Tiempos de pesebre

CONÓCENOS

Navidad es un tiempo para dar y recibir. De hecho, la celebramos para recordar que recibimos el mejor regalo del mundo: al Salvador[1]. Dios nos lo dio por amor. Sabemos que es posible dar sin amar, pero es imposible amar sin dar, y nuestro Padre nos lo ha demostrado. ¿Te ha sucedido que a veces te cuesta decidir qué regalar? Personalmente me agrada obsequiar algo especial, aunque no sea costoso. Mi esposa y yo conmemoramos nuestro aniversario de bodas el 25 de enero; como es inicio de año, a veces no podemos pasar tiempo especial en la fecha precisa, pero siempre lo celebramos, aunque sea un tiempo después. Durante Navidad parece que olvidamos ese pequeño detalle de amar y disfrutar porque nos estresamos y terminamos comprando regalos por salir del paso. Recordemos que realmente los detalles son lo valioso y al buscar un obsequio debemos pensar en lo que a la persona le gustaría recibir. Jesús fue un obsequio pensado para nosotros, dado con todo el amor. ¡Demos y recibamos con amor!

Cuando leemos la historia de la natividad y vemos a Jesús, el Hijo de Dios, naciendo en un pesebre, podríamos pensar que así sucedió para enseñarnos sobre humildad en medio de la pobreza, pero no es así. María y José lo pusieron allí simplemente porque no había lugar en el mesón[2]. A veces, en la vida no hay lugar para lo que estamos “dando a luz”. Te gradúas y no encuentras un trabajo digno de todo lo que te esforzaste, ¡solo hay plazas como asistente del asistente! Eso puede ser frustrante. ¿Qué sucede cuando tu talento no encuentra lugar en “un hermoso hotel” y tienes que nacer como profesional en un “sencillo pesebre”? Lo peor que puedes hacer es asumir una actitud arrogante y negarte a aceptar esa pequeña oportunidad que consideras poco para ti. ¿Por qué tener esa actitud si nuestro Señor aceptó el pesebre, siendo Hijo de Dios? Imagino que incluso en los padres surgió la duda. Casi veo a José preguntando: “María, ya te acepté eso de que el niño fue engendrado por el Espíritu Santo, pero ¿cómo es que el Salvador no pudo salvarnos de este inconveniente? ¿Por qué siendo Hijo del Creador todopoderoso, no nos reservó un mejor lugar?” José era un ser humano como nosotros, por eso en la Biblia vemos que un ángel le habló para que no dudara. Entonces, ambos padres se acomodaron donde pudieron. Vieron la oportunidad, no la dificultad, y resolvieron sin frustración. Encontraron un lugar calientito donde arroparon a su hijo con amor. Seguramente cuando compras tu primera casa o tu primer auto sientes que es un pesebre sencillo, pero si hay amor, lo demás es lo de menos. Debemos valorar y agradecer los pesebres para prepararnos a llegar al trono, tal como hizo Jesús. ¿Por qué soñamos con una gran estufa si los huevitos y frijoles salen igual de sabrosos en una estufa pequeña? Agradezcamos y apreciemos lo que tenemos, ya vendrá algo mejor.

Uno de mis pesebres fue mi primera oficina equipada con muebles de esos que se armaban con instrucciones en la caja. Eran sencillos y pequeños, casi puedo decir que diminutos. Un amigo los donó a la iglesia porque le sobraron de un lote que encargó. El espacio de esa oficina era tan reducido que yo decía que se liberaban endemoniados porque allí solo cabía una persona, así que el demonio se quedaba afuera. Cuando entraba una llamada, yo tenía que salirme. Ahora, años después, conservo esos muebles porque me recuerdan el inicio de un ministerio que ha sido de gran bendición. Me recuerdan que fue valioso todo lo que oré, planifiqué y proyecté en ese pesebre. Allí nacieron muchos proyectos que fueron validados por Dios para Su obra. Lo importante no es el costo de la silla y el escritorio donde trabajas, sino lo que aportas. Lo valioso no es la marca del lapicero con que escribes, sino las ideas que plasmas. No necesitas un objeto súper costoso si lo que harás no es trascendente. ¿Puedes ser tan feliz en un pesebre como en trono? La buena actitud se debe conservar sin importar si tenemos poco o mucho. ¡Bendito Dios por lo que nos da y por la actitud que pone en nuestro corazón! Ve a tu trabajo, da lo mejor que puedas sin importar si tienes una oficina de lujo o una sencilla, sin importar los reconocimientos. Lo importante es lo que llevas dentro y lo que ofrecerás para el bien tuyo y de quienes te rodean.

