Un buen motivo para triunfar

CONÓCENOS

 

 

En el Salmo 51:5 David dice: He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.

Cuando el rey David pecó con Betsabé, recordó el pecado de su madre pero no para excusarse, sino para levantarse.  Muchos se dan por vencidos ante sus errores y se justifican con las debilidades de sus padres. Dicen: “soy adúltero y pobre porque mis padres lo fueron”.  David confesó su pecado y se  levantó. Entonces Dios estuvo allí y  lo bendijo. La Biblia dice que  el justo podrá caer siete veces y  esa misma cantidad de veces se levantará.

El gran plan de Dios

1ra. de Samuel 16:1 habla sobre el designio de Dios: Dijo Jehová a Samuel: ¿Hasta cuándo llorarás a Saúl, habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel? Llena tu cuerno de aceite, y ven, te enviaré a Isaí de Belén, porque de sus hijos me he provisto de rey.

Samuel lloraba a  Saúl y el Señor lo reprende. A veces lloramos a personas que Dios ha desechado. No lo hagas, ten fe en Su discernimiento.

1ra. de  Samuel 16: 6 -10  continúa con la historia: Y aconteció que cuando ellos vinieron, él vio a Eliab, y dijo: De cierto delante de Jehová está su ungido. Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón. Entonces llamó Isaí a Abinadab, y lo hizo pasar delante de Samuel, el cual dijo: Tampoco a éste ha escogido Jehová. Hizo luego pasar Isaí a Sama. Y él dijo: Tampoco a éste ha elegido Jehová.E hizo pasar Isaí siete hijos suyos delante de Samuel; pero Samuel dijo a Isaí: Jehová no ha elegido a éstos.

Jehová mira lo que el hombre no puede.  Rechazó a los hijos de Isaí que le presentaba Samuel porque no eran ideales para Sus planes.  Muchos mal interpretan este pasaje y justifican el descuido de su apariencia porque dicen que Dios ve el corazón, no el exterior. Pero se equivocan. Él ve tu interior y también tu exterior.  En el caso de David, su apariencia fue determinante para los planes del Señor, ya verás porqué.

1ra. de Samuel 16: 11-12 cuenta cómo Dios escoge a David: Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son éstos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas. Y dijo Samuel a Isaí: Envía por él, porque no nos sentaremos a la mesa hasta que él venga aquí. Envió, pues, por él, y le hizo entrar; y era rubio, hermoso de ojos, y de buen parecer. Entonces Jehová dijo: Levántate y úngelo, porque éste es.

Nota que el padre de David ni siquiera lo llamó, tal vez porque había sido concebido en pecado. Pareciera que no lo tomaba como hijo suyo, sin embargo, los ojos de Dios estaban puestos sobre él.  Vio su corazón y también su apariencia porque sería de gran utilidad para el futuro que le tenía reservado.

Hechos 13:22-23 dice sobre el gran plan de Dios: Quitado éste, les levantó por rey a David, de quien dio también testimonio diciendo: He hallado a David hijo de Isaí, varón conforme a mi corazón, quien hará todo lo que yo quiero. De la descendencia de éste, y conforme a la promesa, Dios levantó a Jesús por Salvador a Israel.

David era parte de un plan que culminaba con el nacimiento del Hijo Salvador del mundo. Nada fue por casualidad, todo tenía un propósito, así como tu vida dentro de tu familia.

Victorioso ante el gigante

1ra. Samuel 17: 42-45 habla sobre el enfrentamiento entre David y Goliat: Y cuando el filisteo miró y vio a David, le tuvo en poco; porque era muchacho, y rubio, y de hermoso parecer. Y dijo el filisteo a David: ¿Soy yo perro, para que vengas a mí con palos? Y maldijo a David por sus dioses. Dijo luego el filisteo a David: Ven a mí, y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo. Entonces dijo David al filisteo: Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado.

