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Regresando a casa

Regresando a casa

07 de junio de 2020

Tiempo de lectura: 8 minutos

Después de varios meses de enfrentar la pandemia del COVID-19, todo el mundo se está preguntando cuándo vamos a regresar a la normalidad. Lo importante no solo es saber cuándo, sino cómo vamos a estar cuando eso suceda. ¿Seremos mejores personas? ¿Regresaremos con mejores hábitos y actitudes? Debemos ser intencionales en este tiempo y aprovecharlo para encontrar la mejor versión de nosotros.

La Biblia narra la historia de un padre y dos hijos, a uno de los cuales se le conoce como “el hijo pródigo” La palabra pródigo significa “el que malgasta o el que derrocha”. Uno de los hijos juntó todo lo que su padre le había dado como herencia y se marchó. Estando lejos se dedicó a vivir perdidamente y de esta forma desperdició todos sus bienes.[1] Hubo una crisis en el lugar en donde se encontraba y como ya no tenía recursos llegó al punto de desear la comida de los cerdos. En su peor momento cobró conciencia de que debía volver con su padre y aprender de él cómo administrar bien sus finanzas.[2] La sabiduría de nuestros padres es la mejor herencia que podemos recibir de ellos.

El arrepentimiento del hijo pródigo lo llevó de vuelta a su padre, con una actitud humilde para aprender sus enseñanzas.[3] La crisis que experimentó se agravó por su mala manera de administrar su herencia. Podemos pasar malos momentos económicos, pero jamás menospreciemos las enseñanzas que nuestro Padre nos da en Su Palabra. Este es un tiempo de creer por nuestra provisión de parte de Él, pero también de administrar con sabiduría.

Jacob también experimentó adversidades, pero en medio de todas confío en el Señor. En el momento que tuvo que regresar a su tierra lo hizo habiendo administrado bien los recursos con los que contaba cuando salió.[4] Si queremos tener abundancia en nuestra vida, aprendamos a confiar en Él como nuestro proveedor.

Esaú al reencontrarse con su hermano Jacob le perdonó todo lo que había causado enemistad entre ellos.[5] Ambos reconocieron que Dios le había dado a cada uno su propia bendición.[6] ¿Cómo vamos a regresar después de la pandemia del COVID-19? ¿Con todo o sin nada? Esto irá determinado por las decisiones que tomemos.[7] El Señor tiene un plan para cada uno de nosotros, no le demos lugar a la envidia o a la enemistad. Si tenemos fe veremos cada una de las promesas del Señor cumplirse en nuestra vida y en la de los demás.

Debemos pensar, hablar y actuar como personas bendecidas.[8] ¿Crees que una enfermedad es más fuerte que la bendición que Dios nos dio? Ninguna circunstancia puede limitar las promesas que Él ya nos hizo, por eso confiemos en que veremos Su voluntad cumplirse en nuestra vida.

Jacob salió sin nada y regresó con abundancia. Confió en el Señor aunque no entendiera el proceso que estaba atravesando. La presencia de Dios lo acompañó en todo el camino, por eso vivía confiado sin importar la circunstancia. Jacob aprendió a descansar en Él, en todo momento, incluso en medio de la adversidad. Por eso que ninguna crisis nos quite la capacidad de soñar y creer.[9]

Si estamos desempleados eso no quiere decir que dejaremos de ser bendecidos. Nuestra bendición no está determinada por nuestro trabajo porque quien nos bendice es Él y lo puede hacer de muchas maneras. Jacob experimentó muchas injusticias cuando trabajó con Labán, su suegro,[10] pero ninguna de ellas evitó que la bendición del Señor estuviese sobre su vida. Se reinventó una y otra vez,[11] confiando en que la bendición de Dios lo alcanzaría sin importar las circunstancias.[12]

Aunque Jacob experimentó injusticias, el Señor jamás dejó de mostrarle su fidelidad.[13] El voto que hizo con Él fue lo que determinó la forma en que salió del tiempo de crisis. Acerquémonos al Señor en todo tiempo, reconozcamos que tenemos a quien acudir en medio de los problemas. Él hará memoria de todo lo que le ofrezcamos y nos dará la cosecha en el momento más oportuno.[14]

El voto que hizo Jacob con Dios fue lo que marcó la diferencia entre él y el hijo pródigo. Ambos vivieron escasez y problemas, pero uno pactó con el Señor y le creyó; mientras que el otro, no. ¿Estas creyéndole a Él en esta temporada? Lo que creamos hoy será lo que nos abrirá las puertas hacia un mejor futuro.


