Dios es objetivo, si somos como ramas de un árbol que no da fruto, nos remueven, porque toda la sabia que alimenta a una rama estéril debería alimentar a otra rama. Debemos dar fruto, más fruto, mucho fruto[1]. Es un proceso, entre más fruto das, más bases tienes para continuar produciendo fruto. Dar mucho fruto es evidencia de que hemos permanecido en la Palabra. A veces, somos tan subjetivos que creemos que decir: “Gloria a Dios” es dar la gloria a Dios, pero solo las palabras no son suficientes. Decir: “Amén” no es dar fruto. Debemos ser de los que damos muchísimo fruto, porque somos cristianos productivos. Jesús dio fruto toda Su vida.

 

Podemos ser admiradores de Jesús y repetir lo que dijo, pero ser discípulos es otra cosa, implica seguir Sus enseñanzas y obedecer Sus mandamientos. Y Su mandato fue que hiciéramos discípulos. El Señor nos dio todo para hacerlo, así como nos dio inteligencia para estudiar porque no estudiará por nosotros. Él fue muy objetivo, ya que es posible ver Sus acciones, no solo escuchar Su Palabra, fue diligente, no negligente.

 

Sabemos que Jesús maldijo a una higuera que no producía fruto. Le dijo: “Nunca jamás coma nadie de ti.”[2] Si no era tiempo de higos, ¿por qué la maldijo? Porque se veía verde, atractiva, pero era solo apariencia. Lo mismo sucede con algunos que solo son apariencia, así que debemos ofrecer testimonio visible y concreto. No seamos cristianos que solo muestran hojas sin fruto. Si en tu oficina escuchas música cristiana, lees la Biblia, pero no puedes dar la milla extra con buen ánimo, eres como la higuera con hojas, pero sin fruto.

 

Si llevo fruto, puedo ser discípulo, pero también debemos renunciar a lo que poseemos, es decir, a lo que pudiera arraigarnos al mundo, especialmente la negligencia que avergüenza. Jesús decía que debemos planificar, calcular, ser objetivos, no negligentes disfrazados de creyentes[3]. ¡Eso es prepotencia! Si no estudias, no pidas al Señor que te haga ganar el examen, eso es negligencia.

 

Por lo tanto, ¡a poner los pies sobre la tierra! Hablemos entre discípulos, seamos francos y directos. Recuerdo que antes de casarme, yo andaba detrás de una joven que no era cristiana, y un amigo pastor me dijo: “Cash, no te falta discernimiento sino sabiduría”. En otras palabras me estaba diciendo: “No seas menso”. “¡Mensaje recibido!”, le dije, dándole gracias por su objetividad. Por hacer nuestra voluntad, cometemos grandes errores, cuando lo mejor es escuchan la voz objetiva de Dios. No nos manejemos en la subjetividad, porque ese no es el tipo de discípulo que Jesús busca.

 

Jesús es radical, tanto, que pide entrega total. Por eso dijo que no podía ser Su discípulo quien no aborreciera a su familia, ¡incluso su propia vida! Ese requerimiento es figura del nivel de compromiso que espera[4]. Aborrecer significa amar menos que al Señor. Si Jesús nos pide algo así, ¿por qué protestamos por el esfuerzo de atender a nuestras ovejas? Si quieres ser discípulo de Jesús, ¿por qué vas a ponerle tantas excusas? Cuando el Señor me llamó a las cruzadas de milagros, fue duro porque dejé a mi familia, pero ahora que los veo activos en el ministerio, agradezco al Señor porque estuvieron y están mejor en Sus manos que en las mías. Es desgastante, pero sé que quien pierda su vida por causa del Evangelio, la ganará. Jesús puso Su vida en la cruz para perdón de nuestros pecados, así que la cruz significa perdón de pecados, no muerte. Y cuando pide que tomemos nuestra cruz, está diciendo que perdonemos, de lo contrario, no somos discípulos. Por lo tanto, para ser y hacer discípulos, debemos perdonar, ser objetivos y dar fruto.

 

Las demandas de Jesús son tan exigentes como Sus promesas. ¿Era Jesús tan exigente que ni siquiera permitía que Su discípulo fuera a enterrar a sus muertos? ¡Talvez lo estaba librando de algo! Nos hace falta discernimiento y unción. Jesús demanda mucho de nosotros y tiene todo el derecho de hacerlo porque nuestra vida le pertenece. Para ser discípulos nos hace falta carácter, porque tenemos enseñanza, pero somos débiles, así que debemos pedirle fuerzas y firmeza. Un verdadero discípulo de Jesús es a prueba de ofensas y excusas para servir a los demás. Si has puesto la mano en el arado para trabajar en el reino de Dios, ya no veas atrás, avanza porque has tomado la mejor decisión[5].  Debes ser higo, no hojas de higuera.

