¡Sé molesto!

CONÓCENOS

Jesús enseñó a orar a Sus discípulos en una ocasión en especial, cuando les compartió el Padre Nuestro, pero también enseñó a hacerlo durante todo Su ministerio con diversas parábolas y con el proceso de diferentes milagros. Con la oración del Padre Nuestro, nos enseñó que primero debemos pedir por nuestro pan y luego debemos pedir perdón[1]. Seguramente, tú, como yo, pensabas que lo primero era pedir perdón, pero en la oración que nuestro Maestro nos enseñó, claramente vemos que el orden es diferente. Cambiemos nuestro pensamiento para obtener mejores resultados.

Jesús enseñó insistentemente a pedir[2]. Claro que nuestro Padre conoce lo que necesitamos, pero debemos pedirle. Lo mismo sucede con nuestros padres terrenales; ellos saben lo que necesitamos, y saben cuando les pediremos algo porque nuestra actitud nos delata. En mi caso, yo me porto halagador, les hago cumplidos, entonces me preguntan: “¿Qué me vas a pedir?”

Una de las claves que Jesús nos enseñó sobre pedir es ser insistentes, incluso inoportunos. ¿Te parece extraño? Podría sonar exagerado, pero es lo que leemos en las Escrituras. Por ejemplo, en la parábola que Jesús compartió sobre el hombre que fue a tocar a la puerta de su amigo para pedirle pan a deshoras. Por supuesto que la primera respuesta que obtuvo fue negativa. Le dijeron: “No molestes”, pero este hombre insistió y al final, obtuvo todo lo que necesitaba[3]. Jesús nos enseña a ser incómodos para pedir. Es como si estuviera a nuestro lado diciéndonos: “Insiste, no te des por vencido, ora otra vez, llama a la puerta de nuevo, no aceptes un no por respuesta”.

Es poderoso insistir porque demuestras tu fe. Cuando era niño le pedía a Dios: “Quiero ser más alto que mi hermano Cashito y que nunca me quede sin pelo”.  Podrás pensar que eran cosas superficiales, pero insistía, y doy testimonio que al momento, me cumplió. Si insistes por tu familia, por tu economía, por tu sanidad, ¡verás milagros! Hay que aprender a ser insistentes y molestos para pedirle a Dios.

Te aseguro que Jesús enseñaba esto porque lo vio en las experiencias del Padre. Recordemos lo que sucedió con Abraham, quien literalmente regateó con Dios hasta que logró que salvara a Lot, ya que sabía que en Sodoma realmente no había muchos hombres justos a quienes salvar[4]. Abraham fue insistente, molesto, pero respetuoso, nunca exigió ni tuvo una actitud prepotente, se acercó con humildad y honra. ¡Esa es la actitud que debemos imitar!

¿Quieres otro ejemplo? Veamos lo que sucedió con la mujer cananea. La primera vez, Jesús ni le respondió, luego le dijo que no; a la tercera insistencia de ella, Jesús le dijo que no era correcto que le concediera lo que pedía, pero al final, ¡la cananea obtuvo lo que necesitaba de parte de Dios![5] Algo similar me sucedió con mi pequeño sobrino Tiago a quien le enseñé a andar sobre mi espalda como caballito, lo que decimos “andar a tuto”. ¡Huy, para qué lo hice!, al poco tiempo me arrepentí porque él no quería dejar de hacerlo. Cuando lo bajaba, me exigía que lo volviera a subir sobre mi espalda. Le gustó tanto el juego que días después, en cuanto me veía, me pedía que lo subiera a tuto. Por supuesto que ya no quería cargarlo, pero él insistía tanto, era tan molesto, que al final lo complacía. El vecino de la parábola no quería levantarse, no quería abrir la puerta, pero el hombre consiguió lo que pedía. Lo mismo sucedió con la mujer que clamaba por la sanidad de su hija. A veces, cuando lo que deseamos tarda en llegar, nos conformamos y decimos: “Es la voluntad de Dios que no lo obtenga”, pero ¡no es así! ¿Dónde aprendiste a orar de esa forma conformista si Jesús nos pide que insistamos?

Los hombres de fe son los que insisten con esa santa terquedad de la que mi papá siempre nos ha hablado. Tu fe debe aumentar para llegar a ser insistente o debes insistir hasta que tu fe se fortalezca para creer que Dios desea darte todo aquello que es bueno, santo y perfecto. Debemos clamar de día y de noche por ver a nuestra familia unida, por ver restaurado un matrimonio, por obtener la sanidad y la prosperidad que anhelamos, y te aseguro que pasaremos de una negativa a escuchar que nuestro Padre nos dice: “Haré lo que tú quieras”. Debes repetirle tu necesidad a cada momento, pero con fe, con la certeza de que recibirás, así verás cumplidas Sus promesas en tu vida. ¿Quieres ver un milagro? Insiste, clama todos los días como esa viuda delante del juez que la atendió e hizo justicia porque ella le era molesta[6].

