Tan solo una orden

CONÓCENOS

Si a usted le hubieran encomendado la tarea de escribir el capítulo de Hebreos 11, ¿a quiénes hubiera incluido en ese recuento de hombres y mujeres de fe? ¿A quiénes no?

Veamos el ejemplo de tres de ellos. Primero, Abraham, quien creyó contra toda esperanza conforme lo que Dios le había dicho para llegar a ser padre de muchas gentes y no se debilitó en su fe al considerar su longevidad o la esterilidad de Sara. Él nunca dudó de Dios sino todo lo contrario: siempre le rindió honra y gloria. Abraham me enseñó que el que considera, pierde.

Cuando estamos en una situación difícil y consideramos lo que nos rodea (el sistema, el país, lo que tenemos en la bolsa, etcétera), en ese momento empezamos a matar la fe. Si Abraham hubiese considerado su cuerpo o la esterilidad de su esposa nunca hubiese sido posible la descendencia de Israel. El problema, por tanto, llega cuando empezamos a considerar.

¿Qué consideras tú para que las cosas no pasen? Todos llegamos a considerar en algún momento y eso nos impide creer que hay un Dios más poderoso que lo que estamos viviendo. Un hijo le dice a su padre: “Papá, quiero estudiar en la universidad”, y este le responde “Ay, hijo, mejor trabaja, no tengo para pagarte la universidad; a duras penas logré trabajar lo suficiente para que fueras bachiller”. En este caso, si el muchacho concluye que ese fue el “no” definitivo y se rinde, hasta ahí nomás llegó.

El segundo lo encontramos en Sansón[1]. Para serles franco, en un principio yo no lo hubiera incluido en un capítulo tan especial como este; pues él se dejó cautivar por una mujer, permitió que lo sedujeran y ahora estaba siendo un juguete para sus enemigos. Sin embargo, me dio una gran lección: tuvo una esperanza todavía a pesar de su condición; él no se sentía condicionado por lo que había hecho, no pensaba que Dios no lo iba a respaldar y más bien recuperó la confianza.[2] Así como sucedió con Sansón, tu fe no debe depender de tu nivel de conducta, pero sí de tu nivel más alto de confianza. Nadie tiene una conducta perfecta, pero tu fe no puede estar condicionada por tu nivel de conducta sino por tu nivel más alto de confianza. Sansón me enseñó que se puede separar la conducta de la fe, que talvez no soy el mejor hombre que pueda ser, pero sí el que más puede creer.

La tercera persona es Rahab[3]. ¿Cómo fue posible que el autor de Hebreos 11 incluyera en él a una prostituta? El Espíritu de Dios así lo quiso, pues desde que creyó en Dios y en todas las cosas que Él había hecho, se convirtió en una mujer de fe.[4] De ella aprendí esto: El riesgo es una expresión de confianza. Ella se arriesgó a esconder a estos varones en su casa y así demostró su confianza. Muchas veces nos cuesta arriesgar porque pensamos más en lo que vamos a perder que en lo que podemos alcanzar; pensamos más en lo que tenemos y nos aferramos a ello.

Por medio de Sansón y Rahab, Dios nos demuestra que no podemos juzgar a nadie por su conducta. A mí me costaba mucho separar mi conducta de mi fe y aprendí, gracias a ellos, que quizá no sea el hombre más correcto, pero aún puedo mantener la fe que tengo; aunque sea pecador, Dios me sigue escuchando.

Hay puntos clave que podrían ayudar al desarrollo de tu fe y que te quisiera compartir. En primer lugar, tu conversación con Dios; nuestra fe aumenta acorde a la relación que tenemos con Él. Segundo, tu conversación contigo mismo. ¿Qué te dices de ti mismo en los momentos más difíciles? ¿Qué hablas para ti? El tercero, tu conversación con otros. ¿Te has dado cuenta de que hay personas que son expertas en predecir lo malo? De esas que esperan el momento oportuno para decirte: “¡Te lo dije!” y se encargan de anular las esperanzas que tenías en lograr grandes cosas. Por último, no permitas que la incredulidad tome parte en tus asuntos de fe. Si concluyes precipitadamente que las cosas no avanzan, así será siempre. Hay personas que nunca pasaron de donde estaban porque concluyeron antes de tiempo.

Somos expertos en usar nuestros sentidos y concluimos con base en lo que vemos, oímos y sentimos. Todos tenemos una medida de fe, y el problema es cuando la intervenimos a través de nuestros sentidos y, por tanto, nos cuesta creer muchas veces que hay otras alternativas. No olvies que los sentidos no fueron hechos para aplicar fe.