[1] Lucas 15:11-13: También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente.

[2] Lucas 15:14-16: Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba.

[3] Lucas 15:17-19: Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros.

[4] Génesis 32:9-19: Y dijo Jacob: Dios de mi padre Abraham, y Dios de mi padre Isaac, Jehová, que me dijiste: Vuélvete a tu tierra y a tu parentela, y yo te haré bien; menor soy que todas las misericordias y que toda la verdad que has usado para con tu siervo; pues con mi cayado pasé este Jordán, y ahora estoy sobre dos campamentos. Líbrame ahora de la mano de mi hermano, de la mano de Esaú, porque le temo; no venga acaso y me hiera la madre con los hijos. Y tú has dicho: Yo te haré bien, y tu descendencia será como la arena del mar, que no se puede contar por la multitud. Y durmió allí aquella noche, y tomó de lo que le vino a la mano un presente para su hermano Esaú: doscientas cabras y veinte machos cabríos, doscientas ovejas y veinte carneros, treinta camellas paridas con sus crías, cuarenta vacas y diez novillos, veinte asnas y diez borricos. Y lo entregó a sus siervos, cada manada de por sí; y dijo a sus siervos: Pasad delante de mí, y poned espacio entre manada y manada. Y mandó al primero, diciendo: Si Esaú mi hermano te encontrare, y te preguntare, diciendo: ¿De quién eres? ¿y adónde vas? ¿y para quién es esto que llevas delante de ti? entonces dirás: Es un presente de tu siervo Jacob, que envía a mi señor Esaú; y he aquí también él viene tras nosotros. Mandó también al segundo, y al tercero, y a todos los que iban tras aquellas manadas, diciendo: Conforme a esto hablaréis a Esaú, cuando le hallareis.

[5] Génesis 27:41: Y aborreció Esaú a Jacob por la bendición con que su padre le había bendecido, y dijo en su corazón: Llegarán los días del luto de mi padre, y yo mataré a mi hermano Jacob.

[6] Génesis 33:1-12:  Alzando Jacob sus ojos, miró, y he aquí venía Esaú, y los cuatrocientos hombres con él; entonces repartió él los niños entre Lea y Raquel y las dos siervas. Y puso las siervas y sus niños delante, luego a Lea y sus niños, y a Raquel y a José los últimos. Y él pasó delante de ellos y se inclinó a tierra siete veces, hasta que llegó a su hermano. Pero Esaú corrió a su encuentro y le abrazó, y se echó sobre su cuello, y le besó; y lloraron. Y alzó sus ojos y vio a las mujeres y los niños, y dijo: ¿Quiénes son éstos? Y él respondió: Son los niños que Dios ha dado a tu siervo. Luego vinieron las siervas, ellas y sus niños, y se inclinaron. Y vino Lea con sus niños, y se inclinaron; y después llegó José y Raquel, y también se inclinaron. Y Esaú dijo: ¿Qué te propones con todos estos grupos que he encontrado? Y Jacob respondió: El hallar gracia en los ojos de mi señor. Y dijo Esaú: Suficiente tengo yo, hermano mío; sea para ti lo que es tuyo. Y dijo Jacob: No, yo te ruego; si he hallado ahora gracia en tus ojos, acepta mi presente, porque he visto tu rostro, como si hubiera visto el rostro de Dios, pues que con tanto favor me has recibido. Acepta, te ruego, mi presente que te he traído, porque Dios me ha hecho merced, y todo lo que hay aquí es mío. E insistió con él, y Esaú lo tomó. Y Esaú dijo: Anda, vamos; y yo iré delante de ti.

[7] Génesis 33:20: Y erigió allí un altar, y lo llamó El-Elohe-Israel.

[8] Génesis 28:1-4: Entonces Isaac llamó a Jacob, y lo bendijo, y le mandó diciendo: No tomes mujer de las hijas de Canaán. Levántate, ve a Padan-aram, a casa de Betuel, padre de tu madre, y toma allí mujer de las hijas de Labán, hermano de tu madre. Y el Dios omnipotente te bendiga, y te haga fructificar y te multiplique, hasta llegar a ser multitud de pueblos; y te dé la bendición de Abraham, y a tu descendencia contigo, para que heredes la tierra en que moras, que Dios dio a Abraham.

