Tu destino profético

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Es necesario morir en cierta forma para producir vida y mucho fruto.[1] Dios conoce el final de todo desde el principio de los tiempos[2] y tiene definido un propósito para ti. Si puso una semilla en tu mente, lo que vendrá será más poderoso. Él no nos llama a ser perfectos, pero sí a hacer una obra perfecta. Sabe que con fe podemos lograr cosas maravillosas a través del Espíritu Santo.

La Biblia cuenta la historia de unos jóvenes que ayudaron a un paralítico a llegar hasta Jesús. Se dieron cuenta de que Él predicaba en una casa vecina, pero por la multitud que se congregaba en dicha casa —también en busca de Cristo— no pudieron entrar por la puerta. Sin embargo, los amigos subieron al techo de la casa e hicieron una abertura para poder descender al paralítico hasta donde estaba Él.[3] Su fe fue tan grande que hallaron la forma y Jesús lo bendijo.

Si encuentras puertas cerradas, siempre habrá un techo que estará abierto para ti que te conectará a Jesús. Aunque las cosas estén mal, y aunque las puertas del mundo se cierren, las ventanas del cielo se abrirán.

A lo largo del libro de Samuel se mencionan cinco nombres con un significado profético: Elcana significa “el celo de Dios”, Ana significa “gracia”, Penina significa “Él dará la cara”, Elí significa “ofrenda” y Samuel significa “pedido a Dios”. Sus nombres simbolizan la semilla de Dios en sus vidas. Si siembras, las puertas del cielo se abrirán. Jesús también fue grano que murió para que nosotros pudiéramos cosechar la salvación. Su semilla cayó y el futo fue la resurrección. De igual forma, una semilla profética marcará tu destino.

Dios tiene cosas grandes para ti. Quizá ahora no las veas, pero tarde o temprano se cumplirán. Cuando no veas provisión, levántate con poder y declárala. ¡El Señor te bendecirá por donde menos esperas!

El diablo no podrá tocarte porque sabe que, si lo hace, es garantía de que Dios te bendecirá. Él no te hará fructificar porque hayas sufrido mucho, sino porque ya lo ha prometido. Si vives una tempestad es porque nuestro Padre te llevará a tu destino profético. Que no veas tu milagro ahora no significa que no lo tenga hecho. ¡Ya lo tiene para ti!


[1] Juan 12:23-24: Jesús les respondió diciendo: Ha llegado la hora para que el Hijo del Hombre sea glorificado. De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.

[2] Isaías 46:9-13: Acordaos de las cosas pasadas desde los tiempos antiguos; porque yo soy Dios, y no hay otro Dios, y nada hay semejante a mí, que anuncio lo por venir desde el principio, y desde la antigüedad lo que aún no era hecho; que digo: Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero.

[3] Marcos 2:1-5: Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa. E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra. Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados.

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