Pensamientos como como: “Muy caro, no se puede”, marcan la mente de nuestros hijos. ¿Qué haces cuando la necesidad se vuelve más grande que tu capacidad de solventarla? ¿Qué haces cuando tu capacidad es menor que la necesidad que tienes? No consideres, porque si lo haces, perderás.

Las tormentas son los mejores escenarios para aprender de fe. En Mateo se mencionan dos tormentas, la primera ocurrió cuando Jesús estaba dormido en la barca[5], y en la segunda ni siquiera estuvo allí presente para ayudarles.[6] ¿Qué hubieras concluido tú si Jesús no estuviera en la barca? Jesús caminó sobre las aguas y Pedro se animó a bajarse de la barca para ir hacia él. Jesús tan solo le dijo “Ven”, y él obedeció, tuvo fe para creer que podría caminar por el agua. Tan solo una orden del Señor bastó para encender su fe. Pedro empezó a caminar porque, en ese primer momento, se aferró a una voluntad divina, que era más fuerte que la voluntad humana que lo invadiría unos momentos después. ¿En qué estaba representada la voluntad humana? En la tormenta, la lluvia, las olas, el temor de morir; pero la verdad divina era Jesús.

Hay varios caminos para alcanzar lo que deseamos; la pregunta es cuál camino escogeremos: el de la verdad divina o el de la verdad humana. ¿Estás listo para escuchar la voz de Dios que te dice” Ven”? ¿Estás listo para caminar sobre el agua? ¿Estás listo para no considerarlo? ¿Estás listo para no pensar en tu conducta al momento de ejercer tu fe? ¿Estás listo para arriesgar cuando la fe te lo diga? Tan solo sigue la orden del Señor.


[1] Hebreos 11:32: ¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón,de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas.

[2] Jueces 16:24-29: Y viéndolo el pueblo, alabaron a su dios, diciendo: Nuestro dios entregó en nuestras manos a nuestro enemigo, y al destruidor de nuestra tierra, el cual había dado muerte a muchos de nosotros. Y aconteció que cuando sintieron alegría en su corazón, dijeron: Llamad a Sansón, para que nos divierta. Y llamaron a Sansón de la cárcel, y sirvió de juguete delante de ellos; y lo pusieron entre las columnas. Entonces Sansón dijo al joven que le guiaba de la mano: Acércame, y hazme palpar las columnas sobre las que descansa la casa, para que me apoye sobre ellas. Y la casa estaba llena de hombres y mujeres, y todos los principales de los filisteos estaban allí; y en el piso alto había como tres mil hombres y mujeres, que estaban mirando el escarnio de Sansón.  Entonces clamó Sansón a Jehová, y dijo: Señor Jehová, acuérdate ahora de mí, y fortaléceme, te ruego, solamente esta vez, oh Dios, para que de una vez tome venganza de los filisteos por mis dos ojos. Asió luego Sansón las dos columnas de en medio, sobre las que descansaba la casa, y echó todo su peso sobre ellas, su mano derecha sobre una y su mano izquierda sobre la otra.

[3] Hebreos 11:31: Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz.

[4] Josué 2:9-11: Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros. Porque hemos oído que Jehová hizo secar las aguas del Mar Rojodelante de vosotros cuando salisteis de Egipto, y lo que habéis hecho a los dos reyes de los amorreos que estaban al otro lado del Jordán, a Sehón y a Og, a los cuales habéis destruido. Oyendo esto, ha desmayado nuestro corazón; ni ha quedado más aliento en hombre alguno por causa de vosotros, porque Jehová vuestro Dios es Dios arriba en los cielos y abajo en la tierra.

[5] Mateo 8:23-27:  Y entrando él en la barca, sus discípulos le siguieron. Y he aquí que se levantó en el mar una tempestad tan grande que las olas cubrían la barca; pero él dormía. Y vinieron sus discípulos y le despertaron, diciendo: ¡Señor, sálvanos, que perecemos! Él les dijo: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió a los vientos y al mar; y se hizo grande bonanza. Y los hombres se maravillaron, diciendo: ¿Qué hombre es éste, que aun los vientos y el mar le obedecen?

[6] Mateo 14:22-29: En seguida Jesús hizo a sus discípulos entrar en la barca e ir delante de él a la otra ribera, entre tanto que él despedía a la multitud. Despedida la multitud, subió al monte a orar aparte; y cuando llegó la noche, estaba allí solo. Y ya la barca estaba en medio del mar, azotada por las olas; porque el viento era contrario. Mas a la cuarta vigilia de la noche, Jesús vino a ellos andando sobre el mar. Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: !!Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús.

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