[9] Génesis 28:10-17: Salió, pues, Jacob de Beerseba, y fue a Harán. Y llegó a un cierto lugar, y durmió allí, porque ya el sol se había puesto; y tomó de las piedras de aquel paraje y puso a su cabecera, y se acostó en aquel lugar. Y soñó: y he aquí una escalera que estaba apoyada en tierra, y su extremo tocaba en el cielo; y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella. Y he aquí, Jehová estaba en lo alto de ella, el cual dijo: Yo soy Jehová, el Dios de Abraham tu padre, y el Dios de Isaac; la tierra en que estás acostado te la daré a ti y a tu descendencia. Será tu descendencia como el polvo de la tierra, y te extenderás al occidente, al oriente, al norte y al sur; y todas las familias de la tierra serán benditas en ti y en tu simiente. He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho. Y despertó Jacob de su sueño, y dijo: Ciertamente Jehová está en este lugar, y yo no lo sabía. Y tuvo miedo, y dijo: ¡Cuán terrible es este lugar! No es otra cosa que casa de Dios, y puerta del cielo.

[10] Génesis 30:34-36: Dijo entonces Labán: Mira, sea como tú dices. Y Labán apartó aquel día los machos cabríos manchados y rayados, y todas las cabras manchadas y salpicadas de color, y toda aquella que tenía en sí algo de blanco, y todas las de color oscuro entre las ovejas, y las puso en mano de sus hijos. Y puso tres días de camino entre sí y Jacob; y Jacob apacentaba las otras ovejas de Labán.

[11] Génesis 30:37-39: Tomó luego Jacob varas verdes de álamo, de avellano y de castaño, y descortezó en ellas mondaduras blancas, descubriendo así lo blanco de las varas. Y puso las varas que había mondado delante del ganado, en los canales de los abrevaderos del agua donde venían a beber las ovejas, las cuales procreaban cuando venían a beber. Así concebían las ovejas delante de las varas; y parían borregos listados, pintados y salpicados de diversos colores.

[12] Génesis 30:43: Y se enriqueció el varón muchísimo, y tuvo muchas ovejas, y siervas y siervos, y camellos y asnos.

[13] Génesis 31:4-13: Envió, pues, Jacob, y llamó a Raquel y a Lea al campo donde estaban sus ovejas, y les dijo: Veo que el semblante de vuestro padre no es para conmigo como era antes; mas el Dios de mi padre ha estado conmigo. Vosotras sabéis que con todas mis fuerzas he servido a vuestro padre; y vuestro padre me ha engañado, y me ha cambiado el salario diez veces; pero Dios no le ha permitido que me hiciese mal. Si él decía así: Los pintados serán tu salario, entonces todas las ovejas parían pintados; y si decía así: Los listados serán tu salario; entonces todas las ovejas parían listados. Así quitó Dios el ganado de vuestro padre, y me lo dio a mí. Y sucedió que al tiempo que las ovejas estaban en celo, alcé yo mis ojos y vi en sueños, y he aquí los machos que cubrían a las hembras eran listados, pintados y abigarrados. Y me dijo el ángel de Dios en sueños: Jacob. Y yo dije: Heme aquí. Y él dijo: Alza ahora tus ojos, y verás que todos los machos que cubren a las hembras son listados, pintados y abigarrados; porque yo he visto todo lo que Labán te ha hecho. Yo soy el Dios de Bet-el, donde tú ungiste la piedra, y donde me hiciste un voto. Levántate ahora y sal de esta tierra, y vuélvete a la tierra de tu nacimiento.

[14] Génesis 28:18-22: Y se levantó Jacob de mañana, y tomó la piedra que había puesto de cabecera, y la alzó por señal, y derramó aceite encima de ella. Y llamó el nombre de aquel lugar Bet-el,[a] aunque Luz[b] era el nombre de la ciudad primero. E hizo Jacob voto, diciendo: Si fuere Dios conmigo, y me guardare en este viaje en que voy, y me diere pan para comer y vestido para vestir, y si volviere en paz a casa de mi padre, Jehová será mi Dios. Y esta piedra que he puesto por señal, será casa de Dios; y de todo lo que me dieres, el diezmo apartaré para ti.

 

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