Que no se ponga el sol sin que le pidas a Dios por lo menos quince veces lo que necesitas. Si somos insistentes con nuestro padre terrenal, ¿por qué no serlo con nuestro Padre celestial? No cometas el error de pensar que una respuesta negativa es lo que escucharás, dile: “Padre, así como esa viuda obtuvo justicia, estoy seguro de que me responderás. He aprendido a orar como Jesús enseñó, desde ahora seré molesto, insistente, con respeto, pero insistente. Te pido que me des todo lo que necesito, sanidad para mi familia y bendición que sobreabunde. Gracias, Padre, te doy toda la gloria y la honra por lo que harás en mi vida”.

Versículos de Referencia:

[1] Lucas 11:1-4 dice: Aconteció que estaba Jesús orando en un lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dijo: Señor, enséñanos a orar, como también Juan enseñó a sus discípulos. Y les dijo: Cuando oréis, decid: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestros pecados, porque también nosotros perdonamos a todos los que nos deben. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal.

[2] Lucas 11:9 enseña: Y yo os digo: Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá.

[3] Lucas 11:5-8 comparte TLA: Supongamos que, a medianoche, uno de ustedes va a la casa de un amigo y le dice: “Vecino, préstame por favor tres panes. Un amigo mío, que está de viaje, ha llegado y va a quedarse en mi casa; ¡no tengo nada para darle de comer!” Supongamos también que el vecino le responda así: “¡No me molestes! La puerta ya está cerrada con llave, y mi familia y yo estamos acostados. No puedo levantarme a darte los panes.” Si el otro siguiera insistiendo, de seguro el vecino le daría lo que necesitara, no tanto porque aquél fuera su amigo, sino para no ser avergonzado ante el pueblo.

[4] Génesis 18:23-32 explica: Y se acercó Abraham y dijo: ¿Destruirás también al justo con el impío? Quizá haya cincuenta justos dentro de la ciudad: ¿destruirás también y no perdonarás al lugar por amor a los cincuenta justos que estén dentro de él? Lejos de ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo tratado como el impío; nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo? Entonces respondió Jehová: Si hallare en Sodoma cincuenta justos dentro de la ciudad, perdonaré a todo este lugar por amor a ellos. Y Abraham replicó y dijo: He aquí ahora que he comenzado a hablar a mi Señor, aunque soy polvo y ceniza. Quizá faltarán de cincuenta justos cinco; ¿destruirás por aquellos cinco toda la ciudad? Y dijo: No la destruiré, si hallare allí cuarenta y cinco. Y volvió a hablarle, y dijo: Quizá se hallarán allí cuarenta. Y respondió: No lo haré por amor a los cuarenta. Y dijo: No se enoje ahora mi Señor, si hablare: quizá se hallarán allí treinta. Y respondió: No lo haré si hallare allí treinta. Y dijo: He aquí ahora que he emprendido el hablar a mi Señor: quizá se hallarán allí veinte. No la destruiré, respondió, por amor a los veinte. Y volvió a decir: No se enoje ahora mi Señor, si hablare solamente una vez: quizá se hallarán allí diez. No la destruiré, respondió, por amor a los diez.

[5] Mateo 15:21-28 relata: Saliendo Jesús de allí, se fue a la región de Tiro y de Sidón. Y he aquí una mujer cananea que había salido de aquella región clamaba, diciéndole: !!Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí! Mi hija es gravemente atormentada por un demonio. Pero Jesús no le respondió palabra. Entonces acercándose sus discípulos, le rogaron, diciendo: Despídela, pues da voces tras nosotros. El respondiendo, dijo: No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel. Entonces ella vino y se postró ante él, diciendo: !!Señor, socórreme! Respondiendo él, dijo: No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos. Y ella dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; hágase contigo como quieres. Y su hija fue sanada desde aquella hora.

[6] Lucas 18:1-8 comparte: También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?  Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?

 

TAMBIÉN TE PUEDE INTERESAR

Hacer lo correcto de la forma correcta

Pastor Cash Luna

Es necesario hacer el bien, con la mejor actitud y con excelencia.

El principio

Robert Morris

Debemos darle el primer lugar al Señor en todo, incluyendo nuestras finanzas porque sólo de la honra viene la bendición.

Amo a mi iglesia

Pastor Hugo López

Persevera y fructifica en la congregación donde Dios te ha establecido.