Sueños y procesos

Sueños y procesos

Cuando empecé el ministerio de Casa de Dios, un amigo me marcó negativamente con sus palabras cuando me dijo: “Por vos no se da nada como pastor”. Esa frase caló tan profundo en mi corazón que incluso empezó a afectarme en mi salud. Realmente estaba sintiéndome muy ansioso y esto afectaba todas las áreas de mi vida. Conforme pasó el tiempo, para contrarrestar la ansiedad oré a Dios y le pedí una confirmación con respecto a mi llamado.

Hasta que una madrugada soñé con la iglesia en el local que llamábamos La Bodeguita, donde además vi a un grupo de personas reunidas. Al despertarme eran las 4:00 a.m. y le dije a Dios: “Si este sueño es tuyo, quiero que se repita”. Me volví a dormir y empecé a soñar con un lugar mucho más amplio y mucha más gente en lo que conocemos hoy como templo Pinula. Al despertarme eran las 5:00 a.m. y le dije a Dios: “Si este sueño es tuyo, necesito que se repita”. Me volví a dormir y empecé a soñar con un lugar aún más grande que el anterior, que era el templo Fraijanes. Durante todo el sueño escuchaba una voz que decía: “Isaías 54, primeros versos”, y cuando desperté ya eran las 6:00 a.m. pero lo primero que hice después de esta confirmación fue volver a dormirme. Estaba tranquilo porque si Dios me había dicho algo, Él iba a cumplirlo.

Ensancharnos no es una cuestión de gustos, sino un mandato de Dios que debemos obedecer.[1] Debemos ensanchar nuestra mente para luego hacerlo con todas las demás áreas de nuestra vida. Cuando José tuvo un sueño en ese momento ensancho su mente y eso le ayudó a cumplir su propósito, el error que cometió fue contarlo a las personas incorrectas[2] porque esto provocó envidia en ellos.[3] ¿A quién le cuentas tus sueños?

Es hermoso cuando recibimos un sueño, lo difícil es el proceso. Este no debería cambiar nuestro sueño pero sí nuestro carácter. Dios le mostró a José hacia donde iba pero no el proceso que debía pasar.[4] Si tenemos la certeza de que es algo que viene del Señor estaremos dispuestos a resistir el proceso. El sueño de José lo llevó a la prisión, pero lo que lo llevó a gobernar fue servir a los sueños de otros. Los dones que Dios te dio no son para ti sino para ponerlos al servicio de los demás. No manejemos nuestra vida alrededor de nosotros mismos.

La tierra prometida tenía el nombre Canaán, que significa “lugar bajo y humillado”. Es difícil estar en un lugar alto sin haber estado en lugares bajos. Si nos creemos demasiado grandes para estar en un lugar pequeño seguramente es porque somos demasiado pequeños para estar en un lugar grande.

A José lo convirtieron físicamente en esclavo, pero jamás lograron esclavizar su mente. Que el dolor que sufras en la vida no cambie para mal tu forma de pensar.[5] Él sabía que Dios lo podía sacar de la nada. Incluso cuando había perdido la túnica de colores que le había regalado su padre terrenal, nuestro Padre ya tenía otra túnica preparada para él: la de gobernador. El Señor está contigo en medio de cada proceso. No te ha dejado ni te ha desamparado, Él te acompañará en todo el camino hasta tus sueños.


[1] Isaías 54:1-4: Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz; levanta canción y da voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto; porque más son los hijos de la desamparada que los de la casada, ha dicho Jehová. Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas. Porque te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda; y tu descendencia heredará naciones, y habitará las ciudades asoladas. No temas, pues no serás confundida; y no te avergüences, porque no serás afrentada, sino que te olvidarás de la vergüenza de tu juventud, y de la afrenta de tu viudez no tendrás más memoria.

[2] Génesis 37:3-5: Israel amaba a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores. Al ver sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos ellos, lo aborrecían y no podían hablarle pacíficamente. Tuvo José un sueño y lo contó a sus hermanos, y ellos llegaron a aborrecerlo más todavía.

[3] Genesis 37:11: Sus hermanos le tenían envidia, pero su padre meditaba en esto.

[4] Salmos 105:15-21: No toquéis, dijo, a mis ungidos, Ni hagáis mal a mis profetas. Trajo hambre sobre la tierra, Y quebrantó todo sustento de pan. Envió un varón delante de ellos; A José, que fue vendido por siervo. Afligieron sus pies con grillos; En cárcel fue puesta su persona. Hasta la hora que se cumplió su palabra, El dicho de Jehová le probó. Envió el rey, y le soltó; El señor de los pueblos, y le dejó ir libre.

[5] Génesis: 41:51-52: Y llamó José el nombre del primogénito, Manasés; porque dijo: Dios me hizo olvidar todo mi trabajo, y toda la casa de mi padre. Y llamó el nombre del segundo, Efraín; porque dijo: Dios me hizo fructificar en la tierra de mi aflicción.

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