Re-conquistar: efecto re

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Necesitamos repetir nuestras victorias una y otra vez. Repetir los milagros y nuestros prodigios. Volver a sentir a Dios en nuestra casa y en nuestro ser.

Sé que hay muchas situaciones que nunca quisiéramos repetir. A ningún estudiante le gustaría repetir el año escolar o a un padre el dolor de ver a su hijo sufrir, sin embargo, también hay repeticiones que no son tan malas, como cuando repetimos pavo en Navidad o un viaje a una ciudad que nos encanta. Algo hay en el acto de repetir que nos fortalece, y más aún si se hace de manera constante; pues pueda ser que tengas mucho talento, pero si no repites lo que forja tu carácter, tu talento no podrá ser aprovechado al máximo.

Esto me hace recordar a un fisiculturista guatemalteco de 66 años que compitió en Míster Olimpia Senior y ganó. ¿Cómo lo logró? Simple: repitiendo una y otra vez los ejercicios que le dieron la condición física para ganar. La consistencia en tus repeticiones será lo que te de una reputación, pero también una buena reputación se puede perder fácilmente. Si haces tonterías aquí y allá, ¿qué reputación adquirirías? La de un re-tonto, por supuesto; pero si, por el contrario, ayudas a alguien y repites esa misma ayuda con alguien más, y luego con alguien más, adquirirás una reputación de una persona con un extraordinario corazón. “Somos lo que repetimos constantemente”, dijo Aristóteles, y en nuestras repeticiones hay poder.

Cuando no conseguimos más de la vida es porque no repetimos más (y esto aplica en todos los aspectos). ¿Quieres ser un buen predicador? Repite y repite la prédica. ¿Quieres que el Señor te escuche? Ora sin cesar.[1] ¿Quieres tener una mejor condición física? Repite rutinas de ejercicios. Solo lo que se repite una y otra vez hará la diferencia.

Naamán, general del ejército de Siria, era leproso. En busca de una cura a su enfermedad acudió a Eliseo y este lo envió a zambullirse siete veces en el río Jordán.[2] Para que ocurriera el milagro de sanación, tuvo que repetir una misma acción no una, ni dos, ni tres, sino ¡siete veces![3] ¿Te imaginas su frustración al salir del agua del río la primera, segunda, cuarta o quinta vez sin que ocurriera absolutamente nada diferente? Sin embargo, Naamán no dejó de entrar una y otra vez en las aguas del río hasta ver su milagro. Repitió este acto con fe.

No sé cuántas veces tendrás que repetir algunos procesos en tu vida, pero puedes estar seguro de que Dios recompensará la repetición y la insistencia con la que haces tus oraciones y procuras lo que sea necesario para verlas cumplidas. ¡No te canses de perseguir tu milagro! Haz tu parte y Él cumplirá la Suya.

El Señor le preguntó a Ezequiel por cosas sobre las cuales Él ya sabía la respuesta.[4] ¿Te has preguntado por qué Dios nos hace preguntas acerca de cosas que Él ya sabe? Porque quiere que, como espada, declaremos con nuestra boca.  Solo Su Palabra puesta en nuestra boca hará que sucedan cosas grandes. Él no tiene dudas, y más bien, somos nosotros quienes necesitamos creer.

Debes a reconquistar tu fe y con ello todas las bendiciones del Señor. Nuestra esperanza está basada en la repetición de acciones que le honren. Si hasta ahora no has alcanzado las metas que deseas en la vida, eso no significa que Dios no te las haya prometido, por tanto, no debes abandonarlas. ¿Cuántos empiezan en el gimnasio en enero y un día de tantos dejan de ir? ¿Cuántos se proponen ahorrar con disciplina y de repente ven algo que los motiva a gastárselo todo? Seguramente ya hemos sido testigos de cosas muy buenas, pero es tiempo de verlas otra vez. Si una promesa del Señor aún no se ha cumplido en tu vida, saca tu espada: declara Su Palabra con tu boca[5] y confía en que se cumplirá.

No se vale renunciar ni rendirse. Levántate una y otra vez hasta que lo logres. Si eres líder, retoma tu compromiso con Dios. Él necesita que tu espada salga otra vez de tu boca, abre tu grupo de amistad si lo has cerrado por alguna u otra razón. No es tu iglesia quien te necesita, sino el Señor. ¡Resiste, no renuncies, repite y reconquista!


[1]1 Tesalonicenses 5:17: Orad sin cesar.

[2]2 Reyes 5:9-10: Y vino Naamán con sus caballos y con su carro, y se paró a las puertas de la casa de Eliseo. Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio.

[3]2 Reyes 5:14: El entonces descendió, y se zambulló siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del varón de Dios; y su carne se volvió como la carne de un niño, y quedó limpio.

[4]Ezequiel 37:1-3: La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos. Y me hizo pasar cerca de ellos por todo en derredor; y he aquí que eran muchísimos sobre la faz del campo, y por cierto secos en gran manera. Y me dijo: Hijo de hombre, ¿vivirán estos huesos? Y dije: Señor Jehová, tú lo sabes.

[5]Efesios 6:17: Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios.

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