácter? Somos formados cuando ganamos y cuando perdemos si tenemos la actitud correcta para aprender. Una misma situación puede formarte o deformarte, todo depende de tu actitud para enfrentarla. Demos gracias a Dios porque no solo es nuestro Creador, sino también nuestro formador y Redentor.

Además, Dios es quien nos da nuestra identidad, nos pone un nombre. Tu nombre significa algo en tu labor, en tu lugar de trabajo, entre los amigos y conocidos. Significa, por ejemplo, que llegas puntual o llegas tarde, que trabajas bien o no, que eres generoso o codicioso… Un mismo nombre puede tener significados diferentes, dependiendo de quién lo porte. Dios le puso un nombre nuevo a Jacob y así como nos da una identidad también le da un nuevo sentido a nuestra vida. Él siempre está con nosotros[2] y nos hace vivir confiados.[3] Como hijos de Dios, nuestro gozo debe fundamentarse en disfrutar de su presencia más que en recibir algo de sus manos. ¡Él nos da gozo y nos hace vivir confiados en la abundancia y también en la escasez![4] [5] El gozo del Señor es tu fuerza para el presente porque Él ya tiene planeado tu futuro de bendición. Todo yugo de angustia, temor y aflicción se pudre con el gozo que el Señor te regala.

Todos hemos recibido visitas inesperadas. De repente abrimos la puerta porque estamos a punto de salir y alguien aparece allí. Pues bien, también hay una visita inesperada que siempre se aparece en casa: la duda. ¿Por qué dudó Juan el Bautista?[6] Talvez porque estaba encarcelado y sabía que lo iban a decapitar. Su agonía y aflicción fue tal que dudó si Jesús era el Mesías. Todos enfrentamos emociones negativas y positivas, solo debemos aprender a manejarlas. Si decides con la emoción y no con la razón cometerás muchos errores. El Bautista hizo algo inteligente: no asumió nada y prefirió preguntar. Una pregunta bien hecha y permanecer firmes en las Escrituras son la solución ante la duda.

Los apóstoles habían visto dos milagros de multiplicación de panes, pero aun así dudaron;[7] Después de dos experiencias tan poderosas no habían renovado su entendimiento. Dios nos da unción y Palabra. Su unción nos libera, pero es su Palabra la que nos transforma. Cuando la duda te visite, tu convicción sobre el amor de Dios debe cerrarle la puerta. Si estamos convencidos de que nada nos faltará,[8] ¿tiene sentido el afán de hoy? Si Dios ya garantizó tu futuro de bien, que no te aflija tu presente. ¡Confía porque Él tiene tu vida en sus manos!

Tu futuro es bueno, así que no tiene sentido el temor en el presente. ¡Gózate en todo momento! ¿Por qué puedes creer que una gripe se te puede pegar y no la unción de Dios? Su unción no llega porque sepas más o porque seas más santo, sino porque eres como un niño que confía. No hay razón para condenarte por lo que has hecho hoy o lo que hiciste ayer si Él te perdona y conforta tu alma.

No dudes ni te angusties porque Dios tiene un futuro bueno para ti. Su plan es hacerte bien, así que lo que parece malo en el presente no prevalecerá. Que tu fe te ayude cambiar tu temor por valor. Si Dios dice que fortalecerá tu alma, no te aflijas, y si dice que nada te faltará, el afán no tiene sentido. Si conoces tu futuro, vive confiado tu presente. Insiste en la presencia de nuestro Padre con esa santa terquedad hasta que recibas lo que Él tiene para ti.


[1] Isaías 43:1: Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.

[2] Isaías 43:2: Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.

[3] Salmos 4:7-8: Tú diste alegría a mi corazón mayor que la de ellos cuando abundaba su grano y su mosto. En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado.

[4] Salmos 4:7-8 (PDT): Tú me has hecho sentirme más feliz que ellos en los momentos de las mejores cosechas. En completa paz me acuesto y me duermo, porque tú, Señor, me haces vivir tranquilo.

[5] Salmos 4:7-8 (DDH): Tú me has hecho sentirme más feliz que ellos en los momentos de las mejores cosechas. En completa paz me acuesto y me duermo, porque tú, Señor, me haces vivir tranquilo.

[6] Lucas 7:17-23: Esta noticia se divulgó por toda Judea y sus alrededores. Los seguidores de Juan fueron y le contaron a él todo lo que había pasado. Entonces Juan llamó a dos de ellos y los envió a preguntarle al Señor: «¿Eres el que iba a venir, o debemos esperar a alguien más?» Los enviados llegaron hasta donde estaba Jesús y le dijeron: —Juan el Bautista nos envió a preguntarte lo siguiente: “¿Eres el que iba a venir, o debemos esperar a alguien más?” En ese momento Jesús sanó a mucha gente que tenía enfermedades, dolencias y espíritus malignos y les dio la vista a muchos ciegos. Entonces les contestó: —Vayan y cuéntenle a Juan lo que han visto y escuchado. Los ciegos ven, los cojos caminan, los leprosos son sanados, los sordos oyen, los muertos resucitan y a los pobres se les anuncia la buena noticia. Afortunado el que no dude de mí.

[7] Mateo 16:8: Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Por qué pensáis dentro de vosotros, hombres de poca fe, que no tenéis pan?

[8] Salmos 23:1: Jehová es mi pastor; nada me faltará.

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