Nota que de nuevo la apariencia marcó el rumbo de la historia. Goliat también menospreció a David, pero él ya estaba acostumbrado. Lo mismo sucedió con su padre, sus hermanos, incluso el rey Saúl, a quien había liberado de demonios.  Entonces su  figura, aparentemente inofensiva, hizo que el gigante dudara y esa fue su perdición.

En ese momento comenzó la batalla de palabras. Lo mismo sucede con el diablo que te miente para intimidarte porque sabe que eres más poderoso, ya que estás armado  con la Palabra del Señor y la sangre del Cordero. Siempre que Dios es provocado, busca un representante que luche la batalla con Él.

1ra. Samuel 17: 46 continúa la historia: Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel.

La victoria de David estaba en su boca, no en las armas. Goliat había intimidado al ejército de Israel durante 40 días. Les dijo las mismas mentiras 80 veces y todos estaban atemorizados.  No te dejes adormecer por las mentiras del demonio. Tienes el poder en tu boca, habla palabras de bien y vence al enemigo.

David supo que tenía la victoria en sus manos cuando Goliat  se declaró perro. Seguramente sintió algo diferente porque estaba acostumbrado a intimidar. Muchas cosas que te intimidan en la vida son gigantes que debes derrotar.

Dios sabía que el elegido para ser el futuro rey tendría que enfrentar a un gigante, por eso escogió al más pequeño, pero seguro de sí mismo,  que pudiera confundirlo con sus palabras para luego rematarlo con un arma  insignificante.  Si hubiera escogido al hermano fornido y grande, la estrategia fracasa.  Dios en Su maravillosa sabiduría,  escoge una generación cuya apariencia parece pequeña pero es capaz de vencer gigantes.  No temas, formas parte de esa generación ungida que conquistará reinos, levantará las iglesias más grandes y gobernará naciones,  porque el Señor es capaz de ver más allá de las apariencias.

David a pesar de su origen y el trato que recibía de su familia, tenía una autoimagen  confiada que le dio la victoria. Hay diferencia entre “imagen propia” y “autoimagen”. La imagen de ti mismo es la que te formas en base a lo que otros dicen de ti y puede marcar tu futuro. Una profesora del colegio marcó mi vida cuando dijo que yo era de los que se esforzaba hasta el fin de curso, aunque ya había ganado todas las asignaturas.
Desde entonces me siento comprometido a esforzarme de la misma forma al principio como al final de todo lo que emprendo. La imagen es alimentada por lo que todos piensan.  Por el contrario, autoimagen es la que tú has creado y no tiene que ver con lo que alguien dice. Es lo que piensas de ti mismo sin importar la opinión de otros.  Para ser exitoso debes creer en tu potencial como Dios lo hace. Recuerda que si Él está contigo, nadie podrá contra ti.  Cuando inicié mi vida como pastor, alguien me dijo que nadie daba un centavo por mi futuro en el ministerio, pero eso no me desanimó, ese pensamiento era problema de ellos, no mío y hoy, los hechos  hablan más que las palabras.

Proclama tu victoria

1ra. Samuel17:34-37  dice sobre la confianza de David: David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente. Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo.

David siempre profetizó su éxito. Nadie puede hablar de tu gran futuro mejor que tu propia boca. No busques quién te profetice, las promesas están en tus labios, ¡úsalos y proclama tu victoria! Las amenazas de Goliat no le quitaron confianza a David.  Si el  diablo te  dice que serás pobre, tú respóndele que llegarás a millonario, si te dice que dividirá a tu familia, dile que hasta tus tataranietos honrarán a Jehová en tu casa. Añade con tus palabras, nunca restes bendición. Al igual que David, tú y el Señor son mayoría ante los gigantes.

Cambia tu mente para que tu boca hable grandezas. Demuéstrales a quienes no confían en ti, lo valioso que eres.  Las críticas nunca faltan. Cuando te equivocas, todos están para señalarte, pero cuando triunfas te llaman arrogante, así que no esperes buena actitud de otros para tenerla tú. Generalmente quien habla bien de sí mismo, también lo hace de otros. El que habla mal de otros es quien tiene una pobre autoimagen.

