Si Dios abre las ventanas de los cielos

Si Dios abre las ventanas de los cielos

El pueblo de Samaria estaba pasando una gran escasez, y para comer consideraban como opciones las cabezas de los asnos, el estiércol de paloma e incluso a sus propios hijos.[1] El rey de Samaria lejos de asumir su responsabilidad por la situación que atravesaban. Empezó a culpar al profeta Eliseo y amenazó con matarlo.[2] Muchas veces nosotros tenemos la misma actitud con Dios, cuando las circunstancias no son como queremos en vez de asumir empezamos a echarle la culpa a Él.

El rey de Samaria mando un mensajero a Eliseo para que le trasmitiera las amenazas de muerte en su contra, pero incluso antes de que llegara, Eliseo ya se había enterado del mensaje.[3] Y en lugar de temer y declarar una palabra basada en la escasez que estaba aconteciendo, él decide declarar que en veinticuatro horas todo iba a cambiar.[4] Pero la persona de confianza del rey dudó esta palabra y aconsejó mal al rey y decidieron no creerla. Uno de los peores errores que podemos cometer es apoyarnos de las personas incorrectas.[5]

En la misma historia aparecen cuatro leprosos, uno de ellos probablemente era Giezi, el que había sido discípulo de Eliseo. Estaban ahí sin esperanza, sin tener muy claro a donde debían caminar. Pero estaban seguros de que había una palabra en el aire que no había sido creída por alguien más, y que ellos si estaban dispuestos a creer. No cambies la Palabra de Dios, por la palabra de alguien más. Sin importar la circunstancia confiemos en que el Señor va a cumplir sus promesas.

A todos en determinado momento nos va a llegar una oportunidad de parte de Dios,[6] sin importar que estemos pasando un tiempo de lepra espiritual. Lo que nosotros debemos hacer es aprovecharla. Podemos estar en una mala situación, pero debemos seguir caminando y no dejar de creerle al Señor. Que la adversidad no limite nuestra capacidad de escuchar la voz de Dios. En veinticuatro horas todo puede cambiar si confiamos en Él y su palabra.


[1] 2 Reyes 6:24-29: Después de esto aconteció que Ben-adad rey de Siria reunió todo su ejército, y subió y sitió a Samaria. Y hubo gran hambre en Samaria, a consecuencia de aquel sitio; tanto que la cabeza de un asno se vendía por ochenta piezas de plata, y la cuarta parte de un cab de estiércol de palomas por cinco piezas de plata. Y pasando el rey de Israel por el muro, una mujer le gritó, y dijo: Salva, rey señor mío. Y él dijo: Si no te salva Jehová, ¿de dónde te puedo salvar yo? ¿Del granero, o del lagar? Y le dijo el rey: ¿Qué tienes? Ella respondió: Esta mujer me dijo: Da acá tu hijo, y comámoslo hoy, y mañana comeremos el mío. Cocimos, pues, a mi hijo, y lo comimos. El día siguiente yo le dije: Da acá tu hijo, y comámoslo. Mas ella ha escondido a su hijo.

[2] 2 Reyes 6:30-31: Cuando el rey oyó las palabras de aquella mujer, rasgó sus vestidos, y pasó así por el muro; y el pueblo vio el cilicio que traía interiormente sobre su cuerpo. Y él dijo: Así me haga Dios, y aun me añada, si la cabeza de Eliseo hijo de Safat queda sobre él hoy.

[3] 2 Reyes 6:32-33: Y Eliseo estaba sentado en su casa, y con él estaban sentados los ancianos; y el rey envió a él un hombre. Mas antes que el mensajero viniese a él, dijo él a los ancianos: ¿No habéis visto cómo este hijo de homicida envía a cortarme la cabeza? Mirad, pues, y cuando viniere el mensajero, cerrad la puerta, e impedidle la entrada. ¿No se oye tras él el ruido de los pasos de su amo? Aún estaba él hablando con ellos, y he aquí el mensajero que descendía a él; y dijo: Ciertamente este mal de Jehová viene. ¿Para qué he de esperar más a Jehová?

[4] 2 Reyes 7:1: Dijo entonces Eliseo: Oíd palabra de Jehová: Así dijo Jehová: Mañana a estas horas valdrá el seah de flor de harina un siclo, y dos seahs de cebada un siclo, a la puerta de Samaria.

[5] 2 Reyes 7:2: Y un príncipe sobre cuyo brazo el rey se apoyaba, respondió al varón de Dios, y dijo: Si Jehová hiciese ahora ventanas en el cielo, ¿sería esto así? Y él dijo: He aquí tú lo verás con tus ojos, mas no comerás de ello.

[6] Eclesiastés 9:11: Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontecen a todos.

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