¿En dónde están tus vasijas vacías?

CONÓCENOS

En la Biblia leemos la hermosa historia de una viuda con grandes necesidades, quien obedeció la instrucción que Dios le dio a través del profeta Eliseo. Ella obtuvo un milagro de provisión financiera al ir por las vasijas vacías y llenarlas con el aceite que seguía fluyendo hasta que no quedó un recipiente más por llenar[1]. Si eres madre soltera, luchando para dar de comer a tus hijos, esta historia te recuerda que Dios será fiel contigo y tiene un milagro para ti. Lo hermoso del Evangelio es que tienes múltiples capas, así que siempre hay algo más que aprender. En esta historia, además de la evidente enseñanza sobre fe y obediencia, podemos recibir principios espirituales sobre la unción. Sabemos que el aceite representa al Espíritu Santo y que las vasijas representan personas. En Hechos 10, Dios ungió a Jesús con el Espíritu Santo y en la sinagoga, Jesús proclamó que el Espíritu estaba sobre Él. En 2 Corintios 4 dice que portamos el tesoro de la presencia de Dios en vasijas de barro que representan nuestra debilidad como humanos, y Romanos 9 dice que el alfarero nos hizo vasijas para distintos propósitos.

Entonces, desde ese ángulo, la historia de la viuda se ve diferente. La mujer estaba convencida de que tenía poco aceite, podríamos decir que representa a quienes buscamos más del Espíritu Santo. Y ¿Cómo lo obtendría? Al reunir vasijas vacías que llenaría con lo que tenía. Claro que para tener la unción debemos pedirla en oración, pero ahora aprendemos que la presencia del Espíritu Santo se incrementa en nuestra vida cuando buscamos derramarla en alguien más. Reúne personas vacías, sin la presencia del Señor, busca a quienes no saben del amor de Jesús, toma lo que tienes del Espíritu Santo y viértelo sobre sus vidas. En la historia vemos que cuando ella ponía el aceite en vasijas vacías, este continuaba fluyendo, no terminaba.  Entonces, el principio es que nunca se terminará aquello que recibes de Dios y compartes con alguien más. He sido pastor por muchos años, he dado muchas consejerías y siempre tengo más Palabra de fe para compartir, porque viene del Señor. El mayor consejo que doy es: “Ve y ayuda a alguien más”. Muchos me responden: “Pero soy yo el que tiene el problema, yo soy quien necesita ayuda”. Sin embargo, insisto en que al tomar lo que se tiene y darlo, toda bendición aumenta, la presencia de Dios resuelve, te sana y restaura.

No se trata de cuánto tienes, se trata de lo que haces con lo que tienes. Si lo derramas en alguien más, nunca faltará. Mil veces he visto el efecto de quienes derraman su aceite en los demás. Por ejemplo, Johan, un chico de 16 años, decidió verter su aceite en vasijas vacías, a pesar de que era nuevo en la fe. Compartió el poco conocimiento que tenía, se tomó una selfie, hizo un póster y debajo escribió: “Soy cristiano, pregúntame por qué”. Hizo cincuenta copias y las pegó por toda la escuela. Dos días después, me dijo que eso había sido lo mejor que había hecho, porque cuarenta personas se la habían acercado a preguntarle, incluso con timidez, por qué él era cristiano. Y de esa forma, pudo derramar su aceite en cuarenta vasijas vacías. En solo semanas logró un poderoso avivamiento en su escuela. Incluso, durante varios días, oró por el chico más rudo de la escuela, hasta que un día, cuando finalmente se encontraron, se armó de valor y le compartió sobre Jesús. El chico, en lugar de golpearlo, le dijo: “¿Cómo sabías que en los últimos días he pensado en Dios, en la vida y la muerte, el cielo y el infierno?” Y en ese salón de clases, Johan pudo guiarlo a la fe. Vio que mientras derramaba su aceite en vasijas vacías, Dios trabajaba con él, le ayudaba y le daba fuerzas. El aceite, la unción en la vida de Johan constantemente se multiplicaba, crecía en madurez, en sabiduría, en el favor del Señor y ahora es pastor asistente en una de nuestras iglesias en Suecia. Su punto de partida fue derramar su aceite en vasijas vacías.

Mónica, otra joven, utilizó una estrategia totalmente diferente. Pensó en hacer algo especial para comunicar el amor de Jesús en el día del cariño. Durante semanas, cortó 1200 corazones de papel y en cada uno escribió saludos diferentes. La mañana del Día de San Valentín, llegó súper temprano a la escuela, lo cual nunca sucedería en lo natural porque los adolescentes detestan llegar temprano a estudiar. El caso es que durante horas se dedicó a pegar un corazón de papel en cada locker. Ese día, todos los estudiantes recibieron una pequeña semilla del amor de Dios. Pero lo que realmente sorprendió a Mónica fue que una semana después, recibió el correo de una compañera que escribió: “No te conozco, pero entiendo que tú eres la responsable de los corazones en los lockers. Ese día me iba a suicidar, porque era el mejor para morir, precisamente porque nunca me he sentido amada”. Días después, cuando se encontraron, ella le contó detalles. Al llegar a la escuela el Día de San Valentín, ella pensó: “Si recibo alguna pista de que mi vida vale, no me mataré”. Y al acercarse a su locker encontró este mensaje: “Tu vida tiene un propósito”. En ese momento, el tiempo, el mundo se detuvieron, ¡era justo lo que necesitaba saber! Sorprendida, leyó otros corazones y ninguno tenía el mismo mensaje. El Espíritu Santo le hablaba directamente y se rindió a ese amor incondicional. Cuando derramas tu aceite en vasijas vacías, salvas vidas, y la presencia del Señor se incrementa.

Todos los cristianos somos vasijas con aceite, Dios lo ha derramado en nosotros y si queremos que se incremente, debemos compartirlo. Piensa en las personas a tu alrededor, ¿dónde están tus vasijas vacías? Tus vecinos, amigos en la escuela y trabajo, parientes, amigos, quienes viven cerca, pero no conocen a Jesús. Piensa en qué harás para compartirles tu aceite, para llenarlos del amor de Dios, darles esperanza y vida en abundancia. Piensa específicamente en una persona, cree por ella, ora, pide que Dios te dé estrategias para acercarte y Él lo hará. Serás guiado por Jesús. Pide como el profeta Isaías: “Aquí estoy, envíame a mí”. Esta semana, llama a esa persona, envíale un mail, un mensaje de texto, planta en su corazón una semilla del Evangelio. ¡En el nombre de Jesús, derramemos nuestro aceite en vasijas vacías!


[1] 2 Reyes 4:1-6: Una mujer, de las mujeres de los hijos de los profetas, clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo mi marido ha muerto; y tú sabes que tu siervo era temeroso de Jehová; y ha venido el acreedor para tomarse dos hijos míos por siervos. Y Eliseo le dijo: ¿Qué te haré yo? Declárame qué tienes en casa. Y ella dijo: Tu sierva ninguna cosa tiene en casa, sino una vasija de aceite. Él le dijo: Ve y pide para ti vasijas prestadas de todos tus vecinos, vasijas vacías, no pocas. Entra luego, y enciérrate tú y tus hijos; y echa en todas las vasijas, y cuando una esté llena, ponla aparte. Y se fue la mujer, y cerró la puerta encerrándose ella y sus hijos; y ellos le traían las vasijas, y ella echaba del aceite. Cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo a un hijo suyo: Tráeme aún otras vasijas. Y él dijo: No hay más vasijas. Entonces cesó el aceite.

 

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