 

Imagino que Pedro, como algunos cristianos de ahora, sentía la presión de la exigencia de Jesús, por lo que preguntó qué obtendrían ellos por haberlo seguido. Entonces, Él le respondió que recibirían cien veces más de lo que habían dejado, si de verdad lo habían seguido por la razón correcta, porque los que buscaban protagonismo serían postreros, es decir que de nuevo, hablaba de humildad y entrega total[6]. En este tiempo, veo que la gente vive un discipulado superficial, “light”, se quejan, todo les duele y les ofende, ¿en qué se está convirtiendo la Iglesia? El ministerio no debe ser “cool”, sino fuerte en discipulado. Si tienes carácter y eres buen discípulo, puedes ser todo lo “cool” que quieras, pero primero debes buscar la disciplina y la formación. Un discípulo vino llorando, cansado, y mi consejo fue que resistiera: “Si ya agarraste el arado, no te rindas, no vuelvas tu vista, porque te aseguro que Jesús te ayudará.” Y así ha sido, el Señor nunca nos ha abandonado, siempre ha proveído fuerza, ánimo y recursos. Él me envió a discipular y esa es tarea de todos los días. Jesús dijo que lo primero debería ser Él y el reino de Dios, ¡esa es la actitud correcta! La promesa para quienes le obedecen es que recibirán cien veces más. Entonces, asume de una vez tu compromiso completo. Si le entregas todo y luego lo tomas de nuevo, rendido y frustrado, no hay forma que puedas ver la obra completa y recibir cien veces más. Por eso, decimos que el cumplimiento de las promesas requiere esfuerzo y paciencia, porque no es fácil. Incluso hay persecución, y vaya que la hay, ¡hasta te dicen ladrón! Pero todo vale la pena por nuestro Señor. No busques una posición, no busques protagonismo, de eso no se trata el discipulado, sino que se trata de servir y darse por completo. Jesús es demandante, lo que cumplas y alcances será cuestión tuya, tu compromiso personal.

 

En la iglesia se exige a los pastores, pero todos debemos dar la talla, si exiges unción y Palabra fresca, Jesús te exige que no faltes un domingo y cumplas con tu compromiso de hacer discípulos. Dile: “Gracias por Tus demandas y por Tus ofertas. Sé que recibiré cien veces más. Bendice mi vida y a mi familia, porque juntos te obedeceremos y te serviremos”.

 

 

[1] Juan 15:1-8 dice: Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador. Todo pámpano que en mí no lleva fruto, lo quitará; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden. Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos.

 

[2] Marcos 11:12-14 relata:  Al día siguiente, cuando salieron de Betania, tuvo hambre. Y viendo de lejos una higuera que tenía hojas, fue a ver si tal vez hallaba en ella algo; pero cuando llegó a ella, nada halló sino hojas, pues no era tiempo de higos. Entonces Jesús dijo a la higuera: Nunca jamás coma nadie fruto de ti. Y lo oyeron sus discípulos.

 

[3] Lucas 14:28-33 comparte: Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.

 

[4] Lucas 14:26-27 advierte: Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.

 

[5] Lucas 9:57-62 enseña: Yendo ellos, uno le dijo en el camino: Señor, te seguiré adondequiera que vayas. Y le dijo Jesús: Las zorras tienen guaridas, y las aves de los cielos nidos; mas el Hijo del Hombre no tiene dónde recostar la cabeza. Y dijo a otro: Sígueme. Él le dijo: Señor, déjame que primero vaya y entierre a mi padre. Jesús le dijo: Deja que los muertos entierren a sus muertos; y tú ve, y anuncia el reino de Dios. Entonces también dijo otro: Te seguiré, Señor; pero déjame que me despida primero de los que están en mi casa. Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.

 

[6] Mateo 19:27-30 dice: Entonces respondiendo Pedro, le dijo: He aquí, nosotros lo hemos dejado todo, y te hemos seguido; ¿qué, pues, tendremos? Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel. Y cualquiera que haya dejado casas, o hermanos, o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras, por mi nombre, recibirá cien veces más, y heredará la vida eterna. Pero muchos primeros serán postreros, y postreros, primeros.

 

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