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Casa de Dios

Del sueño al plan

Pastor Juan Diego Luna

03 de febrero de 2026

Tiempo de lectura: 6 minutos

Pedro dando su primer mensaje público después de la venida del Espíritu Santo. No es solo un discurso histórico; es una declaración poderosa del corazón de Dios para Su pueblo. Pedro cita la profecía de Joel y nos recuerda que, en los postreros días, Dios derramará Su Espíritu sobre toda carne: hombres y mujeres verán visiones y soñarán sueños. Esto nos revela algo profundo: una de las manifestaciones del Espíritu Santo en nuestra vida es la capacidad de soñar conforme al corazón de Dios. [1]

Cuando somos llenos del Espíritu Santo, Dios despierta en nosotros sueños que van más allá de lo personal. No se trata simplemente de deseos humanos o aspiraciones superficiales, sino de sueños alineados con lo que el Señor quiere hacer en la tierra. Por eso surgen preguntas importantes: ¿Este sueño viene de Dios? ¿Es un anhelo eterno o solo un deseo momentáneo? ¿Cómo puedo saber si lo que sueño refleja el propósito de Dios?

El evangelio nos da el marco correcto para entender estos sueños. Fuimos creados por Dios, pero el pecado nos separó de Él. Sin embargo, la historia no terminó ahí. Cristo Jesús vino a rescatarnos, tomó nuestro lugar en la cruz, cargó nuestra maldición y, por sus heridas, fuimos sanados. El reino de los cielos anuncia restauración: Dios reconciliando consigo mismo todas las cosas.

Nuestra esperanza no es solo ir al cielo, sino traer el cielo a la tierra. Tú y yo somos destellos del reino de Dios en la tierra, y los sueños más grandes que podemos tener son aquellos que permiten que el cielo descienda aquí y ahora.

Pero ¿cómo pasamos del sueño a la acción?

Primer paso: Identifica el sueño de Dios en tu vida

La historia de Nehemías nos muestra a un hombre profundamente conmovido por la condición de su pueblo. El sueño de Dios muchas veces se revela a través del dolor. Pregúntate: ¿qué situación me duele una y otra vez? ¿Qué injusticia me incomoda profundamente? ¿Qué problema pienso constantemente que alguien debería resolver? Aquello que te duele puede ser la pista más clara del sueño que Dios ha puesto en tu corazón. [2]

Segundo paso: Lleva ese sueño a oración

Nehemías nos recuerda que la oración no sustituye el plan, pero sí lo precede. Orar no significa quedarnos pasivos. En la Biblia vemos hombres que ofrecieron acciones concretas a Dios incluso sin que Él se las pidiera explícitamente. La oración nos alinea y nos permite hacer las preguntas correctas: ¿Dios, esto viene de ti? ¿Qué parte me toca a mí? ¿Qué debo hacer primero? [3]

Tercer paso: Convierte tu sueño en un plan específico

El ejemplo de Nehemías nos enseña cómo un sueño se traduce en acciones claras. Pregúntate: ¿qué quiero lograr exactamente? ¿Para cuándo? ¿Qué recursos necesito? ¿Cuál es el primer paso pequeño? Los grandes sueños se construyen con pequeños pasos constantes. Muchos se pierden soñando en grande, pero sin aterrizarlo en acciones concretas. [4]

Cuarto paso: Rodéate de las personas correctas

Los sueños de Dios no se construyen en soledad. El reino de los cielos es comunitario. Si un sueño puede lograrse completamente solo, probablemente no viene de Dios. Rodéate de personas que oren contigo, que te animen, que te corrijan y que trabajen a tu lado. La iglesia es el diseño de Dios para cumplir Su propósito en la tierra.          [5]

Quinto paso: Da un paso cada día, aunque no sea perfecto

Los muros se reconstruyeron con constancia diaria. No se trata de perfección, sino de perseverancia. [6] Un paso imperfecto pero constante siempre vencerá a la inacción. La fe, se demuestra con obras. [7]

Hoy Dios sigue llamando a hombres y mujeres dispuestos a soñar Su sueño y a caminarlo con obediencia. Identifica el sueño, llévalo a oración, haz un plan, rodéate bien y da un paso cada día. Así, el reino de Dios se hará visible en la tierra a través de tu vida.

[1] Hechos 2:14:16 (RVR1960): 14 Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras. 15 Porque estos no están ebrios, como vosotros suponéis, puesto que es la hora tercera del día. 16 Mas esto es lo dicho por el profeta Joel:
[2] Nehemías 1:1-4 (RVR1960): Palabras de Nehemías hijo de Hacalías. Aconteció en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en Susa, capital del reino, que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego. Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.
[3] Nehemías 1:5–11(RVR1960): Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos; esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo. Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre. 10 Ellos, pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran poder, y con tu mano poderosa. 11 Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey.
[4] Nehemías 2:4-8 (RVR1960): me dijo el rey: ¿Por qué está triste tu rostro? pues no estás enfermo. No es esto sino quebranto de corazón. Entonces temí en gran manera. Y dije al rey: Para siempre viva el rey. ¿Cómo no estará triste mi rostro, cuando la ciudad, casa de los sepulcros de mis padres, está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego? Me dijo el rey: ¿Qué cosa pides? Entonces oré al Dios de los cielos, y dije al rey: Si le place al rey, y tu siervo ha hallado gracia delante de ti, envíame a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, y la reedificaré. Entonces el rey me dijo (y la reina estaba sentada junto a él): ¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y agradó al rey enviarme, después que yo le señalé tiempo. Además dije al rey: Si le place al rey, que se me den cartas para los gobernadores al otro lado del río, para que me franqueen el paso hasta que llegue a Judá; y carta para Asaf guarda del bosque del rey, para que me dé madera para enmaderar las puertas del palacio de la casa, y para el muro de la ciudad, y la casa en que yo estaré. Y me lo concedió el rey, según la benéfica mano de mi Dios sobre mí.
[5] Nehemías 2:11-17 (RVR1960): 11 Llegué, pues, a Jerusalén, y después de estar allí tres días, 12 me levanté de noche, yo y unos pocos varones conmigo, y no declaré a hombre alguno lo que Dios había puesto en mi corazón que hiciese en Jerusalén; ni había cabalgadura conmigo, excepto la única en que yo cabalgaba. 13 Y salí de noche por la puerta del Valle hacia la fuente del Dragón y a la puerta del Muladar; y observé los muros de Jerusalén que estaban derribados, y sus puertas que estaban consumidas por el fuego. 14 Pasé luego a la puerta de la Fuente, y al estanque del Rey; pero no había lugar por donde pasase la cabalgadura en que iba. 15 Y subí de noche por el torrente y observé el muro, y di la vuelta y entré por la puerta del Valle, y me volví. 16 Y no sabían los oficiales a dónde yo había ido, ni qué había hecho; ni hasta entonces lo había declarado yo a los judíos y sacerdotes, ni a los nobles y oficiales, ni a los demás que hacían la obra. 17 Les dije, pues: Vosotros veis el mal en que estamos, que Jerusalén está desierta, y sus puertas consumidas por el fuego; venid, y edifiquemos el muro de Jerusalén, y no estemos más en oprobio. 
[6] Nehemías 4:6 (RVR1960): Edificamos, pues, el muro, y toda la muralla fue terminada hasta la mitad de su altura, porque el pueblo tuvo ánimo para trabajar.
[7] Santiago 2:17 (RVR1960): 17 Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.

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