El origen de la productividad

El origen de la productividad

La Palabra de Dios es como una semilla[1] que se siembra en nuestro corazón y que a su debido tiempo dará abundante fruto. No existe ni una sola palabra dicha por el Señor que no cumpla con un propósito.[2] Él nos promete un tiempo de cipreses y arrayanes en el cual sanaremos todas nuestras heridas,[3] pero producir no es una opción, sino una orden que Él nos da. Vemos que incluso a la tierra le ordenó que produjera y esta produjo[4] y que casi todo lo que creó tiene la capacidad de producir y reproducirse, así que no tenemos excusas para no alcanzar lo que deseamos.

Todo lo que produzcamos debe ser bueno, de la mejor calidad posible. Ese fue el ejemplo que nos dio el Señor desde que creó el mundo, cuando contempló su creación reconoció que todo era bueno.[5] Tengamos fe al escuchar su voz porque cuando habla, las cosas suceden conforme a su Palabra. ¡Confiemos en que cada declaración suya a nuestra vida se cumplirá![6] Fuimos hechos a su imagen y semejanza,[7] por eso no debemos olvidar que llevamos un potencial infinito de producción dentro de nosotros. En todo lo que hagamos, tengamos siempre presente que es para Él[8] y esa es la clave para hacer todo con excelencia.

Jesús hizo milagros durante tres años de ministerio pero antes, desde su juventud, se dedicó a la carpintería[9] (en el original esta palabra aparece como tekton, que significa “constructor”). Haya sido un carpintero o un constructor, seguramente fue el mejor de su época. Debemos imitarlo en todo y llevar a cabo con excelencia ese oficio o labor que desempeñamos diariamente. Lo que hagamos dentro y fuera de la iglesia debe ser hecho con la mejor calidad posible.

En la Biblia leemos que a los doce años Jesús ya hablaba de negocios.[10] De hecho, ya tenía claro el concepto de “productividad” gracias al oficio que desde pequeño desempeñaba junto a su padre y seguramente esto le ayudó a ser eficiente y productivo en sus tres años de ministerio.

Dios nos llamó a ensancharnos,[11] y aunque a veces pareciera que nuestra situación actual no nos lo permite, ten en cuenta que Él trabaja primero con nuestras emociones y luego transforma nuestro estado.[12] No temamos ni nos demos por desamparados[13] porque eso jamás determinará nuestra productividad, y más bien, recibe y obedece con fe los llamados de nuestro Padre.


[1] Isaías 55:10: Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come.

[2] Isaías 55:11: Así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié.

[3] Isaías 55:13: En lugar de la zarza crecerá ciprés, y en lugar de la ortiga crecerá arrayán; y será a Jehová por nombre, por señal eterna que nunca será raída.

[4] Génesis 1:10-12: Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno. Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno.

[5] Génesis 1:20-21: Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos. Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno.

[6] Génesis 1:24: Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así.

[7] Génesis 1:26-31: Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra. Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.

[8] Colosenses 3:23: Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.

[9] Marcos 6:2-3: Y llegado el día de reposo, comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y estos milagros que por sus manos son hechos? ¿No es éste el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él.

[10] Lucas 2:48-49: Cuando le vieron, se sorprendieron; y le dijo su madre: Hijo, ¿por qué nos has hecho así? He aquí, tu padre y yo te hemos buscado con angustia. Entonces él les dijo: ¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre me es necesario estar?

[11] Isaías 54:2-3: Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas; no seas escasa; alarga tus cuerdas, y refuerza tus estacas. Porque te extenderás a la mano derecha y a la mano izquierda; y tu descendencia heredará naciones, y habitará las ciudades asoladas.

[12] Isaías 54:1: Regocíjate, oh estéril, la que no daba a luz; levanta canción y da voces de júbilo, la que nunca estuvo de parto; porque más son los hijos de la desamparada que los de la casada, ha dicho Jehová.

[13] Isaías 54:4: No temas, pues no serás confundida; y no te avergüences, porque no serás afrentada, sino que te olvidarás de la vergüenza de tu juventud, y de la afrenta de tu viudez no tendrás más memoria.

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