Que no te importe si sientes que tus talentos solo encuentran un pesebre. No permitas que el rechazo provoque un cambio negativo en ti. Jesús fue rechazado, sin embargo, amó al extremo de morir por nosotros[3]. ¡Bienvenido al club; todos sufrimos rechazo por alguna razón! Eres el varejón o el chaparro; te rechazan por gordo o por flaco, por rico o pobre, por cristiano o ateo, pero de cada uno depende cómo manejarlo. Lo importante es que hagamos lo correcto, aunque nos rechacen, aunque no seamos parte del grupo. Si Jesús enfrentó el rechazo, nosotros también podemos hacerlo. Lo mejor es dejar de enfocarte en quienes te rechazan y concentrarte en quienes sí te reciben. Deja de quejarte si no te reconocen en el trabajo, mejor esfuérzate por alcanzar la excelencia, agradecido de que te dieron la oportunidad. Jesús dijo que quienes lo recibieran tendría bendiciones, salvación y serían coherederos del Reino. No se enfocó en quienes lo rechazaban, explicó la bendición de tendrían quienes lo aceptaran. ¿Ves la diferencia? Si estás enfocado en los que no te reciben, dejarás de apreciar a quienes sí te reciben. No te afanes tanto por aquellos que no son tus clientes, más bien preocúpate por aquellos que ya lo son; trátalos bien, ofréceles ventajas. Eres tú quien debe provocar que el nuevo año sea de bendición. Aprecia tu pesebre porque es el inicio de algo bueno. No te enfoques en el rechazo de algunos sino en la aceptación de otros. Tus talentos, dones y amor serán valorados. No te quejes de falta de oportunidades, aprovecha las que aparecen, aunque pienses que son pequeñas. Con un espíritu negativo que no aprecia las pequeñas oportunidades no llegarás a ninguna parte. Solo lograrás convertirte en experto en quejas en lugar de ser alguien que aporte algo bueno.

Si eres fiel en lo poco, en mucho serás puesto[4]. Y cuando venga algo que crees que es mucho, trátalo como si fuera poco, es decir, sé fiel y agradecido, entonces, Dios te dará más porque dirá: “Es fiel en lo poco, sobre mucho lo pondré”. Así inicia una cadena de bendición que va en aumento. Nunca menosprecies lo que consideras muy poco, porque de tu buena actitud depende que seas aprobado para recibir mucho. Nunca digas: “Esto es tan pequeño que no vale. No pierdo nada si lo dejo pasar”. Una semilla siempre es valiosa porque da fruto, así que no se menosprecia. Ser fiel y justo en lo poco significa apreciarlo, agradecerlo y compartirlo. Algunos dicen que no dan porque tienen poco y que serán generosos cuando tengan más, pero si das cuando no tienes mucho, te aseguro que Dios te dará más[5]. Él nos prueba en el pesebre, en lo poco, porque nos tiene reservado un trono. Pero si fallamos en el pesebre, ¿merecemos el trono?

¿Qué tal si rechazo los muebles que me regalaron porque pensaba que eran poco? Hubiera ofendido a la persona que los donó y que continuó siendo generoso con el ministerio. ¡Lo poco se convierte en mucho, lo pequeño se convierte en grande! Estoy seguro de que Dios nos ha llevado lejos porque ha visto que hemos sido fieles en lo poco, hemos valorado y aprovechado los tiempos de pesebre. Si aprecias tu carrito modesto, es más probable que, con el tiempo, obtengas el último modelo. No es cuestión de dinero, sino de gratitud, fe, paciencia, amor y de hacer lo correcto. Dios tiene mayores bendiciones para tu vida porque Sus planes son de bien y la senda del justo es como la luz de la aurora que va en aumento hasta que el día es perfecto. Demuestra que eres buen administrador de los cientos para ser merecedor de administrar miles y millones. No pienses que eres más inteligente que las Escrituras al menospreciar lo poco. La expresión más poderosa de inteligencia es obedecer a alguien más inteligente que tú. Si dices que Dios es tu Señor, obedece lo que te dice y tendrás los resultados que Él ofrece.

Dile: “¡Gracias por esos tiempos de pesebre!” No dudes, no cuestiones, solo acuéstate en ese pesebre, sé fuerte porque ese tiempo de dificultad es pasajero. Así como gritas cuando estás afligido, grita de agradecimiento. Enfrenta el tiempo de pesebre y Dios te guiará para crecer en el carácter, la paciencia y el amor que se requiere para alcanzar el trono que tiene reservado para ti.


[1] Juan 3:16: Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

[2] Lucas 2:4-7: Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

[3] Juan 1:11-12: A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.

[4] Lucas 16:10: El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto.

[5] Lucas 19:17: Él le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades.

 

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