Diez cualidades de un líder atractivo

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Una de las cosas que más me gusta hacer es hablar de liderazgo y de cultura de iglesia. Ser un líder atractivo no tiene nada que ver con la ropa que usas, con tu corte de pelo o tu apariencia física. Sé que los mejores días de la iglesia en América Latina están por venir, pero antes debemos cambiar nuestra forma de liderar, por eso toma en cuenta estas diez cualidades que caracterizan a un líder atractivo.

  1. Manos sucias

Manos a las que les guste trabajar y ensuciarse. Hay muchas personas que piensan que cuando tienen un título o posición (sea pastor, líder, etcétera) ya se graduaron del servicio y no tienen que servir nunca más. Nunca se termina el servicio: ser un líder implica trabajar duro, dar el ejemplo, involucrarnos en cada área del ministerio. Cuando uno deja de ensuciarse las manos dejamos de trabajar. Jamás le digas a una persona que haga algo que tú no estés dispuesto a hacer.

Yo bajo de la tarima para ayudar a nuestro equipo de logística a guardar las sillas cuando puedo hacerlo; no porque tenga el título de pastor pienso que estoy por encima de tareas como esa. Jesús le lavó los pies a sus discípulos y ese ha sido el ejemplo que aprendí en mi iglesia y el que quiero proyectar a otros. El tiempo de trabajar es ahora, en vida.[1] El título de líder no significa que dejaremos de trabajar para solo dar órdenes, tener las manos sucias es ejemplo de ser un líder atractivo y saludable.[2]

  1. Un corazón íntegro

Solo haz las cosas, legales, “sobre la mesa”, como dicen. Es cierto que casi siempre te costará más, pero el dinero o el esfuerzo que te ahorrarás haciendo las cosas “bajo de la mesa# no vale más que tu integridad. ¡Vive lo que predicas![3] La integridad es sumamente atractiva en un líder y en un hijo de Dios.

  1. Una lengua alentadora

El liderazgo tiene un lenguaje. Los líderes cristianos debemos vivir y hablar un mismo lenguaje: el que edifica, alienta y motiva a las personas. Si ellas dependen de tus palabras, de tu nutrición, ¿cómo puedes saber que en realidad están siendo nutridas? ¿Tus palabras les ayudan? ¿Tus palabras producen un cambio? Los mejores predicadores no usan la Palabra de Dios para achacar a las personas, sino para inspirarlas. Una lengua alentadora es sumamente atractiva en un líder.

  1. Un espíritu excelente

José, hijo de Jacob, sin importar dónde estuviera, siempre sobresalía: fue el mejor esclavo, el mejor prisionero, el mejor servidor del faraón. Siempre fue el mejor y todo lo hacía por la gloria de Dios. La excelencia no tiene nada que ver con tu presupuesto, sino con tu espíritu y con saber usar de la mejor manera lo que tienes, sea mucho o poco. Un líder atractivo no hace las cosas a medias, sino con excelencia, creyendo que Dios le abrirá las puertas para llegar a nuevos niveles. Un espíritu de excelencia también implica cumplir con tus horarios, respetando el tiempo de los demás, porque eso cuenta cuando sirves a un Dios con excelencia.

  1. Una mente saludable

La renovación de nuestra mente debe ser diaria. Dejemos que la Palabra nos moldee y renueve nuestra forma de pensar. Cuando hables de un problema, habla también de su solución. Deja de pensar como argentino, mexicano o brasileño o latinoamericano en general y más bien atrévete a pensar como hijo de Dios, heredero de su reino.

  1. Una actitud desinteresada

Es increíble ver cuántas personas se obsesionan con liderar solo para recibir los aplausos de los demás. Una actitud desinteresada no busca aplausos, sino servir a los demás,[4] y liderar con otras intenciones que no sean las de servir es totalmente errado. Tu aporte nunca será más grande que la visión de la casa.

Aparta el egoísmo de tu liderazgo porque la gloria no es tuya, sino de Dios. Muchos quieren hacer canciones sin estar ungidos, solo por sacar su cara en la tapa de un disco, o bien, quieren escribir libros solo para ser best-sellers. Cada vez que quieras destacar en algo, pregúntate: ¿Por qué quieres hacerlo? ¿Por qué quieres predicar? ¿Por qué quieres que te noten? Hazte esas preguntas. Tu identidad no está en lo que haces o en tus cualidades, sino en Dios. No se trata de ti, sino de Él.

  1. Un corazón seguro

Un corazón realmente seguro jamás se sentirá amenazado por los dones y los talentos de los demás. Que no te atemorice que otros que vienen detrás de ti, siguiendo tus ejemplos, te alcancen o incluso te rebasen, porque el fruto de quienes están debajo de tu liderazgo es también el fruto de tu vida. Sé un líder con corazón seguro y que las victorias de los demás también sean tus victorias. Un corazón inseguro siempre entrará al juego de la comparación. No vivas conforme al Instagram de otro predicador u otra iglesia. La comparación produce inseguridad.[5]

  1. Un corazón agradecido

Cuando veas lo que hace falta, dale gracias a Dios por lo que sí tienes. En mi iglesia tenemos una cultura que constantemente está agradeciendo a nuestro voluntariado, eso provoca que todos quieran ser parte y jamás debamos hacer campañas para reclutarlos. Atrévete a usar más seguido la palabra Gracias, tan valiosa.

  1. Una actitud honorable

Somos buenos honrando a nuestros superiores, pero ¿cómo honras a tus semejantes o incluso hacia abajo? Solo honrar hacia arriba no es nada atractivo porque fácilmente te pasarías a convertir en un adulador.

  1. Piel gruesa y hombros amplios

Debemos crecer en nuestra capacidad, progresar constantemente para ampliar nuestros hombros y llevar una carga que pesa cada vez más. Dios no quiere que te quedes en donde estás, sino que vayas más allá.


[1] Eclesiastés 9:10: Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el Seol, adonde vas, no hay obra, ni trabajo, ni ciencia, ni sabiduría.

[2] Proverbios 24:30-31: Pasé junto al campo del hombre perezoso, y junto a la viña del hombre falto de entendimiento; y he aquí que por toda ella habían crecido los espinos, ortigas habían ya cubierto su faz, y su cerca de piedra estaba ya destruida.

[3] Salmos 119:9-11: ¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar tu palabra. Con todo mi corazón te he buscado; no me dejes desviarme de tus mandamientos. En mi corazón he guardado tus dichos, para no pecar contra ti.

[4] Filipenses 2:3-4: Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.

[5] 2 Corintios 10:12-13: Porque no nos atrevemos a contarnos ni a compararnos con algunos que se alaban a sí mismos; pero ellos, midiéndose a sí mismos por sí mismos, y comparándose consigo mismos, no son juiciosos. Pero nosotros no nos gloriaremos desmedidamente, sino conforme a la regla que Dios nos ha dado por medida, para llegar también hasta vosotros.

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