Tu recurso más poderoso

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La fe es el recurso más poderoso que Dios le dio al ser humano. Nuestro Padre es el creador de sistemas homeostáticos. Cuando nacimos, respiramos sin saber que lo hacíamos, nadie nos enseñó a hacerlo; también por eso el sol sale todos los días y nunca dice: “Qué aburrido, hoy no saldré”. Podemos ver que el universo entero es homeostático y Dios es su creador. En lo que respecta a nosotros, sus hijos, Él nos dejó la fe para que prácticamente funcionemos solos, pero hay gente que lo descubre solo hasta que se pone en modo de fe. La unción es capaz de transformar y sanar la materia si permitimos que la Palabra de Dios transforme y sane nuestro pensamiento. Claro que el que nace para maceta ¡no pasa ni del corredor! Y cuando no hay hambre, ni el mejor chef es lo suficientemente bueno. Si tienes hambre, Dios provee el mejor alimento, pero antes debes desearlo y, sobre todo, creerlo; ser como las águilas que vuelan alto confiadas en que encontrarán su presa.

Cuando activamos nuestra fe y la usamos para todo, no tenemos miedo de la falta de recursos ni nos asusta la abundancia porque sabemos de dónde proviene todo: de nuestro Padre, por nuestra fe,[1] no por la familia que tengamos, ni por nuestro apellido, ni por nuestra influencia en la sociedad, ni por nuestros recursos, ni nuestros ahorros en el banco, ni las tierras que tengamos, ni la escuela o la universidad donde estudiemos… Solo la fe nos hace alcanzar proezas.

El problema de tener tanto es que llegamos a creer que somos más poderosos que la fe y no vemos que también hay grandes académicos en quiebra, así como también gente con empresas prósperas, aunque no haya terminado la secundaria; por esa razón, no traslades a tus logros la confianza que le tienes a la fe.

El domingo, cuando vas a la iglesia, no es el día en que empiezas a hacer negocios para recibir bendiciones para la carne, sino el día que, antes que todo, oyes por fe.[2] Empezar la semana escuchando la Palabra de Dios con fe es el inicio de toda bendición porque todo lo demás lo recibimos por fe! Ese día es cuando pactas que tu negocio se levantará, que tu cuerpo sanará y que tu familia se restaurará. ¡Oye con fe, deja de ver a quienes te persiguen y ve el mar que se abre! Por la fe lo puedes lograr todo, así que deja de pensar quién eres o cuánto tienes porque no es por esto, ni por lo que ayunas, ni por lo mucho que sepas de memoria los versículos de la Biblia, sino por la fe en nuestro Padre.[3] Él obrará a través de nosotros cuando le creamos y nos dejemos usar para bendecir a otros.  Si confías en que Dios te proveerá, podrás descansar, te dejarás pastorear y reconfortar por Él. ¡El fundamento de nuestra vida es la fe!


[1] Hebreos 11:4-34: Por la fe Abel ofreció a Dios más excelente sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas; y muerto, aún habla por ella. Por la fe Enoc fue traspuesto para no ver muerte, y no fue hallado, porque lo traspuso Dios; y antes que fuese traspuesto, tuvo testimonio de haber agradado a Dios. Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan. Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe. Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra prometida como en tierra ajena, morando en tiendas con Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa; porque esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. Por la fe también la misma Sara, siendo estéril, recibió fuerza para concebir; y dio a luz aun fuera del tiempo de la edad, porque creyó que era fiel quien lo había prometido. Por lo cual también, de uno, y ése ya casi muerto, salieron como las estrellas del cielo en multitud, y como la arena innumerable que está a la orilla del mar. Conforme a la fe murieron todos éstos sin haber recibido lo prometido, sino mirándolo de lejos, y creyéndolo, y saludándolo, y confesando que eran extranjeros y peregrinos sobre la tierra. Porque los que esto dicen, claramente dan a entender que buscan una patria; pues si hubiesen estado pensando en aquella de donde salieron, ciertamente tenían tiempo de volver. Pero anhelaban una mejor, esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de llamarse Dios de ellos; porque les ha preparado una ciudad. Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía su unigénito, habiéndosele dicho: En Isaac te será llamada descendencia; pensando que Dios es poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde, en sentido figurado, también le volvió a recibir. Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú respecto a cosas venideras. Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró apoyado sobre el extremo de su bordón. Por la fe José, al morir, mencionó la salida de los hijos de Israel, y dio mandamiento acerca de sus huesos. Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres por tres meses, porque le vieron niño hermoso, y no temieron el decreto del rey. Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón. Por la fe dejó a Egipto, no temiendo la ira del rey; porque se sostuvo como viendo al Invisible. Por la fe celebró la pascua y la aspersión de la sangre, para que el que destruía a los primogénitos no los tocase a ellos. Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca; e intentando los egipcios hacer lo mismo, fueron ahogados. Por la fe cayeron los muros de Jericó después de rodearlos siete días. Por la fe Rahab la ramera no pereció juntamente con los desobedientes, habiendo recibido a los espías en paz. ¿Y qué más digo? Porque el tiempo me faltaría contando de Gedeón, de Barac, de Sansón, de Jefté, de David, así como de Samuel y de los profetas; que por fe conquistaron reinos, hicieron justicia, alcanzaron promesas, taparon bocas de leones, apagaron fuegos impetuosos, evitaron filo de espada, sacaron fuerzas de debilidad, se hicieron fuertes en batallas, pusieron en fuga ejércitos extranjeros.

[2] Gálatas 3:1-5: ¡Oh gálatas insensatos! ¿quién os fascinó para no obedecer a la verdad, a vosotros ante cuyos ojos Jesucristo fue ya presentado claramente entre vosotros como crucificado? Esto solo quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu por las obras de la ley, o por el oír con fe? ¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne? ¿Tantas cosas habéis padecido en vano? si es que realmente fue en vano. Aquel, pues, que os suministra el Espíritu, y hace maravillas entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley, o por el oír con fe?

[3] Hechos 3:16: Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros.

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