Levanta las manos y profetiza que serás capaz de derrotar a cualquier gigante porque Dios te escogió y está contigo. Tendrás éxito y un gran futuro.

La verdadera razón para ganar la batalla

1ra. Samuel 17: 34 nos da la clave para esforzarnos: David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada.

El corazón de David fue formado por Dios cuidando lo que era de su padre. Esta es una gran revelación. En vez de amargarse porque lo olvidaron, porque lo veían como hijo del pecado y lo relegaron como pastor y no como guerrero, David se esforzó por cuidar lo que su padre le había encomendado.  No tenía resentimiento en su corazón y no dejaba que los depredadores se llevaran lo que le pertenecía a un padre que ni siquiera lo tomó en cuenta como hijo. Por el contrario, estaba dispuesto a morir por la tarea que le había encomendado. El corazón que David tenía para defender al pueblo de Israel fue formado cuidando lo que era de su padre.

Piensa en esta gran enseñanza de humildad y honra a los padres. Tal vez tú ni siquiera valoras y cuidas el privilegio que tienes de estudiar, mucho menos te preocupas por ayudar a tu padre en sus negocios y tareas.  Recapacita y cambia de actitud, porque Dios forma el corazón de los hijos agradecidos y esforzados que cuidan lo que es de sus padres.

1ra.  Samuel 17:25-27 nos afirma la clave para una vida gloriosa: Y cada uno de los de Israel decía: ¿No habéis visto aquel hombre que ha salido? El se adelanta para provocar a Israel. Al que le venciere, el rey le enriquecerá con grandes riquezas, y le dará su hija, y eximirá de tributos a la casa de su padre en Israel. Entonces habló David a los que estaban junto a él, diciendo: ¿Qué harán al hombre que venciere a este filisteo, y quitare el oprobio de Israel? Porque ¿quién es este filisteo incircunciso, para que provoque a los escuadrones del Dios viviente? Y el pueblo le respondió las mismas palabras, diciendo: Así se hará al hombre que le venciere.

Lo que terminó de convencer a David para pelear contra el gigante fue la promesa del rey de exonerar de impuestos a la casa de su padre. Eso solamente podía hacerlo el gobernante. Los otros dos ofrecimientos no eran tan valiosos. La mujer podía conquistarla sin problemas porque no era feo, la riqueza podía obtenerla con su trabajo porque tenía ovejas y era joven. La promesa de honra para su padre fue lo que le motivó a asumir el reto de la batalla y vencer.

Examina tu conducta y enumera las cosas que has hecho por tus padres. Revisa si eres un buen hijo o no los dejas dormir tranquilos porque tu rebeldía los inquieta y entristece.  Si protestas porque trabaja mucho, ofrécete a ayudarlo. No reniegues de las bendiciones que tienes.

Te reto que hagas cosas por amor a tus padres como lo hizo David. Prepárate para la batalla para bendecirlos y honrarlos.  Los gigantes pueden caer al suelo por amor a tus padres.

Un padre muere tranquilo cuando sabe que sus hijos tienen el futuro asegurado. El miedo a la muerte está en lo que dejan en la tierra y no en los que les espera en el cielo.

Hijos, asuman su responsabilidad antes sus padres. Dios les da la oportunidad de tomarlo de la mano y decirle: “no temas, acá está tu David”. Agradece la herencia que te ha dado, sea mucha o poca, la educación y amor que te da, puede ahorrarte muchos tropiezos en la vida.

Busca ser como David, capaz de vencer todo por amor a sus padres terrenales y al Padre Celestial.  Ama, respeta, obedece y sujétate a tus padres, tanto los biológicos como los que tienes por fe.  La maldición  de no honrar a padre y madre se termina aquí. Ahora se abre paso a una nueva generación de jóvenes que realizarán grande hazañas porque amarán y honrarán a sus padres.

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