Secretos de la fructificación

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Estamos llamados a ser huertos que producen muchos frutos. Cada vez más y más, ya que experimentarás un incremento sobrenatural. ¡Viene más para ti! Y para incrementar nuestra fructificación, es necesario que comprendamos ciertos elementos vitales. El primer elemento es la revelación. Jacob le dijo a José que era rama fructífera y declaró abundante bendición sobre él[1]. Hay un decreto de frutos sobre tu vida que te es revelado de muchas formas. Puedes ser buen cristiano, pero si no estuvieras en una iglesia donde se cree en incremento, no darías tanto fruto. Alguien te debe decir que Dios quiere tu multiplicación y bendición, y tú debes creerlo, porque será hecho de acuerdo a tu fe. Dios no responde a la necesidad sino a la fe. Si respondiera a la necesidad, no habría un solo niños con hambre o una madre afligida, pero responde cuando demostramos que Él puede hacer la obra. Por eso, sin una revelación de fructificación, no puedes abundar en frutos. Necesitas creer que Dios hará llover maná del cielo y hará brotar agua de la roca. Él no te puede dar más de lo que tú crees. Hasta donde tú creas, te dará.

Si la viuda que Eliseo ayudó hubiera encontrado cinco mil vasijas, seguramente Dios las hubiera llenado, porque la provisión de aceite se detuvo cuando todas las vasijas se llenaron. Debes incrementar tu fe para fructificar aún más. Debes verte cada día de tu vida como alguien que camina en bendición, que cada paso te acerca a una mayor gloria y unción.

El segundo elemento para ver incremento de frutos es trabajar en equipo. José era una rama, algo conectado a un sistema ecológico. Si quieres fructificación debes ser parte de un grupo, de un cuerpo que se integra por muchos órganos. Quien no sabe trabajar en equipo, no alcanza el 100% de su potencial. En el pueblo de Dios, las cosas se mueven así: lo que tú siembras, otros cosechan y tú cosechas de lo que otros han sembrado. Para ver un incremento real debes estar conectado a un grupo. Aprendamos a trabajar en equipo. Eres una rama que debe estar pegada a un tronco. Dos son mejor que uno, tres son mejor que dos, y cuatro son mejor que tres. ¡Así que el incremento es bueno!

El tercer elemento para fructificar es la fuente, símbolo del Espíritu Santo. Eres fuente de gloria, unción y poder. Jesús le dijo a los discípulos que no podían salir antes de que recibieran al Espíritu Santo, quien puede hacer más en cinco minutos de lo que tú en cinco años. Necesitas más de Él. Un problema de la iglesia de hoy es que buscamos métodos para crecer, cuando lo vital es pasar tiempo con el Espíritu Santo. Así como la carne está muerta sin el espíritu, la iglesia no funciona sin la unción. Somos relevantes, inteligentes, pero no conocemos la unción, y una onza de unción puede más que una tonelada de conocimiento. Para instrucción, tú puedes leer un libro, pero no es lo que necesitamos, porque necesitamos impartición, unción. De nada sirve que sepas los pasos de un método, sin el poder del Señor para ejecutar. Aprender es importante, pero no más que la unción del Espíritu Santo. Los discípulos estaban confundidos, tenían conocimiento, pero fueron a dar testimonio cuando recibieron la unción. Un hombre ungido puede ser bruto o feo, pero se vuelve elocuente y agraciado con la unción. La unción es tan poderosa que David hubiera tirado la piedra para atrás y de todas formas le pega a Goliat. Busca siempre la fuente de agua viva, al Espíritu Santo.

El cuarto elemento es la superación de los límites. Los vástagos de José se extendían sobre un muro, y el muro es símbolo de limitación e impedimento, algo que detiene tu progreso. Elimina las limitaciones. Moisés dijo que era tartamudo, Jeremías dijo que era muy joven, sin embargo, Dios levanta a sus escogidos por encima de sus limitaciones. Algunos dicen: “No tengo oportunidades, no tengo dinero”, solo hay quejas, pero mientras sigas reciclando esas bobadas, no avanzarás. Todos hemos tenido que superar limitaciones, Jesús las tuvo, fue rechazado, pero tenía puesta Su mirada en lo que el Padre había dicho sobre Él. Tienes llamado, talento, unción, ¡levántate por encima de tus limitaciones! Todos los hombres de Dios comenzaron sin nada y de la nada.

El quinto elemento es la resistencia frente a las circunstancias adversas y críticas. Sin duda, cuando des fruto, te van a criticar, van a murmurar y se levantarán en tu contra, pero es parte del llamado. Solo a los mangos bonitos les tiran piedras para botarlos y comérselos. Si no aprendes a pararte firme a pesar de los ataques, nunca serás 100% fructífero. José fue perseguido, traicionado, vendido por el sueño y visión de que un día el mundo se inclinaría ante él, pero su fortaleza siempre fue el Señor y alcanzó su propósito.

En el nombre de Jesús, tu principal misión es amar al Señor. Uno de los más grandes peligros de un ministerio es depender del talento humano y olvidarse de Dios. Si no permaneces en el Señor, no incrementarás tu fruto, porque Él es la vida y nosotros estamos pegados a Su presencia[2]. Nuestra oración debe ser mejorar nuestra relación con Dios. Tus frutos dependen del nivel de tu relación con el Señor, porque solo Él puede darte unción y estrategias para un incremento real.

Dile: “Jehová de los ejércitos, ten misericordia, conéctame a ti una vez más, para que dé frutos en la familia, en el matrimonio, en el ministerio, en la empresa. Padre, perdóname si he vivido de cisternas y no de tu fuente de vida. Vengo a ti para no alejarme jamás. Yo cuidaré de ti y Tú cuidarás de mí. Sé que solo Tú darás abundante fruto en mi vida”.


[1] Génesis 49:22-27: Rama fructífera es José, rama fructífera junto a una fuente, cuyos vástagos se extienden sobre el muro. Le causaron amargura, le asaetearon, y le aborrecieron los arqueros; mas su arco se mantuvo poderoso, y los brazos de sus manos se fortalecieron por las manos del Fuerte de Jacob (Por el nombre del Pastor, la Roca de Israel), por el Dios de tu padre, el cual te ayudará, por el Dios Omnipotente, el cual te bendecirá con bendiciones de los cielos de arriba, con bendiciones del abismo que está abajo, con bendiciones de los pechos y del vientre. Las bendiciones de tu padre fueron mayores que las bendiciones de mis progenitores; hasta el término de los collados eternos serán sobre la cabeza de José, y sobre la frente del que fue apartado de entre sus hermanos. Benjamín es lobo arrebatador; a la mañana comerá la presa, y a la tarde repartirá los despojos.

[2] Juan 15: 1-2: Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.

 

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