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Recibamos al Espíritu Santo

Recibamos al Espíritu Santo

13 de octubre de 2022

Tiempo de lectura: 2 minutos

Hablar del Espíritu Santo es importante, pero conocerlo, lo es aún más. Nuestro cuerpo es templo del Espíritu de Dios y no hay mayor privilegio que ser la morada donde Él habita.

La gracia por la cual somos salvos no funciona sin fe.[1] La salvación es tan cara que solo gratis la podríamos recibir. No debemos pagar nada por ella: Jesús ya la pagó con su vida en la cruz del Calvario.[2] No hay regalo más grande que ser salvo y eso lo obtenemos con fe, pues todo lo que viene de Dios solamente lo podemos recibir creyendo, con un corazón humilde, que Él es capaz de dárnoslo. No hay otra fórmula.

La carne siempre querrá reconocimiento, pero para recibir las promesas de Dios, Él solo requerirá de nuestra fe y obediencia hasta en las cosas más sencillas.[3] Y el Señor cumple con todo lo que promete. Debemos esperar la promesa del Padre para ser bautizados por el Espíritu Santo.[4] Si somos capaces de comprender esta verdad podremos ser llenos de Él en dondequiera que estemos y del mismo modo podremos llenar a otras personas.

Así que no olvides que la fórmula para alcanzar la salvación es una sola: fe.


[1] Efesios 2:8: Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios.

[2] Gálatas 3:13-14: Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero), para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.

[3] Lucas 24:49: He aquí, yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto.

[4] Hechos 1:3-5: A quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios. Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre, la cual, les dijo, oísteis de mí. Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo dentro de no muchos días.

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