Sobrepasando los obstáculos

CONÓCENOS

La vida es como una carrera, una maratón y sabemos que Dios ha trazado un destino, un propósito y un llamado para cada uno. Claro que hay momentos difíciles, y todos los hemos pasado: un problema, un desierto, un pozo, un obstáculo, una dificultad.

Una de las cosas que más atemoriza al ser humano es el futuro, pero cuando descubrimos que tenemos un destino en Jesús, nuestra perspectiva cambia. El futuro puede generar angustia, temor, ansiedad o incertidumbre que podrían estancar para siempre a una persona en el presente, sin embargo, para quienes estamos en Cristo no hay incertidumbre.

La gente paga brujos y adivinos para predecir su futuro, cuando la Palabra dice que Dios nos lo revelará. Él será quien determine tu lugar de destino (al menos yo prefiero que sea Dios quien me diga mi futuro y no un brujo, un adivino o los mismos problemas, y mucho menos las noticias). El futuro que Dios tiene para ti está en Su Palabra y Él quiere que ancles tu fe en una promesa. El libro de Génesis[1] habla acerca de esto cuando menciona el futuro de Abraham. Dios no habla en pasado, lo hace siempre en futuro. Él dice las cosas que van a pasar, y si sabemos escucharlo, nos revelará dónde estaremos mañana.

Pero toda carrera necesita una preparación. Un atleta debe estar dispuesto a sacrificios y hacer ciertas cosas que otros no hacen. La carrera de la vida nos exige eso: ser atletas profesionales en lo que hagamos, personas que tengan definido el lugar al que quisieran llegar. El propósito de un corredor de 100 metros planos es llegar primero a la meta; asimismo, el propósito de uno de 3,000 metros con vallas también es llegar a la meta. Aunque sean distancias diferentes, para ambos será difícil y tendrán que prepararse, pero lo que ambos tienen en común es que, desde el inicio, tienen presente un destino.

La Biblia dice que son muchos los que corren, pero uno solo quien gana el premio[2]. Vivamos bien para llevarnos el premio. La carrera en Cristo es una competencia para ganar; Él desea que alcancemos el premio que tiene para nosotros. La Escritura también dice que quienes se preparan para competir, dejan todo lo que pueda perjudicarles para ganar un premio que no dura mucho. Nosotros, en cambio, competimos para recibir un premio que dura para siempre[3], y para recibirlo, no podemos luchar sin un propósito.

La vida debe tener destino y propósito; y el destino es más que una meta porque los atletas no compiten solo por ganar una carrera, son profesionales porque viven para competir. La vida en Cristo es igual, una competencia constante contra Satanás y contra el pecado, porque Dios tiene planes de bien para nosotros. Esfuerzo, disciplina y dominio propio son claves para tener éxito en aquello que Dios nos ha llamado.

Cuando defines el lugar al cual llegarás y tienes claro tu propósito, cualquier adversidad se transformará en parte de la carrera. Cuando un corredor se encuentra con un obstáculo, lo salta. Lo mismo debemos hacer en la vida cristiana: nunca detenernos. Debes estar preparado con una Palabra que ancle una promesa a tu vida para que cuando encuentres una dificultad puedas sobrepasarla al primer salto.

Cuando Dios nos llama a ese destino glorioso y nos dice que las cosas cambiarán, el futuro se transforma y se empieza a diseñar desde el presente, pero partiendo de la promesa de Dios y no al revés. Nadie construye una casa sin un terreno: lo mismo es querer diseñar un futuro sin un destino. Para que puedas tener una vida de éxito en Cristo, conoce primero el destino que Dios tiene para ti. Un problema será una oportunidad para transformar tu destino.

Muchas veces, el enemigo ha venido a mi vida queriendo instalarse como el devorador, pero yo le digo al Señor: “Tú prometiste que si yo te entregaba lo que te pertenece, ibas a reprender al devorador por mí”. Yo tengo que lidiar con mis temores y con mis inseguridades, pero el Señor se encarga del devorador.

Génesis 50 cuenta cómo José, hijo de Jacob, pudo alcanzar el premio final, el destino que Dios le prometió, luego de atravesar muchos obstáculos[4]. Al final de su vida, tenía una visión clara de cuál sería su destino y estaba seguro de que, aunque sus años de vida habían terminado, las promesas de Dios no. José sabía que no había nacido para que lo enterrasen en Egipto sino en la tierra prometida[5]. Hay cosas que hoy disfrutamos, pero que nuestros padres, abuelos y bisabuelos sembraron; votos y promesas que Dios hizo a ellos y que ahora nosotros cosechamos. Así como sucedió con José, ten por seguro que las cosas que pactes delante de Dios alcanzarán a tus futuras generaciones.

Los atletas tienen imprevistos y momentos difíciles. Tú, ya en la vida cristiana y cuando te propusiste hacer las cosas bien, seguramente también los tuviste, igual que José, quien enfrentó muchos obstáculos pero supo mantener su fe. La Palabra dice que nos gloriemos en los problemas[6] porque tenemos un Dios experto en resolver imposibles. Aunque las vacas flacas quieran aparecer, Dios tiene una provisión para nosotros. Recuerda que los pensamientos de Dios no son como los nuestros[7]. En la carrera de la vida, las vallas y obstáculos, esos problemas que nosotros vemos grandes, son pequeños para Él. Cuando estamos a Su lado, saltar esos obstáculos será parte de la diversión de tu carrera, cosas de las que después te reirás y podrás testificar como una prueba de Su amor. Serán una oportunidad para decir: “De aquí me sacó Dios, de este pozo, de esta situación que no me correspondía”, porque el destino de José tampoco era un pozo sino el lugar de abundancia que llegaron a disfrutar sus futuras generaciones.

Dios tiene para ti un futuro lleno de bienestar[8]. Entreguémosle los obstáculos y digamos: “Señor, he corrido esa maratón, he podido pelear la buena batalla”[9]. Sé que en el futuro me espera la corona de justicia que el Señor me entregará, y no solo a mí sino a todos los que amen Su venida.

Si aún tenías dudas de los planes que Dios tiene para ti, en Isaías 46 podrías encontrar una clave[10]. Es hoy cuando necesitas conocer el futuro que Jehová tiene para ti. No puedes empezar a hacer planes sin pedirle al Señor que te revele tu destino, y solo cuando esto ocurra podrás empezar a moverte y correr. Entonces, te darás cuenta de que será más importante llegar a tu meta que detenerte a lamentar las circunstancias de la vida. Para Dios estos obstáculos son planes de bien, y te aseguro que todos los planes que Él tiene para ti se cumplirán.


[1] Génesis 12:1-3: Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

[2] 1 Corintios 9:24: No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis.

[3]1 Corintios 9:25: Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.

[4] Génesis 50:24-25:  Y José dijo a sus hermanos: Yo voy a morir; mas Dios ciertamente os visitará, y os hará subir de esta tierra a la tierra que juró a Abraham, a Isaac y a Jacob. E hizo jurar José a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis llevar de aquí mis huesos.

[5] Josué 24:32: Y enterraron en Siquem los huesos de José, que los hijos de Israel habían traído de Egipto, en la parte del campo que Jacob compró de los hijos de Hamor padre de Siquem, por cien piezas de dinero; y fue posesión de los hijos de José.

[6]Romanos 5:3-4: Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia;  y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza.

[7] Isaías 55:8: Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová.

[8] Jeremías 29:11: Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.

[9] Timoteo 4:7: He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.

[10]Isaías 46:9-10: Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero.

 

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